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Todas las afrentas de Soria

GALICIA cede al exterior, es decir, a otras comunidades y a Portugal, prácticamente el 31% de la electricidad que produce. La aportación de la red eléctrica gallega a las modestas exportaciones de energía que realiza España se dispara hasta el 63% (algo más de 7.000 gigavatios hora sobre un total de 11.200 gigavatios al año), lo que da idea al menos de la singularidad del modelo energético gallego. Sin embargo, el recibo de la luz, para cualquier ciudadano, ha subido un 33,5% desde que comenzó la crisis, y hasta un 72,3% en los últimos diez años. Las empresas tampoco se benefician de esa ventaja comparativa que representa la cercanía a centros de producción (eólicos, hidráulicos, térmicos, gasísticos) sin apenas coste de transporte añadido. Algo falla en todo esto.

No por repetidos, los rasgos y particularidades que definen nuestro sistema eléctrico son tenidos en cuenta en Madrid, donde se trazan las líneas gruesas de las políticas energéticas. Ahora son las plantas de Alcoa en A Coruña y Avilés, pendientes de un hilo para su cierre tras la coacción por la vía de los hechos a la que ha recurrido la multinacional norteamericana. Megasa (Narón), Ferroatlántica (Cee, Dumbría y Sabón), Celsa (A Laracha) y SGL Carbón (A Coruña) atraviesan también un momento especialmente delicado por el punto y aparte que representa la decisión del ministro de Industria, José Manuel Soria, de acabar de un plumazo con esos incentivos un tanto decimonónicos, es cierto, que encierran los contratos de interrumpibilidad. Hoy en día, es verdad, la estructura de la red eléctrica y su disponibilidad no es la de los años ochenta, cuando se instauró este sistema.

Pero a Soria, el ministro más meritorio en este último tramo del año, parece traerle al pairo Galicia y su sistema eléctrico. Lo demuestra en prácticamente todas y cada una de las decisiones que ha tomado desde que llegó al ministerio. Con el fin de las primas a las renovables no solo paralizó en la práctica la adjudicación mediante concurso de hasta 2.325 megavatios eólicos que había reeditado Núñez Feijóo, sino que dejó herido de muerte a un sector, el gallego, que aporta hasta el 17% de toda la producción eólica española. Con la minihidráulica (Galicia genera el 23% de la oferta española) sucedió otro tanto. Y, entre tanto juego revuelto de la perenne reforma energética, llegaron cierres de auxiliares, y hasta la prometedora e hipersubvencionada T-Solar, en Ourense, cerró sus puertas tras el pinchazo de la burbuja fotovoltaica.

Cierran el círculo energético gallego plantas como las renovadas centrales térmicas de As Pontes y Meirama, o las de ciclo combinado de As Pontes y Sabón, condenadas a un régimen de permanente subactividad que tiene mucho más que ver con la drástica caída de la demanda que trajo la crisis que con la gestión de Soria en el ministerio.

Al titular de Industria, sin embargo, se le pueden atribuir otras tantas responsabilidades, que en Galicia se cuentan por afrentas. Por ejemplo, la crisis del «tax lease», el sistema de financiación y bonificaciones fiscales para el naval que acabó tumbado por Bruselas, y cuya reedición (un nuevo modelo) va camino del fiasco si nos atenemos a los prácticamente nulos contratos realizados hasta ahora en Galicia al abrigo del nuevo régimen de bonificaciones. Soria fue quien pilotó la reforma, baldía a la vista de los primeros resultados.

Sin alejarnos del sector naval, y aunque no es de su directo negociado, el titular de Industria ocupa un papel destacado en la crisis de Navantia, al alimón con los ministerios de Hacienda y Defensa. Aunque la titularidad de Navantia es de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (es decir, depende de Montoro), es Industria quien diseña los planes financieros del grupo de astilleros públicos y quien, en última instancia, financia con créditos blandos su actividad. El resultado está a la vista.

Especial protagonismo ha tenido el ministro Soria en iniciativas que han encontrado frontal rechazo en Galicia, ya sea en San Caetano o en O Hórreo, con la condena, por ejemplo, al sistema de fractura hidráulica (fracking) para obtener gas e hidrocarburos del subsuelo. Industria sigue en sus trece con este cuestionado sistema, y con empresas que llegaron a tener en Galicia su centro de operaciones para España.

