"Mi novio me despertó diciéndome que estaban bombardeando la ciudad"

La ucraniana Yulia Diachenko llegó a Pontevedra el lunes por la noche junto a su novio después de cuatro días de viaje ► A corto plazo se quedará en la Boa Vila, desde donde teletrabajará para una empresa ucraniana, aunque no descarta mudarse a Madrid
Yulia Diachenko. GONZALO GARCÍA
photo_camera Yulia Diachenko. GONZALO GARCÍA

Tan solo unas horas antes del comienzo de las hostilidades en Ucrania, un mal presentimiento se apoderó de Yulia Diachenko. Era ya de noche, el 23 de febrero, y esta ucraniana se encontraba "muy nerviosa y preocupada". "No podía dormir ni pensar, estaba intentando calmarme y diciéndole a mi familia que había que hacer algo", cuenta Yulia, todavía con los nervios a flor de piel. Pero sus padres pedían a esta joven de 29 años calma. "Me decían que me iría a España, como yo quería, pero no ahora", cuenta. Y es que Yulia tenía proyectado, en un futuro, mudarse a la península ibérica junto a su novio pontevedrés. Pero nunca imaginó que fuese ahora y en estas circunstancias.

Así, el día 24, cuando "empezó todo", resume la ucraniana, "me despertó mi novio a las seis de la mañana, diciéndome que había que apagar todo que estaban bombardeando la ciudad de Kiev. Yo me levanté muy nerviosa, me fui a la ducha y empecé a empaquetar todo sin saber que hacer", apunta. Y es que tanto ella como toda su familia "estaba en shock", y decidir si abandonar su hogar, su vida y a su familia de la noche a la mañana es una decisión que nunca se había imaginado que tendría que tomar, y mucho menos en cuestión de horas.

"Alrededor de la una o dos de la tarde mi novio me dijo que podía irme con él a España", apunta. Y no lo dudó. Cogió una pequeña maleta con su ordenador y con algo de ropa y partió hacia España. "Quería llevar dos maletas pero no podía", y es que la ingente cantidad de ucranianos y residentes que demandaron abandonar el país fue tal que hubo que limitar el equipaje, por lo que miles de personas abandonaron su hogar prácticamente con lo puesto. Y es que "lo importante en aquel momento era salvar la vida".

Y ahí comenzó el periplo de la joven pareja para llegar a Pontevedra, que no estuvo exenta de adversidades. "Tardamos dos días solo en llegar a la frontera con Polonia", indica, y fue un tiempo relativamente rápido debido a las circunstancias gracias a la operación de repatriación organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Y durante el viaje "vi muchísima gente huyendo de Ucrania porque era muy peligroso quedarse allí", explica Yulia, aunque no solo en vehículos, sino personas que cruzaban la frontera a pie, ya porque no tenían medio de transporte y querían escapar de su país desesperadamente, o porque el coche se les paraba en medio del camino. "Las gasolineras estaban colapsadas, con colas de hasta 30 kilómetros", asegura. Por lo que "si no podían ir en coche, lo hacían a pie. La hija de una amiga anduvo 15 kilómetros hasta Polonia, y al llegar allí no se que problemas tuvo y no pudo pasar", cuenta. Otros conocidos de Yulia, con niños pequeños, "estuvieron tres días en el coche". Incluso "he visto a gente queriendo abandonar el país con bebés de solo tres días", lamenta.

Pese a la amenaza de la contienda bélica, la familia de Yulia no quiso abandonar su país. De hecho, su padre, que es propietario de un concesionario y de una empresa de cementos decidió unirse a la Defensa Territorial de Voluntarios, que sirve de apoyo al ejército ucraniano, y donde su progenitor "está vigilando su pueblo, al sur de Kiev, que de momento está un poco más seguro que otras zonas", subraya. Y aunque actualmente no está en el "campo de batalla", Yulia teme por la vida de su padre.

Y es que el país está viviendo una cruel y sanguinaria guerra en la que están muriendo decenas de civiles de todas las edades. Y los que consiguen ponerse a salvo lo hacen con multitud de adversidades que ponen en riesgo su salud y su bienestar. Así, señala que, en toda Ucrania "hay niños que están naciendo en búnkers y gente con enfermedades que tienen problemas para conseguir medicinas" debido al asedio ruso, aunque también reconoce que los ciudadanos están recibiendo una ayuda incondicional de los países que lo rodean, que no dudan en hacer frente a las amenazas de Vladimir Putin para salvar vidas. Y para ello son fundamentales, subraya Yulia, las redes sociales, que aunque puedan exponerlos ante sus enemigos, también son una fuente indiscutible de información para facilitar que llegue a la frontera la protección y el auxilio que necesitan.

Yulia explica que Ucrania lo que necesita ahora mismo son "armas" que puedan hacer frente a la artillería rusa. Y pese a todo, no pierde la esperanza. "Esperamos que la guerra termine", dice, pero "tenemos miedo de lo que va a pasar luego", ya que "hay muchos puentes y muchas carreteras arruinadas", pero principalmente "queremos que esto acabe porque ahora mismo lo importante son las vidas de las personas". Y para ello, "necesitamos ayuda, más gente y la ayuda de la OTAN", ya que "los recursos ucranianos van a acabarse en algún momento".

Mientras tanto, "estamos pensando si quedarnos en Pontevedra o irnos a Madrid", siempre "ayudando a mi país con lo que pueda". A corto plazo, Yulia Diachenko, junto a su novio, residirá en Pontevedra, donde él tiene a su familia, y continuará trabajando para una empresa ucraniana en la distancia.

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