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Andrés Martínez, el último poblador de Bexán

Vista de una de las casas de Bexán donde Andrés es el único residente. ELISEO TRIGO (EFE)
Vista de una de las casas de Bexán donde Andrés es el único residente. ELISEO TRIGO (EFE)
Este barcelonés se "enamoró" de este lugar, que hoy alberga una exposición de fotos de los vecinos que antaño habitaron sus 17 casas

Andrés Martínez, un hombre de 60 años de Barcelona, es el único residente, por cuestiones laborales, de Bexán, una pequeña población de O Saviñao. Antaño, en 1900, eran 130. Retratos de los antiguos vecinos, impresos sobre lonas en las 17 casas, recuerdan que este lugar un día tuvo una animada vida.

"Casi paso desapercibido. A mí me encanta vivir aquí. No soy gallego pero me enamoré de este lugar desde que conocí a mi esposa y, de paso, cuáles eran sus orígenes", cuenta a Efe este catalán, que lleva 35 años casado con Mercedes, la hija de Filomena y Juan Antonio, el matrimonio de la llamada 'Casa do Rei'.

Ella se quedó en la ciudad condal y él se instaló en Galicia porque encontró trabajo en una empresa cárnica del vecino núcleo de Escairón. No tienen descendencia.

A la mujer le gusta ir de vacaciones a Bexán, pasar temporadas, pero no fijar su residencia allí. A su cónyuge, justo lo contrario, pero no hay problemas por ello en la pareja. "Claro que me gustaría estar con ella todo el tiempo. De momento, han seguido renovando mi contrato de chófer de reparto y aquí continúo. Hablamos muchísimo y le mando fotos y vídeos".

"A mí me encanta vivir aquí. No soy gallego pero me enamoré de este lugar"



Andrés sufre esta semana los efectos de un incómodo y repentino lumbago, pero es tal su ilusión por contar las bondades de la zona que incluso el malestar físico acaba pasando a un segundo plano.

Aparca su coche junto a la única vivienda en la que hay luz, y que está "muy bien acondicionada", y muestra una suerte de croquis con todos los "apodos" de los hogares un día ocupados por personas que ya no están: Casa do Marcelo, Casa do María, Casa do Froilán, Casa do Rivas, Casa do Chiquillo, Casa da Pisca...

El último poblador de Bexán, de los de siempre, era Manuel Mirás, que murió en 2020. De él queda un coche con la defensa rota en medio de un camino. Y los recuerdos. Andrés lo conocía.

El San Antonio era el día grande de Bexán y cada 13 de junio se celebraba con entusiasmo.

"Aquí me siento muy tranquilo, en paz.  Pero hay momentos en que a uno le gusta que haya alguien con él. Eso está claro"



En este mirador natural del río Miño, con una privilegiada ubicación en la Ribeira Sacra, había caballos, mulos, huertas relucientes, sembrados, praderías, y un sinfín de viñedos, algunos de los cuales siguen recibiendo cuidados, aunque, en la actualidad, en visitas esporádicas.

La mayoría de las propiedades inmobiliarias están en venta o en un proceso imparable de ruina.

El abandono de las tierras de cultivo fue paulatino, lo mismo sucedió con la actividad ganadera.

Una asociación cultural artística, Sacra Art, abandera la propuesta 'In Memoriam', que consiste en decorar las fachadas de los domicilios con fotografías en blanco y negro de los que fueron sus propietarios.

 

En este maravilloso homenaje colaboró Guillermina Rivas, de 88 años, que quedó fascinada con el resultado. Sale en una de las instantáneas: ella, que en la actualidad lleva bastón, con una viga sobre la cabeza.

También se emocionaron Antonio, o Milagros, que ya no están allí, pero llevan a esta aldea en su equipaje sentimental.

Andrés habla con la gente que se desplaza a ver la composición de imágenes, sobre todo los fines de semana, que es cuando hay una mayor concurrencia.

"Aquí me siento muy tranquilo, en paz. Tengo tres habitaciones. En la otra casa, un pajar rehabilitado, otras tantas. No se me hace grande, pese a todo. ¡Pero hay momentos en que a uno le gusta que haya alguien con él! Eso está claro".

Es el testimonio de Andrés, al que le encantaría que esa persona fuese su compañera. Mientras, acude cada día a su puesto, para ganarse los garbanzos, y, si coincide que esté libre cuando en su "oasis" de Bexán se deja caer alguien, emprende una charla.

Es así la manera en la que Andrés deja constancia de que el abandono no es total. Continúa alguien, no se sabe por cuánto tiempo, y es él.

Andrés Martínez, el último poblador de Bexán
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