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Señales de buena voluntad

Son perfectamente visibles, pero muchos conductores se saltan giros prohibidos, semáforos o los sentidos de circulación establecidos

Si las costumbres de los conductores lucenses al volante marcasen las normas de tráfico, cumplir lo que ordenan determinadas señales sería más un acto de fe o de buena voluntad que respetar una obligación legal. Hay lugares donde las infracciones son permanentes.

Y es que recuperar los 680.000 euros que el Concello dejó de recaudar el año pasado en concepto de sanciones de tráfico con respecto a 2015 sería muy fácil y bastaría incrementar la vigilancia policial en Ramón Ferreiro. En esta avenida, más de uno se salta la prohibición de realizar un cambio de sentido en tres puntos, ya que solo frente a la calle Cambria se permite este giro en ambas direcciones.

Uno de los más conflictivos es, sin lugar a dudas, el último en dirección al centro, a la altura del cruce de Salvador Madariaga. En ese punto, es frecuente comprobar que quienes van al mando de un vehículo olvidan la prohibición de realizar un cambio de sentido, una maniobra que solo está permitida para taxis. La situación, que se acentúa notablemente con el inicio del curso escolar por la presencia de varios centros educativos en la zona, provoca no pocos quebraderos de cabeza a quienes bajan desde la Plaza de Bretaña y que se encuentran el paso bloqueado. Incluso quienes acceden desde Pintor Corredoira se topan frente a atascos por la falta de fluidez que provocan todos aquellos que prefieren exponerse a una sanción de 200 euros por realizar un cambio de sentido prohibido en lugar de recorrer los 250 metros que implicaría llegar hasta el semáforo y cambiar allí de dirección.

No solo de saltarse las señales vive el lucense, sino que hay semáforos del entorno del campus prácticamente invisibles para más de uno que, hartos de esperar en determinados cruces, deciden tomarse la justicia por su mano. Es ahí cuando esa regulación se transforma en un tímido stop que, además de para cerciorarse de que el paso es posible, sirva para asegurarse de que la Policía no está presta a captar la infracción.

Otra conversión que aplica más de uno es la de un stop en un apurado y, a veces casi imperceptible, ceda el paso. Uno de los puntos en que este hábito suma más casos es la incorporación a la N-VI en el acceso desde la Calzada da Ponte, donde no pocos conductores reducen a la mitad la señal hexagonal y la dejan en otra triangular.

Claro que en otras ocasiones las administraciones no acaban de ponerlo fácil. Por ejemplo, en la plaza Conde Fontao, en la entrada de la estación del tren, una farola en una glorieta sugiere a muchos que se puede utilizar a modo de rotonda. Pese a ello, la señalización lo único que indica es la obligatoriedad de bordear este elemento por la derecha. En definitiva, cuestión de interpretación y de voluntad.

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