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Un agosto que mete miedo

MENOS MAL que agosto ha comenzado con una bajada de las gasolinas! Me parece que va a ser la única alegría que vamos a tener muchos conductores este verano, esa época en teoría tan relajada y feliz. Y más estando en Lugo. Y es que lo de las excursiones a la playa se ha puesto peliagudo con una autovía que en los últimos días pasa más tiempo cerrada que abierta, algo que tampoco nos extraña demasiado a quienes hemos vivido en esa vía situaciones de esas que hacen que te tiemblen las piernas cuando deberías estar más sereno. En noches de vientos fuertes o de nieblas cerradas, una acaba tentándose la ropa para comprobar que está viva cuando logra superar el tramo maldito que va de Abadín a Mondoñedo, donde se hizo una de esas inversiones absurdas tan habituales en este país. El gasto ha sido multimillonario, pero, curiosamente, al final se acaba circulando a menos velocidad que en la vieja carretera nacional. Vamos, que otra vez se ha gastado muy bien el dinero del contribuyente.

Claro que, si las escapadas a la playa se hacen menos tentadoras tras un accidente que nos ha conmocionado a todos, lo de quedarse en Lugo tampoco es jauja con esta huelga de la basura que va camino de eternizarse y que, encima, parece que empieza a darnos miedo a todos.

No paro, por ejemplo, de encontrar tentadoras plazas para aparcar situadas casualmente al lado de contenedores. Se hace evidente que los conductores escapan desde hace tiempo de dejar el coche en un lugar donde pueda acabar ardiendo a manos de alguno de esos desgraciados que se está dedicando a plantar fuego por la ciudad. Es uno de esos detalles que parecen menores, pero que dicen mucho del estado de ánimo de la gente cuando nos acercamos a los dos meses de huelga.

Y con el coche aún tienes solución, porque siempre puedes renunciar a aparcar al lado de un contenedor, aunque el sitio te venga muy bien. Pero la casa sí que no la puedes mover, y si te prenden fuego abajo, solo te queda llamar a los bomberos y confiar en que lleguen pronto. De lo contrario, ya sabes lo que te queda: pagar la factura de los desperfectos y, de paso, seguir pagando el recibo por un servicio que no se presta.

En este mes que mete miedo según arranca, no queda casi ni la esperanza de que el conflicto de la basura se resuelva de una vez. A lo mejor se firma mañana la pipa de la paz, y algún contacto para lograrlo hay, pero tras un conflicto tan largo ya es difícil hacerse ilusiones con una solución que tampoco parece que nadie esté favoreciendo y que está poniendo sobre la mesa razonamientos tan estrambóticos como el de que vivir entre residuos no afecta al turismo, hecho por el mismísimo José López Orozco.

Quizá el almacenamiento de basura, y la peste que genera, esté dañando ya incluso hasta el fino olfato político que siempre demostró tener el alcalde de Lugo, cuya imagen ha sufrido como consecuencia de la huelga tanto como la de los trabajadores o la de la empresa.

A ver, si al menos, se puede empezar a confiar en que los juzgados actúen con alguna diligencia. El último decreto sobre servicios mínimos tuvo ayer respuesta judicial y esta vez al menos ha sido rápida, aunque al Ayuntamiento no le guste el fallo. El anterior decreto se dictó justo al inicio de la huelga, con el Arde Lucus encima, y el juzgado no se dio precisamente prisa en resolver, a pesar de que la ciudad vivió situaciones muy próximas al caos sanitario por la decisión que tomaron entonces los trabajadores de no acatar unos servicios mínimos que consideraron abusivos. Aquel inicio de la huelga marcó el pistoletazo de salida a una tensión que aún sigue.

(Publicado en la edición impresa de El Progreso el 2 de agosto de 2014)

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