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Un juicio en clave de país

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GALICIA reconstruye con cierta urgencia y casi a trompicones su historia financiera más reciente. Son las piezas que faltan por encajar para entender el derrumbe de la mitad de nuestro sistema bancario en una sola quiebra, la de Novagalicia. Casi nada. De todo ello se encargan los juzgados, sean los de la Audiencia Nacional, con las obscenas indemnizaciones millonarias para los ejecutivos de las antiguas cajas, o los de primera instancia, en los que se dirime uno de los pocos intentos por «regalleguizar» la entidad cuando todavía estaba en manos del Estado.

Esta semana hemos asistido a algo casi inédito, las declaraciones ante el juez de los primeros espadas de grandes empresas gallegas, el arranque de un proceso que se prolongará semanas y que tiene su origen en algo también nada habitual: la unidad mostrada por un grupo empresarial heterogéneo que decidió apostar e invertir su dinero, exactamente 70,6 millones de euros, para hacerse con el 2,59% de Novagalicia. Sucedió un frío mes de enero de 2012, cuando la entidad ya había recibido una primera inyección millonaria del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca (Frob), entonces su único propietario, pero meses antes de una auténtica sacudida que llevó a valorar Novagalicia en menos 3.091 millones de euros (ese fue el agujero detectado), que conllevaría otra inyección de 5.425 millones. El método elegido para arreglar el problema, pues un auténtico rodillo: dos operaciones acordeón, no una, que dejaron por dos veces reducido el capital a cero, con lo que se esfumaron los 70,6 millones invertidos por los empresarios gallegos.

Hasta aquí, el relato de una iniciativa empresarial noble por conformar un núcleo duro accionarial en Novagalicia. Una apuesta armada en clave de país, la misma en la que debemos entender ahora los procesos judiciales en curso por las demandas interpuestas para declarar nulos los contratos de compra. ¿Por qué? Pues porque si bien es cierto que cuando un empresario invierte su dinero siempre asume un riesgo (y eso está en el ADN de los Fernández Somoza, Tojeiro, Jove, Añón, Inversiones Gallegas del Cable, Coren, Jealsa, Copasa, San José o Rodman), no lo es menos que el engaño, o cuando menos la ocultación de información, nunca debe ser el método de hacer negocios. ¿Conocía el Frob la situación de Novagalicia antes de la entrada de los inversores y, sobre todo, la que se avecinaba? Si no tiene toda la información el propietario, que además es el encargado de aplicar la regulación, mal vamos. ¿Y lo sabía José María Castellano, el presidente de NCG, encargado de liderar la apuesta, atraer inversores y de paso invertir un millón de su bolsillo en el proyecto? Esas son algunas de las claves del proceso, que inclinarán la balanza.

¿Es Caste el único responsable? Es indudable que no. Bastó escuchar la declaración de Roberto Díaz Rincón, de Inversiones Gallegas del Cable, cuando se soltó el pelo y dijo a las claras que «estábamos entre la espada y la pared, o te metías o eras un traidor a Galicia; no hubo apenas negociación». Una operación que logra aglutinar a tan ilustres empresarios debe contar con un líder, en este caso el catedrático coruñés, pero también con padrinos. Y es aquí donde entra en juego la derivada política del asunto, con una Xunta convencida de que era la mejor vía para retener la entidad.

Cuesta reconocer un ápice de seriedad, y sobre todo, de honestidad, en algunos de los testimonios, como el de José Eduardo Álvarez Naveiro, hijo de un fiel a José Luis Méndez ya fallecido y ahora responsable jurídico de Abanca. En su declaración, responsabilizó directamente al expresidente de todas las gestiones, cuando él mismo estaba el frente, junto a otro ejecutivo, de la oficina de captación de inversores. Fue la confianza que otorgaba que el propietario de Novagalicia fuera el Frob, es decir, el Estado, el mismo que vendió a los empresarios ese 2,59% de la entidad, lo que hizo albergar pocas dudas para formalizar la operación.

