Los brotes verdes no ocultan las heridas

O Courel trata de pasar página tras el mayor incendio de la historia de Galicia. Mientras la naturaleza hace su trabajo, los vecinos avanzan en la reconstrucción de las casas y el turismo comienza a recuperarse en la zona que se salvó de las llamas.
Vilar, al sur de O Courel, donde las llamas respetaron solo tres viviendas. CARLOS JULIO GONZÁLEZ
photo_camera Vilar, al sur de O Courel, donde las llamas respetaron solo tres viviendas. Ahora el verde se va abriendo paso. CARLOS JULIO GONZÁLEZ

Nadie en O Courel ha podido olvidar la situación que se vivía por estas fechas hace un año. Un incendio que parecía controlado se acabó convirtiendo en el más grande de la historia de Galicia, con 11.100 hectáreas arrasadas.

Las llamas avanzaban a un ritmo insólito y con una agresividad que pocos lograban explicar. Fueron días de lágrimas, de lucha incansable por parte de vecinos y medios de extinción, de desalojos no siempre exentos de tensión y, sobre todo, de mucho temor.

Medio Rural no dio el incendio por extinguido hasta dos semanas después. Entonces, llegó el momento de evaluar unas consecuencias que todavía a día de hoy se pueden percibir en la parte baja de O Courel, si bien las zonas más altas quedaron intactas.

El verde sigue abriéndose paso en los terrenos quemados, pero los vecinos insisten en que recuperarlo todo, también el ánimo, será difícil. Todavía con el miedo en el cuerpo, desean un verano tranquilo y que O Courel vuelva a lucir con su esplendor habitual.

Lola Castro: "Vese todo máis verde grazas á choiva, pero queda moito por facer"

"Por suposto que temos medo de que volva pasar. A metade do Courel está sen arder", indica, rotunda, la alcaldesa de Folgoso do Courel, Lola Castro, sobre el temor a un nuevo incendio como el de hace un año. Al mismo tiempo, la regidora cree que las circunstancias actuales son más favorables que por entonces. "A parte norte é máis húmida que a sur, que foi a afectada, e non estamos a vivir un verán como o de hai un ano, cheo de vagas de calor e tormentas", señala.

Vilar, en O Courel. CARLOS JULIO GONZÁLEZ
Vilar, en O Courel. CARLOS JULIO GONZÁLEZ

Lola Castro se muestra satisfecha con el trabajo realizado hasta la fecha. "Sacouse moita madeira e grazas á choiva que caeu este ano vese todo moito máis verde, pero queda moitísimo por facer", explicó. La alcaldesa añadió el arreglo de pistas, los cierres o la reposición de maquinaria dañada por el fuego como otros de los gastos que están en proceso de ser justificados por el Ayuntamiento.

"Agora hai tamén moita concienciación, porque todos collimos moito medo. É habitual que os veciños chamen para reclamar que se desbroce ou pedir bocas de rego", indica Castro.

Respecto a las ayudas a los vecinos con casas dañadas por los incendios, la regidora courelá señaló que se han otorgado más de un millón de euros para la rehabilitación de viviendas. Sin embargo, apunta, las obras no se encuentran todavía en marcha, pues se está en proceso de obtención de permisos y prórrogas de licencias.

Loly Cabello: "Cerraremos en agosto. No podemos poner más dinero de nuestro bolsillo"

Muchos en O Courel pueden atestiguar las desastrosas consecuencias de los incendios, que se siguen padeciendo un año después. Es el caso de Loly Cabello. Ella y su marido, Eliseo Blanco, dejaron atrás Barcelona para instalarse en Froxán hace cerca de dos años. Asumieron la gestión de un establecimiento de turismo rural, la Casa da Aira. Según ha afirmado a este periódico, están a nada de echar el cierre definitivo.

"Vinimos aquí con mucha ilusión, también para ayudar a remontar a O Courel, y por culpa del incendio no lo vamos a conseguir", lamenta la propietaria.

La vivienda no ardió, pero Froxán el año pasado se quedó en el medio de un anillo de fuego que calcinó todo a su paso. "La gente sabe que por aquí ardió, pero lo que desconoce es que está rebrotando todo y ahora se ve mucho más bonito", explica Loly, quien destaca que todas las casas de turismo rural "están bajo mínimos de clientela".

En julio, su negocio está en este momento "vacío" de huéspedes y poca gente llega para comer. La previsión es aguantar hasta que se celebren las fiestas de Froxán, el 20, 21 y 22 de agosto, y después cerrar. "No podemos seguir poniendo de nuestro bolsillo, llevamos así meses", afirma Loly Cabello. Eso sí, ella y su marido pretenden quedarse en O Courel a vivir, pues conservan otra casa en la que residen.

Sobre el incendio, recuerda perfectamente cómo "cayó el rayo que desencadenó todo y vimos empezar a arder el monte". Cuenta Loly que del fuego les avisó una clienta que se hospedaba en la Casa da Aira en aquel momento. Aquello provocó cuantiosas pérdidas, pues los congeladores se estropearon y tuvieron que tirar mucha comida. "Nuestras previsiones de gente eran realmente buenas", recuerda.

Una construcción en Vilar, en O Courel. CARLOS JULIO GONZÁLEZ
Una construcción en Vilar, en O Courel. CARLOS JULIO GONZÁLEZ

Ana Marta Arza: "A xente non ten claro cal é o territorio que ardeu e o que non foi afectado"

El incendio ha sido "moi malo para o turismo", dice tajante Ana Marta Arza, la técnica municipal de turismo de O Courel. El motivo es que muchas de las personas interesadas en visitar el municipio "non teñen claro cal é o territorio que ardeu e moitos din que non queren camiñar sobre o queimado".

