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Pompeya

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Título: Pompei. Director: Paul W.S. Anderson. Reparto: Kit Harington, Emily Browning. Cines: As Termas (Lugo), Monforte y Viveiro. Calificación: 1 / 4

«ESTO no es deporte. Es política». Recrear la erupción del Vesubio y la destrucción de Pompeya como quien cuenta el declive del Imperio Romano es un caramelo demasiado apetecible para dejarlo escapar, sobre todo en estos tiempos. Si James Cameron tuvo su ‘Titanic’, y anticipó el derrumbe de toda una época mostrando el excesos de nuestros tatarabuelos, Paul W.S. Anderson no se queda atrás, trazando líneas paralelas entre su ciudad de vacaciones sepultada por la lava y estas turbulencias tan propias del cambio de siglo. El cine de catástrofes cumple, una vez más, su función representativa y reconfortante, donde los personajes que sobreviven lo hacen gracias a sus valores y no a pesar de sus miserias.

Pero ‘Pompeya’ no juega en la misma liga que ‘Titanic’, aunque se le parezca bastante. Esto es un péplum de serie B, y hay que repartir los tiempos para enlazar un circo de gladiadores, un romance entre futuras estrellas de Holly wood y el esperado clímax final de una destrucción total. Con un villano que encarna el poder en toda su dimensión -económica, política y sexual-, la historia de amor interclases se presenta como una ruptura del viejo estatus frente a una nueva forma de entender el mundo. Los amantes imposibles, interpretados por Emily Browning y Kit Harington (Jon Snow de ‘Juego de tronos’) son la hija de un comerciante y un esclavo celta que vio cómo los romanos masacraban a su pueblo.

El volcán -tras avisos menospreciados por los gobernantes- termina arrasando todo lo que iba a ser una ciudad turística en la que invertirían los romanos. El negocio y las promesas de que, quien comprase esa segunda vivienda, se iba a beneficiar de incentivos fiscales, se estaban cerrando en el palco del Berbabéu mientras los gladiadores pelean en la arena. Y a la joven Cassia le pareció que todo aquello era un divertimento impropio de una sociedad avanzada. El senador Corvus tuvo que explicarle cómo iba lo del fuera de juego.

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