La botica de Nóvoa, pionera en jarabes y elixires

Pablo Nóvoa abrió en 1925 su farmacia en la céntrica Rúa Cardenal de Monforte, donde elaboraba un jarabe bronquial y un reconstituyente
Nóvoa (centro) nació en O Saviñao en 1898. Á.A.
photo_camera La botica de Nóvoa, pionera en jarabes y elixires. Á.A.

La Edad Moderna puede etiquetarse como la del florecimiento de las boticas. En estos establecimientos, entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, era habitual la preparación de medicamentos para su venta al público. Hoy es historia, un recuerdo para nostálgicos.

En Monforte, la farmacia más antigua de la que tenemos constancia abrió sus puertas en 1874, en el número 23 de la calle del Comercio. Hasta no hace mucho podía verse, a lo largo de su fachada, un cartel en letras verdes sobre fondo blanco en el que podía leerse Farmacia Barreira-Fundada el año 1874. Todavía se mantiene abierta, ahora bajo el nombre de Farmacia Central.

Fue en la primera mitad del siglo XX el momento en que la capital de Lemos vivió la apertura de un buen número de oficinas de farmacia, algunas de ellas, aunque reformadas, todavía siguen abiertas. Una de las que comenzó a funcionar, allá por el año 1925, en el número 23 de la Rúa Cardenal, fue la de Pablo Nóvoa Somoza.

En esta botica, como sucedía en las otras, sí se preparaban medicamentos siguiendo las fórmulas que recetaban los galenos del momento. Pero Pablo Nóvoa, nacido en San Vitoiro (O Saviñao) en 1898, que cursó sus estudios en Santiago, fue más allá y se convirtió en una especie de pionero local en la elaboración de medicamentos.

Así, de su laboratorio, allá por los años 50, salieron dos fórmulas, con su firma que darían vida al jarabe Pectobronquial, un específico para las vías respiratorias cuyo precio de venta era de 27,45 pesetas, y al elixir reconstituyente Vihepacol, que costaba 17 pesetas.

Fachada de la farmacia de Nóvoa, en la Rúa Cardenal. Á.A.
Fachada de la farmacia de Nóvoa, en la Rúa Cardenal. Á.A.

Los componentes básicos del jarabe eran efedrina, fosfato de codeína, thiocol y tintura de acónito. En cuanto a la receta del Vihepacol, los ingredientes eran extracto hepático concentrado al 1%, Vitamina B, Hierro y Magnesio, jarabe de naranjas amargas y elixir de coca y cola.

Mientras el jarabe fue todo un éxito hasta la llegada de los medicamentos elaborados por los grandes grupos farmacéuticos, el complejo vitamínico se dejó de fabricar en el laboratorio Nóvoa debido a un error de cálculo en el compuesto, dado que se producía un proceso de fermentación, posiblemente del zumo de naranjas amargas. Esa fermentación hizo saltar en más de una ocasión los tapones de corcho de los frascos de Vihepacol, según relato del auxiliar responsable del embotellado del producto.

En la farmacia se vendía material fotográfico de la marca Kodak, se revelaban negativos y se positivaban

La farmacia Nóva también disponía de productos de fotografía, algo habitual en boticas de aquella época. En su caso ofrecía productos Kodak, de los que comercializaba película y ofrecía el revelado de la misma y positivados en papel Velox.

Pablo Nóvoa, en el terreno profesional, ejerció como inspector farmacéutico municipal, centrando su labor en el control de las lecheras. Era el responsable de velar por la calidad de la leche que servían a los domicilios de los monfortinos. Fue también presidente del Casino Ateneo e impulsor del periódico local Ágora, cuyo primer número salió a la calle en enero de 1932. En 1966 fue objeto de un homenaje por el 40 aniversario de la apertura de la farmacia.

Casado con Carmen Rodríguez Martínez, no tuvo descendencia y falleció en su domicilio en la calle Cardenal a primeros de junio de 1980. Tras su muerte, se hizo con la farmacia la familia Madriñán, que tras realizar una importante reforma y modernización del local lo mantiene abierto al público.

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