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Las carrilanas toman Chantada

Una de las carrilanas. TOÑO PARGA
Una de las carrilanas. TOÑO PARGA

Los corredores no faltaron a su cita con la carrera más disparatada del año, donde el ingenio primó más que la velocidad 

Nadie quiso perderse la XI Baixada de Carrilanas de Chantada. Una veintena de participantes se estrujaron los sesos para construir vehículos que tuvieran un diseño atrevido y que pudieran completar el recorrido sin incidentes, quitando algún derrape que otro y salidas de vía.

El público allí congregado fue un ejemplo de que el concurso gusta a todos, pues había familias, abuelos con sus nietos o grupos de amigos. Todos estaban impacientes, pero sin duda los más pequeños eran los que tenían más ganas de que empezara la carrera y no dejaron de animar el ambiente a gritos de "carrilanas, carrilanas" o "que empiece ya".

A las seis y media de la tarde, todo estaba dispuesto y niños, jóvenes y mayores se colocaran en sus puestos, se pusieron sus cascos, se montaron en sus "peculiares turismos y salieron a por todas en el descenso, que fue desde la Rúa Uxío Novoneyra hasta la Praza de Santa Ana.

El público valoró el arrojo de los corredores, y el espectador Carlos Rodríguez comentó que "é divertido velas. Parece que van chocar todos"

PURO ESPECTÁCULO. Los primeros pilotos fueron tanteando el terreno porque no querían chocar y que su carrilana no pudiera participar en la segunda ronda. Sin embargo, según avanzó la carrera los corredores se hicieron más valientes y bajaron a más velocidad. Eso hizo que algún piloto se fuera contra los fardos de hierba o tuviera algún derrape que seguro que hizo que se le helara la sangre, porque la pendiente del trazado hacía que las carrilanas cogiesen bastante velocidad.

El ambiente se animó más y el público no paró de jalear a los corredores. Y es que aceras, balcones y muros se llenaron de gente que no quiso perderse el espectáculo y hacer sus apuestas.

En la segunda tanda, con la final a un paso y conociendo ya la pista, los pilotos lo dieron todo para hacer un espectáculo de nivel. Eso hizo que el público se viniera arriba y los animara a gritos, para premiar el esfuerzo y la valentía de los corredores.

En Chantada había carrilanas de todos los tipos, tanto que parecía que se celebraba el rallye Dakar. Algunos apostaron por mini bicis (que a pesar de su tamaño, bajaban a una velocidad endiablada). Otros tomaron fueron fieles a las carrilanas más clásicas, con un poco de madera, ruedas y volante. Pero también hubo quien se inspiró en los dibujos animados y otros que tomaron las series de televisión como referente, apareciendo una lancha cargada con "fariña". Además, los fantasmas hicieron su aparición con un coche hecho con papel de aluminio y terroríficas máscaras verdes.

Todo servía para tener su minuto de gloria, porque, al fin y al cabo, lo que importaba era pasárselo bien y hacer disfrutar al público.

El público valoró el arrojo de los corredores, y el espectador Carlos Rodríguez comentó que "é divertido velas. Parece que van chocar todos". Javier Iglesias apuntó, además, que el diseño de las carrilanas estaba conseguido y que los participantes habían tenido "moito inxenio" a la hora de elaborar los vehículos.

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