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La aldea de A Míllara recibe el premio Juana de Vega a la Intervención na Paisaxe

Una casa recuperada en A Míllara con viñedos alrededor. EP
Una casa recuperada en A Míllara con viñedos alrededor. EP
La fundación reconoce el trabajo para recuperar una aldea abandonada y sus viñedos

La fundación Juana de Vega entregó este viernes su premio a la Intervención na Paisaxe, en la categoría privada en el patrimonio construido y su entorno, a la aldea de A Míllara y a la recuperación de sus viñedos centenarios, una acción llevada a cabo años atrás por un grupo de emprendedores, la mayoría de ellos residente en A Coruña.

La actuación fue desarrollada en su totalidad por Viñedos del Miño bajo la dirección de Manuel Rodilla del Barrio. El jurado valoró el importante resultado conseguido, dándole una nueva vida a una aldea abandonada en el corazón de la Ribeira Sacra, con criterios de sostenibilidad y de respeto al patrimonio construido preexistente.

La recuperación fue hecha con los mismos sistemas de edificación tradicional. En A Míllara se reconstruyeron las viviendas, los espacios públicos, así como una bodega antigua, que sigue trabajando con la uva de variedades tradicionales cultivadas en los socalcos del lugar, que se recuperaron y ampliaron en espacios vecinales.

De este modo, añadió el jurado, se respetaron los sistemas constructivos de estos elementos agrícolas que caracterizan el paisaje privilegiado de la comarca. "El conseguido, después de diez años de trabajo, es un singular ejemplo de recuperación patrimonial e integración en el entorno natural, ajustada a la herencia del pasado", según declararon los miembros del jurado.

EL INICIO. Todo empezó cuando Santiago Boullón llegó a la aldea de A Millara en 1999 encontrándose con un pueblo que había sido abandonado por su vecinos hacía medio siglo para buscar en el extranjero una vida mejor.

Este promotor, al que hay que reconocerle que A Míllara sea hoy lo que es, tuvo una visión rehabilitadora que se centró en "el espacio increíblemente bonito y salvaje". Creyó en la potencialidad de la zona y comenzó a restaurar una casa para pasar algún fin de semana pero, si todas las demás estaban caídas, el proyecto no era satisfactorio.

Una vez que toda la aldea era toda suya decidió vender las casas a sus amigos, acompañadas de unas condiciones muy estrictas para la restauración. Los mismos materiales, piedra de la zona, madera de castaño y roble, no poner antenas de televisión, colores clásicos de la carpintería gallega fueron algunos de los requisitos que los amigos de Boullón tuvieron que cumplir.

El resultado es una aldea lo más parecida posible a la que dejaron los últimos habitantes de A Míllara. La recuperación no fue solo del espacio, también de la memoria. Boullón habló con las personas más longevas del lugar y supo que los viñedos de la zona, que recuperó, eran de los mejores de la Ribeira Sacra. El vino que se elabora atesora muchos premios.

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