Pies planos

Ricardo Rion Giraldo CAMINA mi hijo de forma correcta? Desgasta el calzado de manera asimétrica ¿es ello patológico? ¿Es malo que realice tanto deporte o por el contrario debería realizar más?

Tener hijos es una de las experiencias más maravillosas, pero también uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos en nuestra vida. Por ello, es normal que nos preocupemos por su desarrollo y nos preocupe que una alteración presente condicione su futuro; y en consecuencia nos hagamos preguntas como las anteriores. Lo primero, quiero empezar este artículo mitigando esa preocupación. Sólo debe preocuparnos aquello que molesta, que genera dolor o limita la actividad del niño. La mayoría de los trastornos en la marcha de los niños son trastornos posturales, fácilmente diagnosticables y corregibles con ejercicios o maniobras posturales adecuadas. Además también hay que entender que los niños tienen una capacidad adaptativa infinita, siendo capaces de corregir defectos o errores con el crecimiento. Por ello yo siempre digo a los padres que los niños «curan a pesar de los traumatólogos», ya que por muy mal tratado que esté el niño este tendrá tendencia a la resolución de su problema con el desarrollo.

La presencia de pies planos es una de las causas más frecuentes de consulta por problemas en los pies. En rigor, se puede definir el pie plano como «aquel pie que presenta una deformidad en valgo del retropié (pronación ), asociada generalmente a un hundimiento de bóveda o arco plantar en carga, y una tendencia a supinación de antepié». El pie plano se puede considerar normal hasta los 4 años, debido a la hiperlaxitud de ligamentos a esta edad y a la distribución grasa en el pie que da apariencia de aplanado. Es a partir de 4 años cuando realmente empieza a delimitarse el arco plantar, de modo que el pie plano entre 4-10 años suele corresponder a niños hiperlaxos, capaces de hiperextender los dedos de manos hasta casi tocar el antebrazo; o pueden estar asociados a otros factores como sobrepeso u obesidad, cada vez más frecuentes a estas edades, sin que en ninguno de los dos casos se trate de una alteración patológica del pie. Se debe diferenciar, asimismo, entre la actitud del pie en carga respecto a su actitud cuando se realiza inspección en descarga o ejerciendo tensión muscular, si en ese momento se corrige podemos afirmar que durante el desarrollo será un problema menor.

Existe un amplio rango de normalidad respecto al arco plantar, del mismo modo que existe en la altura del niño, sin que ello implique patología. De hecho, hasta un 20% de la población no llega a desarrollar nunca un arco longitudinal claro y presenta durante toda su vida pies planos flexibles, indoloros y funcionales; sin que ello implique limitación ninguna para actividad. Dicho de otro modo, con los conocimientos actuales nadie se libraría la mili por este motivo.

También me gustaría desmitificar el uso de plantillas y zapatos ortopédicos para corrección de pie plano flexible, que yo mismo sufrí en mi infancia muy a mi pesar. Las plantillas pueden tener utilidad en niños que desgastan mucho el calzado de manera asimétrica pero siempre se debe tener en cuenta que todos los estudios realizados coinciden en que las plantillas generarán únicamente una corrección postural, nunca estructural. Es decir, nunca va a corregir ni a influir en la evolución natural del pie plano laxo, sobre todo si no se asocia a los ejercicios diarios aconsejados; la potenciación muscular del pie sí puede potenciar el arco plantar. Con uso aislado de plantillas o sin ellas el pie resultante tendrá la misma bóveda plantar. Yo desaconsejo el uso de plantillas de manera sistemática ya que generará un gasto económico innecesario, nada despreciable en esta época, que se verá incrementado por la alta tasa de recambio con el crecimiento; además de una limitación importante por el ajuste del calzado y el excesivo castigo sin beneficio que supone para el niño el uso de plantillas que se adaptan a zapatos cerrados en los periodos de verano. Añadiendo que las plantillas contribuyen a que la suela del calzado sea más rígida y ello no favorece el desarrollo muscular del pie.

En la mayoría de los casos, la valoración no es demandada por el niño sino por sus padres que observan asimetría en desgaste de calzado o ven a sus hijos «patosos». No se debe atribuir al pie plano la culpabilidad del dolor de pies en estos niños, sin antes descartar causas que sí suelen provocarlos; ni se puede culpabilizar a estos pies de que el niño se caiga más o corra menos que sus amigos. No hay que convertir una situación fisiológica en un problema médico porque ello puede condicionar psicológicamente al niño de manera innecesaria.

En definitiva remarcar que 1 de cada 5 niños nunca desarrolla el arco plantar. La mayoría de ellos en edad adulta con pie plano flexible, tienen pies fuertes y sin dolor. De este modo lo que se debe descartar es la rigidez del proceso. Una correcta valoración por un especialista en Traumatología a partir de los 4 años puede descartar otras causas de mayor gravedad que pueden generar dolor en los pies, pudiéndose instaurar pautas de tratamiento y corrección postural adecuadas para mejoría: evitando el sobrepeso; con ejercicios sencillos de potenciación muscular; caminar por terrenos naturales (si es posible descalzo ) como arena o césped y calzado adecuado (no ortopédico ), que favorezca el desarrollo del pie. A partir de 5 o 6 años y en ausencia de mejoría nos podemos plantear el tratamiento mediante el uso de plantillas a medida, que sólo suelen ser necesarias en 1 de cada 10 de estos niños. Antes de prescribir plantillas a un niño hay que estar convencido de que las necesita; corremos el riesgo de convertir en enfermo a un niño normal.

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