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Recuperación: ¿sí o no?

UN país cuyo debate político se ha centrado durante la primera mitad de la crisis en poner fecha exacta a su comienzo, repartiendo culpas y negaciones, se define a sí mismo. Ese cruce de acusaciones generó una esquizofrenia verbal tal que tiene su proyección en la actualidad, cuando apuramos ansiosos los días de una recuperación que unos ven clara y cierta, y para otros no es más que un espejismo. En Madrid, PP y oposición contra el PSOE de Rodríguez Zapatero, primero. Y PSOE y oposición contra el PP de Mariano Rajoy, después. Lo cierto es que, como la lluvia fina, por repetición, los mensajes van calando en la sociedad, y llega el momento en que, empapados de datos, cabe preguntarse si realmente España, y Galicia, asisten ya al inicio de la recuperación económica. El despiste, llegados a este punto, puede alcanzar cotas insospechadas.

Un repaso desde Galicia a estos siete años de frustración permite dibujar lo que los analistas definen como uno de los rasgos diferenciales de la economía gallega: las crisis llegan más tarde, y se asientan en la estructura gallega con cierta ralentización frente a la medida nacional. Esa misma lentitud se produce cuando se da la vuelta al marcador, y comienza a cambiar el ciclo: Galicia tarda más en subirse al carro, y cuando comienza a recuperarse la situación de forma generalizada, nuestra economía todavía muestra signos negativos, sin buenas señales frente a un entorno que logra ir a mejor. La evolución del Producto Interior Bruto gallego en estos años calca esta tesis. Veamos algún ejemplo revelador.

Ahora, cuando vemos el cuadro con cierta perspectiva, tomando distancia, en este caso temporal, entendemos aquellas palabras de Emilio Pérez Touriño y su conselleiro de Economía, Fernández Antonio, un año antes de las autonómicas del 2009 que derrotaron al bipartito. El mensaje, entonces, consistía por activa y por pasiva en «el plus de resistencia» que mostraban los principales indicadores de la economía gallega frente a la media nacional, cuando España ya había entrado en barrena. Los manuales dicen que ese plus de resistencia no era más que una apariencia, una ilusión estadística que vino a demostrar la intensidad de la crisis que, dos años después, sacudiría la economía gallega, ya con Núñez Feijóo relativamente cómodo en San Caetano.

Por el contrario, actualmente, cuando el PIB español toca con la yema de los dedos las tasas positivas, y con un presidente de Gobierno que hasta se ve obligado a matizar públicamente, como acaba de suceder, aquello de que «la crisis es historia», Galicia asiste a un epidosio de relativo desconcierto: los últimos datos indican que la producción de bienes y servicios está estancada, con nulo crecimiento del PIB en el tercer trimestre y con una alarmante caída de la aportación de la industria, en tasas negativas. La conselleira de Facenda, Elena Muñoz, también ha revisado a la baja las previsiones de avance del PIB para este tramo final de año. A Galicia, sobre este escenario, le está costando más salir del agujero negro, frente a las luces que asoman en el escenario nacional. La teoría del rasgo diferencial de la economía gallega parece cumplirse.

Muy lejos parecen quedar en el tiempo aquellas palabras del presidente de la patronal, Fernández Alvariño, cuando pronosticaba hace tan solo un par de meses un «espectacular» 2015 para Galicia. En términos de empleo, volver a tasas de paro precrisis, es decir, previas a 2007, próximas al 8%, va a llevar entre siete y nueve años. Lo dice el BBVA Research en sus análisis, que hasta hace poco eran muy amables con las perspectivas económicas de la comunidad. ¿Y qué crecimiento será necesario para lograr reducir el paro a la tercera parte en esos años de plazo que marca el BBVA? Tres primeros espadas del Foro Económico de Galicia como son Fernando González Laxe, Santiago Lago Peñas y Xoaquín Fernández Leiceaga, reunidos en Lugo esta semana en la jornada final del ciclo «Galicia en clave económica», no dudaron, casi al unísono, en fijar con números una particular hoja de ruta. Galicia debería crecer a un ritmo anual de entre el 3% y el 3,5% para alcanzar esos objetivos en ese plazo, algo impensable actualmente. «Diez años nos llevará volver a niveles tolerables de desempleo», explicó Fernández Leiceaga.

