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Terras do Miño llega a las aulas a vista de microscopio

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Conocer el río sin salir de clase. Acercar la vida en agua dulce al aula. Observar la flora y la fauna en la distancia. Ver lo que los ojos no ven con un microscopio y conocer mejor y poner en valor el hábitat que tienen al lado de casa. Es lo que hicieron más de 80 alumnos y alumnas de Terra Chá, en Cospeito y Castro de Ribeiras de Lea, a través de los talleres que organiza en centros educativos la Diputación de Lugo sobre Terras do Miño, un espacio protegido que está de aniversario al cumplir su primera década de reconocimiento.

Mari Carmen López, profesora de la USC, y Teresa García, bióloga colaboradora de la universidad, fueron las encargadas de guiar a jóvenes y mayores a través de los ríos y los bosques de ribera, «un ecosistema muy importante en Galicia, pero en el fondo un gran desconocido», en concreto en Terra Chá, donde «está bastante perdido», advirtieron, mientras destacaron su valor natural.

Los talleres, que se desarrollaron con una treintena de escolares de 3º de ESO del Ceip Virxe do Monte de Cospeito y más de medio centenar de alumnos y alumnas de 4º de ESO y del ciclo superior de Xestión e Organización de Recursos Naturais e Paisaxísticos del Ies Trapero Pardo, de Castro de Ribeiras de Lea, contaron con una parte teórica y una práctica.

Las actividades arrancaron con una presentación acerca de la red fluvial en Galicia -la que Cunqueiro definía como «el país de los mil y un ríos»- con el objetivo de acercar a los participantes a su ecosistema «y sensibilizarlos acerca de su conservación y protección». Además, centrándose ya más en el Miño y su zona de protección, que abarca todos los concellos chairegos además de otros muchos lucenses, las profesoras, convertidas en guías fluviales, subrayaron la importancia de llevar a cabo estas iniciativas con los niños y los jóvenes de la zona «para valorar lo que tienen».

La vida en el río

El papel de los bosques de ribera fue la primera parte del taller, donde destacaron su valor para proporcionar sombra al río, conectarlo con el ecosistema terrestre, fijar las orillas, actuar de filtro contaminante, servir de corredor biológico, de refugio o ser el motor de arranque en el funcionamiento del río con el aporte de ramas y hojas en las cabeceras.

La segunda parte, se centró en la flora y la fauna, una comunidad biológica donde «cada animal y cada planta es imprescindible y necesario en la cadena trófica», aseguraron. Así, mostraron a los asistentes los distintos niveles, que comienzan con las algas microscópicas, que el ojo humano ni siquiera ve, y las de mayor tamaño, que «existen también en las aguas continentales y no solo en el medio marino como algunos creen».

Continuaron con las macrofitas (helechos, musgos...) y los distintos árboles, para llegar a un grupo heterogéneo de animales invertebrados (crustáceos, moluscos, sanguijuelas, el mejillón de río y el cangrejo autóctono, ambos en peligro de extinción, o insectos en sus formas larváreas o adultos como los mosquitos o los tábanos), a los peces, las aves y los mamíferos, entre los que destacaron la nutria, el musgaño y el desmán.

Una nueva mirada

Los talleres no fueron solo palabras. Tras las charlas, los asistentes pudieron comprobar, a través de ejemplos, preparaciones y ante las lentes del microscopio, la vida que conocen y la que se escapa a la vista.

«Verán muestras de algas que sirven de alimento a los peces y que luego muchos pescadores imitan en sus anzuelos y también conocerán cómo son las algas responsables de hacer que las piedras patinen cuando van al río», explicaron las profesoras antes de empezar la parte práctica.

También vieron muestras de especies invasoras, como la azolla, una planta que tapa la luz solar y está causando muchos problemas en Galicia; animales como el visón o el cangrejo americano, que «se adaptan muy bien al medio e impiden el desarrollo de otras especies», o mascotas como la tortuga de florida, que cuando sueltan altera el ecosistema fluvial.

En los talleres, además, se hizo especial hincapié en algunas de las mayores amenazas actuales para los ríos: los vertidos contaminantes, las aguas residuales y las agroganaderas -un problema que destacaron en la comarca-, los embalses en los cursos de los ríos y las obras de carreteras o autovías.

ÁREA DE PROTECCIÓN
Terra Chá, Meira y Pol, integrados en la reserva

La Reserva da Biosfera Terras do Miño, la segunda de mayor extensión en la Península Ibérica, está formada por 26 concellos lucenses, entre los que están incluidos los nueve chairegos -Abadín, Begonte, Castro de Rei, Cospeito, Guitiriz, Muras, A Pastoriza, Vilalba y Xermade-, además de Meira y Pol. Su extensión total es de 363.668 hectáreas.

Dos LIC

Una gran parte de la reserva está incluida en la Rede Natura 2000 con dos LIC (Lugar de Interés Comunitario): el Xistral y el Parga-Ladra-Támoga.

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