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Patrimonio dos Ancares halla restos de una torre medieval en Baralla

Acceso a una de las cuevas excavadas al pie de la fortificación
Acceso a una de las cuevas excavadas al pie de la fortificación
La fortificación, ubicada en un cerro, tenía como función vigilar el tránsito de personas y mercancías por el puente de Covas

El colectivo Patrimonio dos Ancares ha descubierto restos de una torre de vigilancia y control de la época medieval en la parroquia de Covas, del municipio de Baralla. Los vestigios de esta pequeña fortificación se encuentran localizados en un promontorio, situado a unos 458 metros de altitud y rodeado por el río Neira. Desde la cima, se puede visualizar una amplia superficie de territorio, en el que se incluye el puente de origen romano que hay a unos cien metros de distancia. 

Precisamente, los estudiosos de Patrimonio dos Ancares consideran que la función de este asentamiento era la de vigilar y controlar el puente de Covas, en donde confluían varios caminos, además de un paso del río, que se encuentra cauce abajo y que es conocido como O Porto. También, no muy lejos de los restos encontrados, está el cerro conocido como A Croa o Traspena, donde Vázquez Seijas, en su libro ‘Fortalezas de Lugo y su provincia’, sitúa otra torre medieval, de la que no se conservan restos. 

En la zona, concretamente en el municipio de Láncara, también al lado del río Neira, había otra fortificación medieval en las inmediaciones del puente de Carracedo, en la que se cobraba por las personas y mercancías que cruzasen el viaducto. 

La existencia en la Edad Media de una torre en este promontorio también se respalda en el propio topónimo del lugar, O Castelo.

Los estudiosos también encontraron cuevas excavadas por el hombre en la roca caliza que hay al pie del promontorio

MURALLAS. El recinto está protegido por murallas realizadas aprovechando las rocas y uniéndolas a través de robustos muros realizados con piedras. Los miembros de Patrimonio dos Ancares apreciaron que las murallas podrían haber tenido una altura superior a la actual y sospechan que la piedra que falta fue utilizada, en periodos posteriores, para la realización de otras construcciones. 

Por lo que se refiere a la cumbre del promontorio, hay un espacio de entre 25 y 30 metros, que fue totalmente aplanado de forma artificial. Sería en este punto donde se levantaba la torre. 

Por otra parte, Patrimonio dos Ancares encontró también varias cuevas practicadas en la roca caliza que hay al pie del asentamiento, algunas producto de la erosión, pero en otras se aprecia claramente la intervención humana. 

Para acceder a la más grande, hay que entrar por una abertura de 0,80 centímetros de ancho, pero, en el interior, la caverna se abre bruscamente a una amplia galería de unos tres metros de ancho, cinco de largo y dos de alto. En el fondo de la gruta, se encoge, formando un pasadizo que está bloqueado por un desprendimiento, lo que impide pasar, pero los estudiosos opinan que tras este estrechamiento hay una cueva mucho más grande con dos galerías. 

Precisamente, fue en esta cueva donde un vecino de la zona, concretamente de la cercana aldea de Santo André, Rubén Armada, que encontró hace algunos años restos de un cacharro de cerámica decorado toscamente, que es muy probable que date de la Edad Media. 

CATALOGACIÓN. Patrimonio dos Ancares informó sobre la localización de estos restos y de las características del asentamiento, tanto al Ayuntamiento de Baralla como a la Consellería de Cultura, con el objetivo de que se proceda lo antes posible a su catalogación. 

La zona en la que fueron hallados los restos es frecuentada por aficionados a la escalada libre. En este ámbito, al parecer, es bastante conocida aunque, por el momento, no se registra una gran afluencia de escaladores.

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