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Vestigios del pasado de la comarca que empiezan a dar frutos

El megalitismo en A Mariña tiene una singularidad importante, y que está sin explotar por completo. Los entendidos hablan a menudo de un modo especial de las mámoas que se encuentran en el monte Mondigo, a caballo entre los concellos de Barreiros, Trabada y Ribadeo. Hay más ejemplos ilustres, también en Trabada. Las más famosas son las de As Pallaregas y del Marco de Pena Verde.

Lo curioso es que no son las únicas. En A Pontenova, se pueden encontrar con facilidad si uno sabe donde buscar. Cerca de Navallo de Vilarmide, y fronteriza entre A Pontenova y Ribeira de Piquín, las mámoas se encuentran también distribuidas por el territorio montañoso de esa zona.

Y otro tanto ocurre en las cumbres entre Barreiros y Trabada, donde se celebra la famosa romería de San Marcos. Por algo se dice que la propia ermita allí levantada en realidad responde a un culto muy anterior. En ese alto, también abundan las muestras de este arte megalítico.

Lo que tienen en común todas estas muestras, son que más allá de que uno se pueda o no conmover con ellas, lo cierto es que visitarlas lleva al caminante por los lugares con las vistas más asombrosas de la comarca.

La subida al Mondigo habla por si sola. Solo el camino merece la pena, pero llegar arriba tiene una gran recompensa: la vista de absolutamente toda la costa de la comarca de A Mariña. Incluso se avistan desde allí las famosas playas de Barreiros. La ría de Ribadeo luce con una perspectiva inédita.

También compensa ir a Trabada a ver la mámoa de As Pallaregas, en la carretera que une Fórnea con Valboa. También allí las vistas desde Fórnea son una oportunidad poco frecuentada para echar un vistazo a la zona montañosa de A Mariña Oriental.

Algo muy parecido pasa en A Pontenova, donde la parte montañosa más al sur es una oportunidad única de ver lo más encrespado de esa zona, con valles y montañas puntiagudas y unos espacios olvidados que parecen suspendidos en el tiempo.

Dentro del arte megalítico de la comarca, son también importantísimos los restos de O Valadouro, donde un dolmen bien conservado pero no muy bien indicado lleva a quien se decida acercarse a la parte más elevada de la zona central de la comarca. Nuevamente el recorrido vale la pena por las vistas.

Ya en la zona occidental, Ourol conserva también restos megalíticos, sobre todo mámoas cuya visita, como en las otras zonas, ofrece una visión inédita de toda la comarca.

Vestigios del pasado de la comarca que empiezan a dar frutos
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