Por el contrario, en los últimos meses se ha detectado incluso un turismo morboso, de alguna gente que deseaba "ir ver o peor do incendio". En ese apartado, Vilar acaparó y sigue acaparando muchas miradas.

Poco a poco, reconoce Arza, el turismo en la tierra de Uxío Novoneyra va recobrando la normalidad. "Cando chegan os visitantes, o incendio do verán pasado xa non é o tema principal polo que preguntan", apunta.

Lo confirma Xavier Trepat, responsable del cámping situado en Esperante. Asegura que las consultas se limitan, como mucho, a preguntar si alguna ruta de senderismo está afectada o no.

Trepat explica que, por el momento, había "moi pouca xente", pero cree que la situación mejorará. Piensa que quizás la convocatoria electoral ha retrasado los planes de mucha gente, pues se da la circunstancia de que "dende o luns xa temos bastante demanda, como un ano normal".

Otro inconveniente en las últimas semanas, además de la fuerte competencia del turismo de sol y playa, eran las obras de la carretera entre Folgoso y Seoane, que mantenían la vía cortada buena parte del día.

"Xa tiven que ir rescatar a máis dun turista. Estes días a obra parou, así que coincide ben para que a tempada de verán comece a coller ritmo", dice. La tendencia, al igual que los últimos años, es de estancias cortas.

Nicolás Prieto: "Recuperaremos parte da produción o ano que vén e dentro de dous, o resto"

La miel y la castaña son los productos estrella en O Courel. En cuanto al primero, muchos productores que tienen sus colmenares en este municipio y en los vecinos de A Pobra do Brollón y Quiroga resultaron afectados. Es el caso del también presidente de la cooperativa Cauru, Nicolás Prieto, que vio como el fuego dañaba 500 de las más de 800 colmenas con las que contaba. "Foi un pau moi duro", admite.

Un año después, explica que logró reponer "todas elas e teño os ocos completos, pero máis por compromiso que por outra cousa, porque se non hai comida non hai cantidade". Entre el 10 y el 15 de agosto comenzarán a sacar la miel. En algunos colmenares sabe que "directamente, non haberá nada". Calcula que perderá más del 50% de la producción.

La buena noticia es que brotaron plantas como la silva, así como algunos castaños y zonas de monte raso, y están a la espera del brezo. "Para o próximo ano recuperaremos parte da produción e penso que en dous anos máis isto vai estar como sempre", dice confiado.

Prieto destaca la importancia de que las abejas tengan alimento para que "cheguen ben ao inverno e haxa que dar menos comida".

En cuanto a las castañas, Daniel Arza, de Caurelor, explica que, salvo el souto de Vilar, el resto no sufrieron grandes pérdidas. "Puido quedar afectada algunha árbore nalgún caso, pero non houbo maior problema", señala.

Su empresa elabora varios productos con castaña que recogen en las inmediaciones de Santa Eufemia, donde el fuego quedó a poca distancia de las casas y los castaños actuaron como barrera para frenar las llamas.

"O que pasou aquí non se esquece aínda que vivamos 200 anos"

Emilio, en Vilar, ante una casa que se derrumbó tras el fuego. CARLOS JULIO GONZÁLEZ
Emilio, en Vilar, ante una casa que se derrumbó tras el fuego. CARLOS JULIO GONZÁLEZ

Emilio Río y su mujer viven en una de las dos casas habitadas continuamente en Vilar, la aldea más afectada por el incendio. Si siguen allí, recuerda, es porque se quedaron a luchar contra las llamas con la ayuda de un motobombista voluntario. "Estaba durmindo a sesta e a miña muller díxome que me levantase, que viña o lume. Facía tanto ruído que poñía medo", dice. 

Recuerda perfectamente el devastador incendio y hasta reproduce las conversaciones que mantuvo aquellos días. Y es que, como él mismo asegura "o que pasou aquí non se esquece aínda que vivamos 200 anos". 

Emilio fue el primero en arreglar una de sus propiedades con las ayudas de la Xunta, que llegaron rápido. Sin embargo, lamenta "que non vaia todo máis áxil" para recuperar cuanto antes la aldea. El conocido Xan de Vilar, que perdió su casa y su museo, está a la espera del contratista y confía en empezar la obra en unos meses. 

En Vilar, que se llevó la peor parte, los trabajos van más lentos de lo esperado por los vecinos

Al cumplirse un año del incendio, dice Emilio, "vén xente ver como está Vilar e marchan moi decepcionados". Por el momento se han hecho arreglos puntuales, como mobiliario urbano o el tejado de la Fonte da Saúde, que no dejó de emanar agua, pese a que el resto de la aldea pasó días sin agua ni luz. 

Ahora, los vecinos desean que el siguiente paso sea la intervención en el souto. Los castaños centenarios quedaron calcinados y esperan que la Xunta agilice los trabajos para abrir una pista por la que sacar la madera. 

"Temos que asinar un papel os veciños e agora é boa época, pois os que están fóra veñen en agosto", señala Emilio. Antes se hospedaban en sus casas. Ahora que muchas han quedado calcinadas, buscan acomodo con familiares "e ata en hoteis de Monforte ou de Sarria".

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