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Fallece Beto, leyenda del fútbol sala pontevedrés

Beto abre los brazos en su regreso al pabellón del CGTD
Beto abre los brazos en su regreso al pabellón del CGTD
Beto, exjugador del Rías Baixas, Cefire Burela o Valencia, entre otros, luchaba contra un cáncer linfático desde 2014 ► Tenía 46 años y así describía su lucha en 2015: "No me puedo morir. Le debo un partido a mi hijo"

José Roberto Camilo Lima, conocido en los ámbitos deportivos como Beto, falleció este miércoles a causa del cáncer contra el que llevaba luchando tres años. El exjugador de Rías Baixas, Valencia, Cefire Burela, Avilés, Burgos o Noia tenía 46 años y vivía en A Estrada. Fue un pionero del fútbol sala pontevedrés y todo un ilustre de una Liga Nacional de Fútbol Sala que echaba a andar en los noventa.

Su batalla contra el cáncer comenzó el 25 de julio de 2014. Ese día había ido a Santiago de Compostela para cenar, pero decidió acudir a urgencias porque los dolores de garganta que padecía desde hace tiempo se habían intensificado. Cuando entró por la puerta del Clínico nunca pensó que su vida cambiaría.

En un reportaje publicado por Diario de Pontevedra en diciembre de 2015, el periodista David Acevedo contaba así su historia y la lucha que por entonces mantenía el jugador brasileño:

"Llevaba un par de años que me rascaba mucho la garganta, pero iba al médico, me daban un medicamento y estaba bien tres meses. Iba y volvía a la consulta de manera constante hasta ese día. No me podré olvidar en la vida", explica con mucha seguridad un jugador que marcó una época en las filas del Rías Baixas (desde 1991 hasta 1996). "Decidí pasar por el médico con la suerte de que estaba una otorrino de guardia que hizo que me viera su jefe".

Aquel médico puso nombre a la dolencia que padecía. Sufría un linfoma periférico de tipo tres (cáncer en el sistema linfático). Fue un golpe muy duro. "El médico me dejó claro que tenía un tumor. Me lo dijo directo. ¡Así de crudo! Me quedé absolutamente flipado. Se me acabó el mundo. No sabes qué hacer".

Beto exhibe una gran fortaleza y muchas ganas de vivir, pero reconoce que al principio todo se derrumba. "Lo primero que piensas es que te queda poco y no sabes cómo actuar. Yo por lo menos me quedé de piedra. Lloré un rato largo, pero tuve suerte de que la persona que estaba a mi lado me dijo que en esto estábamos juntos y que íbamos a ganar este partido".

"Estoy jugando para ganar, pero siempre hay dudas porque sé que puedo perder. Tengo ganas de hacer una vida normal", decía Beto en 2015

En la conversación aparece el nombre de una persona clave en su vida. Su pareja por aquel entonces, Dolores, pese a que su relación sentimental se terminó, le brindó su apoyo total, a la vez que Beto demuestra la devoción que siente por ella. "Ha sido la persona más importante y lo sigue siendo. Su apoyo es impagable. Ha sido más importante que mi propia familia, porque ella es la que me cuida, la que me anima, la que está pendiente de mí. Está ahí aunque ya no seamos pareja. Es una amiga de verdad".

Hay una frase suya que delata su pasión por Dolores: "Sin ella lo pasaría mucho peor de lo que lo estoy pasando, porque me lo facilita todo".

Beto es optimista por naturaleza y a las pocas semanas de saber la noticia se propuso llevar una vida absolutamente normal, por eso sigue jugando en veteranos y también a fútbol indoor con los que fueron sus compañeros en el Rías Baixas, lo que no le impide reconocer que "hay días verdaderamente jodidos, en los que no me puedo levantar, en los que no tengo ganas de nada".

Esta dolencia solo se cura con un trasplante de médula, que inicialmente se iba a llevar a cabo el pasado mes de noviembre, pero su donante se echó atrás. "Fue duro porque me había hecho ilusiones". Asegura que eso supone volver a empezar. La ilusión la recuperó a las pocas semanas porque recibió la noticia de que había otro donante, pero está pendiente del resultado de las pruebas de compatibilidad.

"Dentro de lo que tengo no me puedo quejar. Estoy limpio, pero tengo que seguir con la quimioterapia hasta que llegue el trasplante".

A partir del 25 de julio de 2014 comenzó su particular carrera por la vida. "Tuve que ir al hospital cada diez a días a recibir sesiones de quimioterapia durante los tres primeros meses. Se convirtieron en una rutina que sigo llevando bastante bien. Por suerte no he tenido problemas de alimentación, de sueño… es todo bastante llevadero".

"Estoy acojonado (sobre el trasplante). Si digo lo contrario, miento. Lo que tenga que llegar ya llegará"

Beto es optimista porque "por suerte físicamente me encuentro bastante bien", pero cuando habla de la intervención quirúrgica para recibir la médula le entra el miedo. "Estoy acojonado. Si digo lo contrario, miento. Ahora podría decirte muchas cosas, pero realmente tengo miedo, por eso tampoco quiero saber mucho. Lo que tenga que llegar ya llegará".

EN POSITIVO. Aunque es optimista y se aferra a la vida, el exfutbolista que nació hace 44 años en São Paulo reconoce que piensa en la muerte. "Claro que piensas en la muerte. Eso es algo normal. Todo el mundo dice que estoy muy bien y yo me siento así, pero el bicho lo tengo dentro y hay días en los que no estoy bien".

El momento más duro fue cuando recibió la noticia. "Me levanto porque no queda otra. Me podré morir, pero lucharé hasta el límite de mis fuerzas. No me voy a rendir tan fácilmente", comenta Beto, que recalca que "al principio lo que quieres es información, porque deseas entenderlo y es imposible, porque no hay forma de hacerlo. Todos pensamos que estas cosas solo suceden en la casa del vecino y cuando te toca a ti dices: ¿qué cojones pasa? Después tratas de asimilarlo y una vez que lo has conseguido, procuras matar a quién te está matando. Si voy a morir, lo voy hacer matando (se refiere al tumor). Voy a salir adelante como sea. Después del shock inicial tuve claro que ya no había lugar para el lamento".

Sabe que morirse es una posibilidad. "Tengo más papeletas que otro cualquiera. En realidad no es así, pero yo pienso en la muerte todos los días, más que nada porque estoy vivo". Ese pensamiento le provoca hacer hincapié en que "disfruto de cada día porque puede ser el último. ¡Es complicado!".

Usando terminología deportiva Beto recuerda que "estoy jugando para ganar. Siempre hay dudas, pero tengo ganas de hacer una vida normal. Seguir jugando es muy positivo. Nos hemos vuelto a juntar y es una maravilla".

Beto se aferra a la vida porque asegura que todavía tiene que hacer cosas. "No me puedo morir. Le debo un partido a mi hijo. Y yo siempre cumplo con mis promesas". A esa posibilidad se une su compañero del alma, Carlinhos.

Fallece Beto, leyenda del fútbol sala pontevedrés