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Chantada como refugio

Andrea Parra se entrena habitualmente en el parque junto al paseo fluvial de Chantada. MIGUEL PIÑEIRO
Andrea Parra se entrena habitualmente en el parque junto al paseo fluvial de Chantada. MIGUEL PIÑEIRO

La venezolana Andrea Parra Campos ha sido dos veces campeona del mundo de kendo y posee cinco cinturones negros. Huyó a España debido a la situación que vive su país

Cinco cinturones negros en artes marciales distintas y dos campeonatos del mundo no han servido para que Andrea Parra Campos se haya visto obligada a tomar el mismo camino que muchos de sus paisanos venezolanos. Esta joven deportista, de 23 años, ha encontrado refugio en Chantada, adonde llegó el pasado 7 de enero huyendo de la difícil situación que atraviesa su país.

La villa del Asma no es el primer destino de Andrea en España. En noviembre aterrizó en Madrid y posteriormente se desplazó a Ourense. Ninguna de las dos ciudades le gustó. Entonces apareció Chantada. "Este municipio es lo que más se parece a mí. Es cómodo, tranquilo y no se vive corriendo como en una ciudad. Además, me siento muy acogida", señala.

Mañana se cumplirán cinco meses desde que puso sus pies por primera vez en Chantada. Ahí espera a que España le conceda el asilo político que ha solicitado y que está en proceso de trámite. Mientras, carece de permiso de trabajo y no puede desplazarse a otro país, ni siquiera de la Unión Europea. "Espero que en un plazo de seis meses me otorguen esta licencia y entonces podré hacer una vida normal, trabajar y viajar a donde yo quiera, pero no me planteo volver a Venezuela", indica Andrea.

La espera es larga, por eso intenta no perder la forma, pues lleva tiempo sin competir. A sus 23 años, Andrea Parra lleva 19 en el mundo de las artes marciales. En Venezuela se entrenaba en un gimnasio en Caracas, pero solo podía hacerlo por la noche y, aunque estaba cerca de su domicilio, acudía con miedo, o no iba, debido al alto nivel de peligrosidad. Desde que vive en España no ha podido competir y apenas ha tenido tiempo de ir a un centro de preparación. Por eso en Chantada se ejercita sola, en un parque instalado junto al paseo fluvial.

Su deseo es volver a participar en torneos. "Elegí España como destino por varios factores. Uno de ellos es el idioma, pero también el buen nivel de karate que hay aquí. Además, este país está mejor que cualquiera de América Latina y lo considero ideal para comenzar una nueva vida", explica. Atrás ha dejado a su madre en Venezuela y a un hermano en Argentina. En Portugal reside uno de sus mejores amigos, al que de momento tampoco puede visitar.

PALMARÉS. A las espaldas de Andrea Parra hay dos títulos de campeona del mundo de kenpo -un arte marcial de origen japonés que combina técnicas de lucha milenaria con principios modernos de pelea- en la modalidad de combate. Uno lo consiguió en 2013 en Guatemala y México y otro, en 2016 en Trinidad y Tobago.

La joven deportista posee un cinturón negro en kenpo americano y venezolano. No son los únicos. También cuenta con esta distinción en taekwondo, karate y kick boxing. Era una de las competidoras más destacadas de su país, pero la delicada situación política de Venezuela le ha obligado a subirse un avión, huir y buscarse la vida al otro lado del Atlántico.

Cómo llegó hasta Chantada fue una gran casualidad. "Entré en contacto con gente de aquí en Ourense y me animaron a venir. La vida me puso aquí y estoy muy agradecida por ello, porque me siento a gusto", afirma la deportista venezolana.

A pesar de las duras experiencias vividas, Andrea no se queja. "He pasado por tantas que todo lo que me ocurra lo daré por bueno. En Caracas tampoco me entrenaba demasiado al final, porque muchos compañeros y entrenadores vivían lejos del gimnasio y a veces no iban por temor", concluye.

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