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Vía Romana llega a las antípodas

Juan Méndez (izquierda), con trabajadores de Vía Romana, junto a la bodega. (Foto: Toño Parga)
Juan Méndez (izquierda), con trabajadores de Vía Romana, junto a la bodega. (Foto: Toño Parga)

Hace ahora seis meses la bodega chantadina Vía Romana, ubicada en A Ermida, Belesar, preparaba un cargamento de 80 cajas de botellas de vino para enviar a Nueva Zelanda y, así, colocar por primera vez un caldo de la denominación de origen Ribeira Sacra en Oceanía, en las antípodas españolas. Una empresa importadora se había interesado por los vinos y su intención era distribuirlos en varios restaurantes del país.

Ayer, Juan Luis Méndez Rojo, propietario de Vía Romana, repartía su tiempo entre los preparativos de la feria del vino de Chantada, que se celebrará a partir del día 9 en la villa del Asma, y la puesta en marcha de un nuevo pedido que en menos de dos meses partirá hacia Oceanía.

A los neozelandeses les embelesó el vino de Vía Romana. Dice Juan Luis Méndez Rojo que les entusiasmó la calidad del producto. El Vía Romana 2009, que fue el que se envió a Nueva Zelanda en septiembre, gustó al otro lado del mundo por su gran estructura y su sabor ameno y afrutado, por ser un caldo «fácil de beber que no precisa ir a la barrica para alcanzar una gran calidad», explica Juan Méndez. Y tanto gustó que la importadora llamó a Chantada hace poco para iniciar la gestión de un nuevo pedido. Todavía está por determinar el número de cajas que se enviarán pero la cuestión «es que gustamos y repetimos», explica Juan Méndez.

Los bodegueros de la Ribeira Sacra no rechazan el mercado local y para ellos es tan importante vender sus vinos en Lugo, como en Almería o en Nueva Zelanda. De hecho, en el caso de Vía Romana la producción es la misma independientemente del lugar de venta. «Hay bodegas que tienen una producción concreta para un país. Nosotros no. El producto es el que tenemos y lo enviamos y vendemos donde es requerido», apuntó el empresario. Sin embargo, en un sector en el que la competencia crece y la producción dentro de la propia denominación también lo hace, no se puede decir que no a ningún mercado, ni al local ni al que está en el punto opuesto del globo. Además, cuando se trata de los Ribeira Sacra que compiten por calidad y donde los métodos de producción ya exigen determinado precio de partida, hay que buscar todos los mercados posibles y la importación se antoja irrenunciable.

Nueva Zelanda es para Vía Romana un gran proyecto pero no el único. La firma chantadina tiene presencia en varios países de Estados Unidos, en Reino Unido, Alemania, Suiza o Cuba y también trabaja para entrar en Brasil y México. Para el primero de los casos están negociando y para México ya hay algún trato cerrado.

El secreto

«Vender en el extranjero permite vender un 10% más caro el mismo producto que en el territorio nacional. Ese margen sirve para sufragar los envíos y parte del dinero que se invierte en contactos, misiones inversas o viajes particulares», aclara Juan Méndez.

El empresario reconoce que exportar da nombre pero también tiene sus complicaciones y sus trucos. En el caso de Nueva Zelanda la importadora llegó a Vía Romana a través de amigos comunes del sector del vino, pero esa no es la única forma de hacer negocio fuera. «Hay que trabajar mucho y aprovechar cualquier oportunidad, desde las misiones inversas organizadas por las cámaras de comercio u otras entidades a los viajes que pueda hacer uno como empresario particular», detalla Méndez. «Todas las vías son válidas y nunca se sabe por donde va a salir el contacto», explica.

Los vinos

Saber moverse es importante pero no lo es menos la calidad del producto. La firma tiene una rigurosa filosofía de trabajo y antes de sacar cada cosecha al mercado deja reposar el vino seis meses en los depósitos y otro tanto en la botella, lo que le confiere a sus tintos de mencía una especial configuración. Cuando el vino sale a la venta se encuentra ya hecho y en estado óptimo para el consumo, con todos sus aromas en su máxima expresión.

Desde la bodega chantadina destacaron que la viña es la base de sus caldos. Trabajan con poca carga por cepa y apuestan por la utilización de la variedad mencía, que es la seña de identidad de toda la Ribeira Sacra y es una uva autóctona de Galicia. Además, los propietarios de la firma apuestan por la elaboración del vino sin prisas, con el ritmo que marca la naturaleza tanto a la hora de la vendimia, que siguen haciendo de forma tradicional, como en el proceso de elaboración del caldo.

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