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Ningún preso de riesgo entre los 80 musulmanes en las cárceles lucenses

Los funcionarios tienen, sin embargo, un protocolo especial de actuación y vigilancia para detectar posibles radicalizaciones

Los expertos coinciden a la hora de trazar el perfil del yihadista que está actuando en Europa y en que las prisiones son uno de los principales focos de reclutamiento. El completo análisis Evolución del perfil del yihadista en Europa, de la analista Natalia Municio Mújica y publicado recientemente por el Instituto Español de Estudios Estratégicos, recoge las claves, marcando claramente las diferencias que se han registrado desde la traumática entrada en escena de terrorífico Daesh.

"¿Qué tienen en común estos 'soldados' del Califato?", se pregunta Municio, para responder: "Más del 70% son hombres de segunda generación cuyos padres son oriundos de países como Argelia, Marruecos, Túnez, Malí o Jordania. Crecieron en el seno de familias de clase media-baja... Decidieron, en su mayoría, abandonar sus estudios básicos y los pocos que accedieron a la universidad la abandonaron al poco tiempo. Asimismo, muchos cayeron en las garras de la delincuencia y las drogas, delitos por los que tuvieron que pasar algún tiempo en prisión".


En estos momentos, y desde hace años, nadie ha solicitado la presencia de un imán habitualmente para que dirija los rezos


Es en estas circunstancias en las que entran en escena los captadores. Se acercan a ellos en su momento de mayor desamparo, con muchos sin nada ni nadie a quien recurrir en prisión, y les ofrecen el apoyo y los favores del grupo. No se trata de que todos los presos en estas circunstancias, ni mucho menos, vayan a caer en la redes del Daesh. Ni siquiera puede afirmarse sin mentir que la simple radicalización religiosa de alguno de ellos desemboque inexorablemente en terrorismo. Pero sí que hay un riesgo evidente y real para una minoría, y que, como estamos comprobando, bastan muy pocos individuos y medios para cometer un atentado.

Por este motivo, Instituciones Penitenciarias tiene establecido ya desde hace años un protocolo especial de vigilancia y seguimiento. El objetivo es doble: preventivo, para evitar en lo posible el contacto de los elementos radicalizados con otros presos; y de recogida de información que sirva en la lucha contra el terrorismo fuera de las prisiones.

Lugo no es diferente en este sentido. En las dos cárceles de la provincia, Bonxe y Monterroso, hay en estos momentos alrededor de 80 musulmanes, aunque es Monterroso donde se acumulan la mayor parte, unos 60. Pero tanto en una como en otra, explican a este diario fuentes de Prisiones, los que realizan el rezo como fieles entregados son una minoría. Estos, tampoco disponen de lugares específicos habilitados como mezquitas para rezar y, por lo general, rechazan hacerlo en las capillas polirreligiosas de las que se dispone, así que lo hacen en sus celdas. Ni siquiera en Ramadan se les permite vulnerar las rutinas diarias internas, aunque sí se respetan sus rezos y sus horarios de comidas.

En estos momentos, y desde hace años, nadie ha solicitado la presencia de un imán habitualmente para que dirija los rezos, aunque sí es verdad que asociaciones musulmanas en la comunidad lucense han solicitado reiteradamente permiso para que un imán pueda trabajar con los presos, sin que hayan recibido permiso.

Esto no evita que los funcionarios estén alerta. En caso de sospechas de radicalización de algún preso, se extrema la vigilancia sobre las relaciones que establece, con quién se comunica y con quién deja de hacerlo. "Hay cosas que es más fácil detectar en prisión que si están fuera", comenta una funcionaria de prisiones de Lugo, "por ejemplo los cambios en la ropa, aspecto en incluso físico que se pueden producir cuando se está en un proceso de radicalización. Algunos dejan de hablar con todo el mundo, empiezan a poner distancia en la comunicación con los funcionarios e incluso se puede percibir si discuten airadamente con otros presos por cosas que antes ni les importaban".

Otro punto importante de control son las lecturas y lo que escuchan, "porque algunos de pronto empiezan a leer siempre lo mismo, o a recitar constantemente pasajes del Corán o incluso piden que se les facilite determinado tipo de fatuas".

Ningún preso de riesgo entre los 80 musulmanes en las cárceles...
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