Recuperación: ¿sí o no? La pregunta casi se responde sola. Montoro prevé que el paro no baje del 23% en 2015. Lo dicen los presupuestos generales. Y la Xunta, en sus cuentas, estima que, en Galicia, seguirá por encima del 20%. Podremos hablar, pues, de un escenario distinto, pero con ese nivel de desempleo a corto plazo, nunca de recuperación. Y mucho menos vigorosa.

La absurda cuenta atrás del ministro Soria

EN este juego de trileros en que se ha convertido la próxima subasta de interrumpibilidad para Alcoa todo son gestos. Amagos y decisiones que deberían ser perfectamente reversibles. Por una sencilla razón: son cerca de 800 los empleos a mantener en las fábricas de la multinacional en A Coruña y Avilés. Si Galicia está siempre pendiente de una reindustrialización que no llega, con un sector secundario que hunde nuestros registros de Producto Interior Bruto en esta recta final del túnel de la crisis, todos deberíamos saber que con esto nunca se juega. El ministro de Industria, José Manuel Soria, un aprendiz de brujo metido a nuevo salvapatrias del déficit público, que también lo es el de tarifa, nunca ha tenido la sensibilidad requerida. Sus asesores, que para algo están, mucho menos. Pero, ya se sabe, la política requiere gestos, y el ministro, en público, ni puede ni quiere aparentar debilidades ante un pulso tan explícito. Y, de paso, dejar entrever cualquier atisbo de preferencia en una subasta pública, la próxima, convocada ya. De ahí a la prevaricación habría un paso muy corto.

Alcoa jugó en su día, hace poco más de un año, la baza de la deslocalización, y arrancó del ministro aquello de que no se iría de Galicia por los costes energéticos. Es hora de demostrarlo, desde luego. Pero también es el momento de poner las cosas en su sitio, y cuando se habla de plantas obsoletas para embarrar todavía más el terreno de juego y justificar cierres, los gestores del grupo deberían recordar los beneficios que obtuvo Alcoa en Galicia y Asturias en un año como el 2013: prácticamente 110 millones de euros netos que dan y quitan muchas razones.

YANN MARTIN. Citroën debería buscar la excelencia productiva y laboral

A los éxitos se apuntan todos. Cuando llegan los fracasos solo suele haber un responsable. Eso pasa en el fútbol, en la política y en la empresa, aunque con distinta intensidad y reparto de cargas. La vida misma. El logro de la nueva furgoneta de Citroën, la ya mítica K-9, para la planta de Balaídos se puede entender como un éxito colectivo, con todos cuantos protagonistas quieran apuntarse, pero sin duda es un galón para el director de la fábrica, Yann Martin, su equipo, los trabajadores de la multinacional y las 20.000 familias que dependen del sector de la automoción en Galicia. Porque este premio ha tenido un coste, laboral en este caso, vía reducciones salariales para poder competir con el resto de fábricas del grupo. Quedan algunas incógnitas: los compromisos pactados con la Xunta para lograr el encargo, la nueva política de compras a aplicar a los proveedores gallegos... La excelencia se logra de muchas maneras.

IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN. Iberdrola tira de Navantia y da un respiro a Galicia

UN salmantino muy pragmático ha proporcionado a Navantia un salvavidas en el momento más oportuno. Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, ha tenido sus más y sus menos con el ministro Soria, anunciando el grueso de las inversiones de la eléctrica en el extranjero, pero decide tirar ahora de los astilleros públicos para un ambicioso proyecto eólico marino en Alemania. Fene se lleva un contrato de 90 millones para construir las estructuras de anclaje de los parques. Si Galán cree en Navantia, no parece haber razón para que otras grandes empresas no lo hagan. Y ahora que el astillero volverá a la construcción civil, también parece el momento de que los navieros gallegos, caso de José Silveira y Elcano, que encargan sus metaneros en Asia, miren de una vez a la ría de Ferrol. Y, por el bien de todos, que a su vez Navantia cumpla. No solo en plazos.

(Publicado en la edición impresa el 20 de diciembre de 2014)

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