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Las manos de Juan, acostumbradas al trabajo en el mar
Las manos de Juan, acostumbradas al trabajo en el mar
Juan -nombre ficticio- es uno de los usuarios de Cáritas, que en la comarca atiende a más de 2.000 beneficiarios. Una ayuda sin la cual, dice, no estaría a punto de lograr lo que más ansía, un empleo, con el que poder mantener a su familia. "Sin trabajo no hay nada", asegura este hombre, que en 2017 volverá a hacerse a la mar

Juan tiene 41 años, una mujer y un hijo de corta edad, que ha vivido toda su vida en España, país al que emigraron hace un lustro en busca de un futuro mejor. Un deseo que esperan que se vea cumplido en 2017, pues Juan está a punto de acceder a un empleo, que le volverá a llevar al mar, sector en el que ya trabajó durante 17 años en su país de origen.

Un momento que espera con ilusión, pero con gran nerviosismo, temeroso de que la cosa se tuerza en el último momento y es que Juan está acostumbrado a los contratiempos en su vida, que ha sido de todo menos fácil. «En Cáritas me ayudaron mucho, tanto con el tema de la comida, pero también para hacer los cursos y para el transporte. Son muy buena gente», dice, con una sonrisa sincera, mientras explica que sin su ayuda no hubiera podido conseguirlo.

El primer contacto de Juan con el red humanitaria es con su Cáritas parroquial, que son voluntarios que viven en su misma zona, recuerdan desde la diócesis de Mondoñedo-Ferrol y cuya labor es esencial y, en muchas ocasiones, más rápida que la Administración Pública, cuya burocracia es más compleja y donde las personas a veces son números, algo que tratan de evitar desde los delegaciones locales, donde hablar con ellos es hacerlo con un vecino más.

Las ayudas para Juan se extendieron, posteriormente, al financiamiento del transporte, manutención y la estancia en una vivienda de alquiler para poder a varios cursos de competencia marinera, que se desarrollan en varios puntos de Galicia, convencidos de que es una formación que lo puede capacitar para el empleo.

POTENCIALIDADES. «Es algo más que justificado porque tenemos claro que es para acceder a un empleo, que es lo que quiere él y nosotros, porque nuestro objetivo no es que vivan de las ayudas, sino que puedan valerse por sí mismos», recuerdan las coordinadoras de zona de la entidad, quienes resumen que la función de Cáritas «no es ayudar, sino acompañar a cada uno en su proceso, que tienen que hacer ellos mismos, y que desarrollen sus potencialidades».

«Tengo muchas ganas de volver a tener un empleo, pues si no hay trabajo no hay nada», señala Juan, quien espera que esta nueva oportunidad que le brindará la vida le permita cumplir otro de sus sueños: «volver a ver a mi padre», al que hace dos años que no abraza. De momento, esta Navidad la celebrará con unos familiares que se desplazarán desde Madrid a Galicia, lo que ayudará a hacerlas más llevaderas. «Comeremos y saldremos a pasear», cuenta de los días que le esperan en compañía de los suyos.

Juan prefiere ocultar en qué localidad vive para preservar sobre todo la integridad de su hijo, un pequeño con el que trata de pasar todo el tiempo que puede y que es ajeno a los problemas que se viven en un hogar en el que tampoco la madre trabaja en la actualidad, aunque con anterioridad estuvo empleada en la hostelería. Al pequeño le encanta el colegio y sus padres relatan que están contentos dónde residen y que no ha sido difícil adaptarse. «Estamos bien con los vecinos, España es un país donde nos han acogido y tratado siempre bien. Estamos contentos», comenta Juan.

Su caso es el reflejo de otros muchos y sirve para poner voz a las dramáticas situaciones que se viven en muchas familias de la comarca, que se hacen si cabe más visibles en días como este de Nochebuena.

BENEFICIARIOS. Un total de 2.223 son los beneficiarios que tiene Cáritas en la comarca de A Mariña, donde cuenta con cerca de ochenta voluntarios, repartidos casi por todas las parroquias.

Son gente que dedica su tiempo a atender a personas necesitadas cuyo número creció a pasos agigantados desde el 2008 por causa de la crisis. «En la actualidad, ha bajado el número de personas, pero ha aumentado el tiempo de necesidad; o sea que las personas que estaban en el túnel siguen en él, como dice nuestro responsable», aseguran las coordinadoras de la entidad en Mondoñedo-Ferrol, que apuntan como posible causa que en Galicia han sido muchos los abuelos que han tirado de pensiones y ahorros para ayudar a la familia y el dinero se ha ido agotando.

Preocupa el incremento de beneficiarios menores de 18 años que reciben ayudas de la institución humanitaria en la comarca mariñana

Una diócesis donde sorprende el incremento de beneficiarios menores de 18 años, que representan en torno al cuarenta por ciento de los que están en los programas de ayudas, un porcentaje muy elevado y que solo está unos puntos por debajo de la franja de 18 a 65 años, que sigue siendo mayoritaria, y a la que se suma el 15 por ciento de los mayores de 65 años.

Las campañas que se desarrollan desde Cáritas van más allá de la tradicionales recogidas de alimentos, que se hacen sobre todo en épocas puntuales. En lo que más gastan sus recursos es en viviendas, tanto en el pago de alquileres como en suministros, pues en ocasiones deben hacer frente al pago de los recibos de luz o gas para evitar que las familias se queden sin esos bienes, que son tan de primera necesidad como la alimentación o la higiene.

De hecho, el 50 por ciento de los recursos se gastan en vivienda, mientras que a alimentación se destina el 29%; el 7 por ciento a calzado; el 6.22 ayudas para gastos de transporte; el 4,22% para educación y formación externa; el 1,70 a equipamientos de hogar y el 0,90 a gastos en farmacia y salud.

Buena parte de la financiación de Cáritas procede de donativos, tanto de particulares como de empresas y fundaciones como Amancio Ortega, Inditex, Barrié de la Maza o Endesa, pero también recibe una asignación de la Conferencia Episcopal, así como de diversas instituciones tanto estatal -a través del IRPF- como autonómicas y europeas. Estas últimas son a través del Fondo Social Europeo, que financia el 80 por ciento de los cursos de formación, que se imparten en función de las demandas de empleo de cada zona -en Celeiro se imparten los de capacitación marinera que corresponden a la comarca- a los que se suman los de competencias básicas y alfabetización digital.

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