Llegados a este punto, nos topamos con el Estado, en un país, España, que casi no se reconoce, y con una banca en total descrédito. Y si hablamos del Frob y del Banco de España, que es lo mismo, lo hacemos de unos organismos a los que les han metido todos los goles del mundo en los años previos a la crisis, llámense Méndez o Gayoso quienes ocultaban cajas quebradas tras balances aparentemente saneados. Decir para defenderse, como mantiene ahora el Frob, que los empresarios eran inversores cualificados, resulta una obviedad. El problema no es ese. Sabían lo que hacían, sí, pero con la información que tenían. ¿O acaso un empresario tiene por costumbre y le gusta perder dinero en cuestión de meses?

LAS LECCIONES QUE DEJA ALIMENTOS LÁCTEOS
SON contados, contadísimos, los concursos de acreedores que finalmente reciben la calificación de culpable o doloso por parte de un juez. Más que circunstancias extraordinarias, son los hechos probados, en este caso relacionados con una administración negligente, irregular o directamente desleal, lo que lleva a ese tipo de diagnóstico, para el que es clave el papel del administrador concursal. En el caso de Alimentos Lácteos, ese proyecto cooperativo para saltar un escalón y posicionarse de una tacada en el estrato industrial de la cadena de valor con la planta de Pascual en Outeiro de Rei, el juez de lo Mercantil parece tenerlo claro: una suspensión de pagos muy tardía, con casi dos años de retraso ante una situación patrimonial debilitada de inicio, y el deterioro de las marcas que explotaba la empresa, así como el desamparo de los trabajadores, llevan a una inequívoca conclusión: los gestores de Alimentos Lácteos, con Eugenio Montero (La Arzuana) y Arcadio López (ex de Gancobre) al frente, fueron responsables directos de la situación. Y, sobre todo, no pusieron apenas medidas para evitar un desenlace que conocían prácticamente desde el nacimiento de la firma. Lo que mal empieza mal acaba, y en este caso mucho más, ya que ambos gestores no solo tendrán que reponer 2,9 millones por el perjuicio causado. En el cajón del olvido quedarán para siempre sin explicación esos más de cuatro millones en ayudas que concedió la Xunta, a través de Sodiga y Xesgalicia, a Alimentos Lácteos cuando ya estaba quebrada. Toda una lección también para nuestro maltrecho sector público, convertido en una UCI de empresas desde hace años.

FRANCISCO CONDE
BIENVENIDO EL AVISO DEL CONSELLEIRO EN LA CRISIS DE CITROËN

ES TÍMIDO, aunque se suelta en la distancia corta. Esta vez fue ante un selecto auditorio. En Vigo, con medio sector de la automoción presente, incluido el director francés de la planta de Citroën, el conselleiro de Economía fue algo más que explícito: «La posición de liderazgo en la automoción no se logra solamente reduciendo costes». Francisco Conde, que en demasiadas ocasiones no brilla lo que debiera, probablemente no se ganó al auditorio esta vez, pero sí a gran parte de una sociedad que tiene el sentido común por norma. Y es que Citroën, y su director Yann Martin, saben que están jugando una partida desde una posición de fuerza para ganar los nuevos modelos de la compañía. Reducir costes, en este caso laborales, no es la única vía para competir, y mucho menos con otras plantas dentro de la misma multinacional. El mensaje de Conde no debe caer en saco roto. Bienvenidos avisos así, sobre todo si tienen continuidad.

MANUEL JOVE
INVERAVANTE NO PARA: AHORA DE CASABLANCA AL CORAZÓN DE MÉXICO
ADEMÁS de disparar su fortuna, uno de los gallegos de Forbes, Manuel Jove, también pasó su particular travesía tras la venta de Fadesa, y fue la operación para hacerse primer accionista individual del BBVA lo que generó los quebraderos de cabeza. La entrada en el banco fue apalancada, que se dice en el sector, con deuda, vamos. Y los vencimientos se convirtieron en un problema. Ahora, este año, toca hacer caja y si primero fue la venta de Marineda City, ahora le toca el turno al centro comercial del complejo de Anfaplace, en Casablanca, que se lleva un grupo sudafricano. El importe, 80 millones de euros, que vendrán bien para otros proyectos, como el intercambiador de transportes que en pleno corazón de México DF proyecta la compañía gallega. Algunos echan de menos inversiones más domésticas, aquí, en Galicia, que buena falta hace.

(*) Artículo publicado en la edición impresa del diario El Progreso el sábado 15 de noviembre de 2014.

Un juicio en clave de país
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