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Víctor Fraga: ''Las prisiones son un reflejo de la sociedad en la que se encuentran''

Víctor Fraga (Foto: Pepe Álvez)
Víctor Fraga (Foto: Pepe Álvez)

La carrera profesional de Víctor Fraga (Baamonde 1955) en Instituciones Penitenciarias se inicia en 1981 como funcionario en Barcelona. Fraga, psicólogo y técnico en prevención de riesgos laborales, ejerció después como jefe de servicios en el centro penitenciario de Bonxe y más tarde como subdirector de tratamiento, primero en Teixeiro (A Coruña) y después otra vez en el penal lucense de Bonxe. En el 2004 fue designado director de la prisión de Monterroso, un cargo que desempeñó durante seis años y que basó en una filosofía de respeto al recluso y potenciación de la reinserción y la reeducación. Su experiencia le convirtió en un asiduo conferenciante a nivel internacional.

¿Cómo evalúa su paso por la dirección del centro penitenciario de Monterroso?

Durante estos seis años mi principal preocupación fue el cumplimiento de la Ley Orgánica Penitenciaria, en lo relativo a la rehabilitación social y la reeducación de los reclusos. En cuanto a lo que queda por desarrollar, creo que en Monterroso están pendientes las mismas cuestiones que le queda por resolver a la sociedad española. Los reclusos son ciudadanos igual que los otros, con sus derechos y sus obligaciones, por lo que en prisión lo que se persigue es implicarlos socialmente y que tengan una independencia económica.

¿Qué retos se ha marcado para su puesto como subdirector general adjunto de recursos humanos?

Mi objetivo primordial es organizar al amplio abanico de profesionales que trabajan en los centros penitenciarios, desde cocineros a médicos, pasando por psicólogos o educadores, para conseguir la rehabilitación y socialización de los reclusos. Afortunadamente, para mi misión cuento con una plantilla de grandes profesionales, muy implicados con su trabajo.

Como nuevo responsable de recursos humanos, ¿cómo se puede hacer frente a la saturación de los centros penitenciarios, frente a una evidente escasez de funcionarios?

Instituciones Penitenciarias está haciendo un gran esfuerzo en la creación de nuevas prisiones y centros de reinserción social. Por otra parte, la convocatoria de oposiciones se realiza todos los años, lo que permite aportar un importante contingente de personal. Actualmente, tenemos unos 25.000 funcionarios, que abarcan todos los servicios que cualquier ciudadano recibe en la calle, desde la alimentación a la medicina o la asistencia psicológica y social. Es una estructura compleja, que exige unos trabajadores competentes y con una gran inteligencia emocional.

¿Cómo piensa hacer frente a los continuos problemas que está generando la aplicación de la Ley de Igualdad, por la cual los funcionarios, independientemente de su sexo, atienden tanto a reclusos masculinos como femeninos?

Los problemas que se plantean en este sentido en las prisiones no son diferentes de los que hay en otras instituciones como colegios o hospitales. Pueden surgir conflictos, pero hay que resolverlos enmarcándolos en el Estado de Derecho en el que vivimos, en el que hombres y mujeres podemos desempeñar las mismas funciones. Por otra parte, hay que tomar las medidas precisas para que todo se desarrolle con normalidad.

¿Disponen los funcionarios de suficientes conocimientos y medios para hacer frente a posibles agresiones de los reclusos?

Los funcionarios llegan a su puesto después de superar una oposición, por lo que se les suponen unos conocimientos, además reciben cursos para hacer frente a situaciones concretas. En cualquier caso, la conflictividad en las prisiones ha descendido en los últimos años.

Deduzco que usted concibe las cárceles como un reflejo de la sociedad.

Efectivamente, las prisiones son producto y reflejo de la sociedad que las crea y en el caso de España hablamos de una sociedad democrática madura en la que se respeta a las personas como sujetos de derecho. Es un mérito de esta sociedad que se hace evidente al comparar las cárceles españolas con las de otros países.

¿Cómo hacen frente los trabajadores de prisiones a los conflictos que plantea el elevado porcentaje de la población reclusa que procede del extranjero?

El tener una población reclusa internacional obliga a moverse en un escenario con distintos valores, creencias religiosas y costumbres sociales. Para conseguir una buena convivencia la base está en el respeto a la pluralidad. Intentamos, dentro de lo posible, adaptarnos a todos, por ejemplo, con la alimentación, como ocurre con los musulmanes.

Otro grave problema de las prisiones es el tráfico de drogas. ¿Cómo se hace frente a esta lacra?

Lo hacemos como lo hace la sociedad en el exterior, con campañas de concienciación psicológica, social y de salud. Los que siguen consumiendo cuentan con programas, al igual que ocurre en la calle, de intercambio de jeringuillas o de metadona. Además, intentamos poner barreras para que no entre la droga en prisión, a través de arcos detectores y cacheos cuando tenemos sospechas.

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