Soria habla ahora de estrategia premeditada para aludir al plante de Alcoa, y ya ha recibido amenazas de otros grupos como Ferroatlántica, que acabará en los tribunales si constata una pizca de amaño en la próxima subasta de interrumpibilidad. Desde luego, al ministro le va mucho mejor en Canarias, su tierra, con las prospecciones petrolíferas de Repsol que tanto le gustan.

Cáritas y el fin de la crisis por Navidad

TODO un regalo por Navidad. En muchos aspectos, la crisis es historia, ha dicho el presidente del Gobierno ante un nutrido grupo de empresarios. Mariano Rajoy no debería perder un minuto y enumerar esos «aspectos» a los que alude entusiasta. Uno por uno. Porque a ojos de la opinión pública se agolpan informes y datos que dicen exactamente lo contrario.

Aunque sería suficiente recordar la tasa de paro actual y la prevista para el próximo año en los presupuestos generales del Estado (un 24,7% al cierre de 2014, y un 22,9% para 2015), hay toda una gama de grises sobre la paleta de la supuesta recuperación. Uno de los trazos más oscuros lo aportan Cáritas y la Fundación Barrié, desde luego nada sospechosas de conspirar contra los planes y alegrías del Gobierno.

La fundación de estudios sociales de Cáritas advierte que, actualmente, del medio millón de personas que en Galicia sufre exclusión social, unas 132.000 se encuentran en una situación «severa». Es cierto que la crisis no explica todo, ya que dos de cada tres personas consideradas pobres o excluidas socialmente ya lo eran antes de empezar la recesión. Es el propio perfil de la población gallega, con un alto envejecimiento y, por tanto, mayor dependencia, una de las claves que ayuda a entender el problema, al que se unen cuestiones como el paro de larga duración o la constante caída de la renta por habitante. La supuesta buena noticia es que los gallegos en riesgo de exclusión (un 18%) son menos que la media española, que llega al 25%. Pero, desde luego, hablar de que la crisis es historia suena a palabras vacías. Eso, como mínimo.

ENRIQUE TELLADO. El experimento de EVO Banco comienza a tambalearse

FUE uno de los grandes fichajes de José Luis Méndez en su última etapa en Caixa Galicia, y tras la fusión, y a pesar de su juventud, logró estar entre los elegidos de la fallida Novagalicia, aunque poco o nada se sabía entonces de su gestión. Es Enrique Tellado, que lleva las riendas de lo que hoy es Evo Banco, y siempre anda a caballo entre Madrid y A Coruña. Ahora, un Ere que amenaza con llevarse por delante a cientos de empleados de la antigua red exterior de NCG trae de cabeza a este ejecutivo formado en Boston Consulting. De paso, reconvertirá Evo en una suerte de call center financiero. La pregunta parece obligada: ¿qué hace un fondo de inversión, caso del norteamericano Apollo, como propietario de un banco como Evo? Es el único caso en las finanzas españolas. ¿Hacía falta este viaje para llegar a la conclusión de que esa venta fue un experimento más del Frob? En este caso, con consecuencias dramáticas.

TINO FERNÁNDEZ. La cara y cruz de la gestión del Dépor y de la consultora Altia

FÚTBOL es fútbol, que dijo el mítico Vujadin Boskov, y que ahora Tino Fernández se encarga de comprobar con cierta amargura. El presidente del Deportivo ha batido un récord de contestación por parte de la afición, que critica su gestión por el lío originado tras el asesinato, todavía sin autor conocido, de un Riazor Blues en Madrid. Esa crisis institucional amenaza incluso la próxima ampliación de capital del Dépor. Al otro lado de la balanza se encuentra la evolución en Bolsa de Altia, la empresa que preside Tino Fernández. La capitalización de la consultora en el Mercado Alternativo Bursátil ha marcado otro récord bien distinto este año, convirtiéndose en la empresa de mayor revalorización, algo más de un 106% desde finales de 2013. Altia y el Dépor son cosas bien distintas, y hace falta algo más que gestión empresarial para pilotar un equipo de fútbol. Está claro.

(Publicado en la edición impresa el 13 de diciembre de 2014)

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