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Pacto a la alemana en Lugo

NO SABEMOS SI hay amor entre PP y PSOE o simplemente un matrimonio de conveniencia pero, a tenor de las declaraciones de los portavoces de ambos grupos municipales al término de las dos reuniones mantenidas esta semana para negociar las inversiones del superávit presupuestario, da la impresión de que ambos se necesitaban para evitar el descrédito ante la ciudadanía que supone tener inmovilizados en cuentas bancarias más de 13 millones de euros mientras la ciudad pide a gritos la reparación de calles o la mejora de servicios imprescindibles como los bomberos.

Orozco llevaba meses encerrado en el laberinto creado por las imputaciones judiciales y el plantón dado por el socio que le aupó a la alcaldía pese a no haber sido el candidato más votado. Y tuvo que ser precisamente el jefe de la oposición quien le ayudó a salir del enredo, a cambio eso sí de tener que aceptar toda cuanta petición ha venido planteando el PP en los últimos meses. Quizá por eso el regidor ha preferido que sea su mano derecha, el portavoz socialista Luis Álvarez, quien saliese a dar explicaciones y a agradecer a los populares su voluntad negociadora.

Poco más de cuatro horas necesitaron ambos grupos municipales para esos ‘grandes’ obstáculos que les separaban y a falta de una foto con apretón de manos que seguramente tanto Castiñeira como Orozco querrán evitar, el pacto a la alemana en Lugo parece ya consumado. Además, no habrá que esperar mucho para ver a ambos grupos votar conjuntamente, ya que en el próximo pleno de mayo el PP apoyará el mismo paquete de inversiones de 3,3 millones que rechazó hace solo unas semanas, eso sí, después de haber incluido en el mismo ‘importantes’ aportaciones como la compra de una nueva furgoneta y unas ventanas para el consistorio.

Los populares, a cambio, podrán ver aprobadas en los siguientes meses sus propuestas de obras en calles de la ciudad y en parroquias, que luego intentarán transformar en votos tratando de convencer a los vecinos de su capacidad para decidir en el gobierno local. También consigue el PP con esta negociación que los socialistas al menos se paren a estudiar las propuestas que llevaban meses planteando al gobierno, como la revisión del Pepri, la redacción del estudio hidrológico para conseguir la aprobación del PXOM o la creación de un registro municipal de empresas.

El gobierno en la sombra que Jaime Castiñeira dijo haber constituido al inicio de mandato parece que tendrá a partir de ahora más visualización, aunque está por ver hasta dónde estarán dispuestos socialistas y populares a consensuar las decisiones que se deben tomar en cada concejalía o si el pacto se romperá una vez se haya gastado todo el dinero del remanente.

Lo que sí demuestra esta negociación forzada por la necesidad es que en la gestión de un ayuntamiento como el de Lugo poco puede influir que el gobierno sea socialista o popular, ya que las propuestas de unos y otros apenas difieren sobre en qué calle o pista es más prioritario actuar. De hecho, los nacionalistas, después de haberse quedado fuera de juego al negarse siguiera a sentarse a hablar con Orozco, trataron estos días de desacreditar el pacto PP-PSOE presentando unas propuestas para el gasto del superávit en donde se primaba la política de la subvención frente a la inversión, en un intento de buscar una factor diferencial difícil de conseguir a nivel local.

El problema para el BNG local es que de aquí a final de mandato su capacidad de influir en las decisiones del gobierno local será nula y encima no resultarán creíbles sus críticas hacia un PSOE con el que gobiernan en armonía un par de calles al lado. Ni siquiera la acusación de que los dos grandes partidos están tramando un acuerdo global en las ciudades gallegas donde tienen ediles imputados por corrupción parece que vaya a calar entre una ciudadanía que a estas alturas está más preocupada por resolver sus propios problemas que en atender a las disputas políticas.

Al menos, lo que va a sacar en limpio la ciudad y las empresas de construcción con este pacto a la alemana es la contratación de un importante paquete de inversiones en infraestructuras, ya que desde el improvisado plan E de Zapatero apenas se habían gastado unos euros en rebacheo.

Se busca experto para adjudicar concurso bajo sospecha

No es de extrañar que el gobierno local no dé encontrado un experto que se comprometa a analizar las ofertas de un concurso público del sistema Ora que está salpicado por una operación judicial contra la corrupción. Por muy bien pagado que esté un trabajo que apenas llevará unas horas de revisión de expedientes, la posibilidad de acabar siendo llamado a declarar como testigo por la jueza del caso Pokemon para que se justifique la elección de la empresa hace que varias personas ya hayan descartado formar parte de esa comisión. El alcalde reconoció esta semana los problemas para dar con el tercer experto, después de haber conseguido que dos funcionarios de la DGT ya diesen el sí. Mientras tanto, la empresa que gestiona la Ora con un contrato anulado sigue engordando su cuenta de resultados.

Y si la adjudicación de la zona azul está bajo sospecha judicial, la junta de personal del Concello también acaba de denunciar irregularidades en el servicio de atención telefónica 010, donde intuye que se está preparando el camino para que sus trabajadores pasen a integrar la plantilla municipal sin tener que pasar por unas oposiciones. Piden la anulación del contrato y alertan de que, de no hacerlo, la junta de gobierno podría incurrir en una responsabilidad penal.

(Publicado en la edición impresa el 26 de abril de 2014)

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