El Matador, el narco monfortino que cayó con un arsenal y 2.600 kilos de coca

Carlos García Morales, nacido en Monforte y criado en una familia labriega de A Limia, emigró a Colombia a los veinte años y acabó por convertirse en el El Matador, apodo con el que lo conocían los peligrosos cárteles de Medellín
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La azarosa vida de este narco bien podría dar para una novela biográfica, y esta dividirse en dos tomos. El primero es el de Carlos García Morales, nacido hace 46 años en Monforte de Lemos, de padre guardia civil, y bautizado en la iglesia parroquial de Paredes, una pequeña aldea de A Limia, donde aún reside buena parte de su familia.

A una corta edad se trasladó con sus padres a un lugar más grande y con más oportunidades como es Xinzo, la cabecera comarcal, donde vivió su infancia, adolescencia y juventud, recogen los medios ourensanos. El siglo XX llega a su fin, y con él el epílogo del primer tomo, el más discreto de una biografía que hasta este punto podría ser como la de cualquier otro niño gallego de aldea.

El segundo capítulo, convertido en novel noir, arranca con un Carlos ya veinteañero y emigrado al otro lado del Atlántico, en Colombia. Había cruzado el charco en busca de una vida más próspera, pero por carambolas del destino, más o menos buscadas, acabó codeándose con lo más granado de los cárteles locales de la droga. Tratando de tú a tú a peligrosos traficantes que presumen sin pudor —más bien por boca de sus lacayos— de si han decapitado a un tipo o torturado a aquel otro.

EL MATADOR. Inmerso de lleno en esta turbia espiral mafiosa, a Carlos le pusieron unas esposas por primera vez en 2011. El cargo era obvio: tráfico de estupefacientes. Pero para entonces ya no era Carlos, sino El Matador, un apodo que, si bien hace tragar saliva, no hay constancia de que obedezca a lo que propiamente indica.

También para entonces, su vida estaba ya muy lejos de la aldea de su infancia en A Limia: vivía en un suntuoso chalé con seguridad privada en Medellín, con unos guardias que no pudieron evitar su primer arresto. Tenía 35 años y llevaba una vida de lujos y de dinero que duraba poco en sus manos. Lo extraditaron a España ese mismo 2011 y, tras una estancia en prisión, se mudó a otro chalé, este más discreto en Pereiro, pero todo un palacio comparado con la celda que habitará ahora, tras caer con 2.600 kilos de coca y serle incautado un auténtico arsenal.