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Reclusos de Monterroso culminan una peregrinación que iniciaron en octubre

Ocho internos de la cárcel de Monterroso (Lugo) llegaron este jueves hasta Santiago tras realizar el Camino por etapas a lo largo de varios meses, en el marco del proyecto 'Sin barreras', organizado por la asociación de aprendizaje Grundtvig, y que también tiene como fin que los reclusos elaboren un libro con sus experiencias a modo de reflexión.

Tras realizar la última etapa del Camino, que separa la localidad coruñesa de O Pino con la capital de Galicia —unos 20 kilómetros—, el rector de la Universidad de Santiago de Compostela, Senén Barro, dio la bienvenida a los reclusos en el claustro del Colexio de Fonseca, entre los que se encontraban dos españoles, así como personas de diferentes nacionalidades, como Rumanía, Alemania o China.

La primera de las etapas de este programa se inició en O Cebreiro (Lugo) en octubre, y a lo largo de estos meses se han completado otros siete tramos con diferentes reclusos que han participado en el proyecto.

En declaraciones a Europa Press, uno de los internos de origen argentino resaltó que "el hecho de estar en un centro penitenciario significa que uno hizo las cosas mal en la vida", por lo que valoró "la ayuda que supone una salida como ésta".

En su caso, ésta es la primera etapa en la que participa desde que arrancase el proyecto en octubre, y mostró la intención de repetir el año próximo con su novia una vez que obtenga la libertad. "Uno sabe que existe, pero realmente no termina de conocer el Camino hasta que lo realiza", destacó.

En este sentido, subrayó como "una experiencia única" el poder conocer "la paz que aporta el Camino", a lo añadió el valor agregado de realizarlo en unas condiciones de privación de libertad.

Repetir experiencia
Siempre con la sonrisa en la boca, uno de los presos, originario de Liberia, mostró su sorpresa por la gran calidad de servicios que ofrece el Camino como albergues o acondicionamiento de la ruta, ya que siempre creyó "que iba a ser todo mucho más difícil". Así, una de las cosas que más llamó su atención fue el hecho de que hubiese flechas amarillas para marcar el camino a seguir.

"Me encantaría realizar esta experiencia con más tranquilidad, ya que siempre tuvimos que seguir un plazo concreto, poder decir, ando ocho kilómetros y me voy dormir", resaltó este interno sobre la posibilidad de repetir la experiencia en el futuro.

En este programa también participaron el director del centro penitenciario, Víctor Fraga, así como diferentes trabajadores del penal entre los que se encontraban funcionarios, miembros de la dirección, así como un cocinero, un intérprete y un fotógrafo.

Sin prejuicios
Otro de los internos, de origen venezolano, reflejó que esta experiencia supuso para él "poder tener una actitud de proximidad", algo que a su juicio, "surge en el Camino gracias a la multiculturalidad".

Al respecto, explicó que fuera de la ruta jacobea los turistas ofrecen "una barrera" ante los demás, algo "que aquí se transforma". "A veces nos llenamos de muchos prejuicios, y en este Camino se rompen esos parámetros sociales", destacó.

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