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Restaurados en la iglesia de Vián, en A Pastoriza, sus dos retablos laterales, del siglo XVIII

Retablos de la Santísima Trinidade (izquierda) y la Inmaculada, con la imagen de Santa Lucía al lado
Retablos de la Santísima Trinidade (izquierda) y la Inmaculada, con la imagen de Santa Lucía al lado
La restauradora Cristina Cobas realizó los trabajos, fruto de un convenio entre Diputación y diócesis

La iglesia parroquial de Santa María de Vián, en A Pastoriza, ha recuperado buena parte de su esplendor gracias a la restauración de sus dos retablos laterales, dos piezas de pequeño tamaño pero importante valor histórico, datadas en el siglo XVIII. 

La restauradora Cristina Cobas Macías fue la encargada de ejecutar los trabajos en los conocidos como Altar da Inmaculada, en el brazo izquierdo del templo, y Altar da Trindade, en el derecho. Esta intervención era muy necesaria, ya que tal y como Cobas explicó, ambos estaban "enchoupados en auga", una humedad que provocó que la madera pudriese y estuviese "branda e inconsistente", lo que generó roturas de piezas y lagunas en la policromía. 

A ello se unían otros problemas, como la actuación de la carcoma -aunque ya no había insectos, sí se notaban sus efectos- o la falta de anclajes a la pared, lo que suponía un peligro ya que podía producirse un desplome. Además, Cobas recuerda que estos retablos no fueron diseñados para esta iglesia, sino que procedían de Mondoñedo, por lo que en su momento también se les hicieron ajustes para adaptarlos. 

Además de los males compartidos por ambos retablos, en el caso de la Inmaculada, el altar, de estilo barroco -cuenta con una inscripción que fija su construcción en 1733- y policromado en blanco, rojo y dorado, presentaba el problema añadido de tener que reparar los cortes producidos en las molduras por la colocación de una puerta de cristal, ya desaparecida, para cerrar la hornacina, tal y como precisó la restauradora. 

En lo tocante a su figura, se trata de una virgen de vestir de la Inmaculada, a la que se le retiró una capa de "pintura agrisada, fea, que tapaba a orixinal", devolviéndole sus colores primigéneos. Esta misma actuación fue necesaria en la imagen de Santa Lucía - colocada en la iglesia a la derecha del retablo de la Inmaculada y que también se restauró-, y en la de la Trindade, la más valiosa de todas las del templo.

"É moi boa, a mellor imaxe que ten a igrexa, tanto pola calidade da talla como pola policromía", explica Cristina Cobas de una pieza de autoría anónima que preside un altar neoclásico de finales del XVIII, con una recuperada policromía más austera que el de la Inmaculada, en tonos grises y verdosos y toques dorados. Para proteger esta recuperación de la humedad también se ha decidido separar el retablo de la pared y colocar entre ambos un aislante para prevenir futuras filtraciones. 

IMPORTANTE LABOR DE CARPINTERÍA. Cobas explica que todas las actuaciones desarrolladas han supuesto "un importante labor de carpintería, xa que se refixeron moitas pezas", para lo que se usó madera de castaño. También se ha consolidado la madera y se ha fijado la policromía, además de llevar a cabo una desinfección preventiva, para frenar la aparición de carcoma. 

Los trabajos, que se realizaron en la propia iglesia, se prolongaron durante tres meses. El presupuesto total del proyecto rondó los 17.000 euros y fue posible gracias a un convenio entre la Diputación de Lugo y la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. A través de este acuerdo se realizan actuaciones a lo largo de este año en otros siete templos de Terra Chá y A Mariña. La inversión total es de 163.242,26 euros, de los que el ente provincial aporta el 75% y la diócesis, el resto.

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