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Pelillos a la mar

Qse apuestan a que la solución de la huelga de basura nos acaba costando dinero? No se imaginan lo que me gustaría perder, pero ya me está temblando la cartera.

Después de dos meses de sufrimiento para los ciudadanos, se firmó (¡por fin!) un acuerdo que deja para dentro de unos años el cumplimiento de las exigencias retributivas que supuestamente dieron lugar al paro. Resulta que parte del pago de ese dinero - 450 euros al año y no los 600 que se pedían al inicio de la protesta- se deja para cuando acabe el contrato de la actual concesionaria, lo que a los mal pensados nos hace sospechar que la compensación va a tener que salir del bolsillo de todos, vía subida del recibo.

Como todo eso pasará dentro de tres años, pues ya ni nos acordaremos de lo vivido durante la huelga y entonces el cabreo se quedará casi seguro en un rato de despotricar en el bar.

Lo duro, al fin y al cabo, ya lo hemos pasado. E, ironías de la vida, todos vivimos con una sensación de alivio la vuelta a la normalidad. De repente, es casi como que no hubiera pasado nada. Y, de hecho, a efectos prácticos es así, porque la huelga se ha acabado con unos cuantos abrazos, unas palabras de satisfacción de todas las partes y un acuerdo que consagra que no habrá consecuencias para nadie, haya hecho lo que haya hecho.

Lugo ha sido todo un laboratorio de pruebas para que unos y otros midieran sus fuerzas. Ahora, los sindicatos y la empresa saben hasta donde pueden estirar las cosas si entran en conflicto en otra ciudad. Han podido aprender mucho de las reacciones ciudadanas y hasta de la clase política.

Y no importa lo que haya pasado. La empresa se va a cubrir las espaldas manteniendo la denuncia por huelga ilegal, pero es un gesto para cubrir su cuenta de beneficios. Y, para algunos, la firma queda incluso inmaculada. Les sorprenderá, pero hasta sé de gente que cuestiona (para mí que porque son del Real Madrid) que se hable de la figura de Florentino Pérez como uno de los personajes esenciales en el conflicto.

El incumplimiento de los servicios mínimos, en un intento de hundirnos a todos en la inmundicia, no va a tener tampoco, la más mínima consecuencia. Es normal que mucha gente no entienda nada.

Después de dos meses, lo único que parece real (¡y hay muchas fotos que lo atestiguan!) es que Lugo ha estado hasta arriba de basura. Y, por supuesto, que los procedimientos administrativos han seguido su curso como si aquí no pasara nada y han emitido los recibos por el servicio.

Esta por ver si el descuento llega para el próximo trimestre y la gran duda es cuánto nos van a devolver. De momento, en el Concello ya se ha sembrado la duda de que haya que devolver el dinero cobrado por el servicio durante todos los días que ha durado la huelga. El argumento es que, aunque mal, el servicio se ha prestado y, por tanto, hay que pagarlo.

A mí el argumento me deja tranquilísima. Es como si mañana la compañía de teléfono me deja sin servicio pero insiste en cobrarme porque, al fin y al cabo, me ha mantenido la instalación.

Pero no, por lo visto en este caso hay que pagar un parte aunque el servicio que nos hayan dado haya consistido en intentar ahogarnos en un mar de basura.

Qué suerte y qué consuelo tienen los que creen que una huelga no es un simple derecho con algunos límites. Ellos sí deben pensar que lo pasado es pasado y pelillos a la mar.

(Artículo publicado en la edición impresa el 9 de agosto de 2014)

Pelillos a la mar
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