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Mensajería a la antigua usanza

Tres momentos distintos del acto en Cervo. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Tres momentos distintos del acto en Cervo. JOSÉ Mª ÁLVEZ

Gracias a películas como Valiant los niños saben del importante papel que jugaron las palomas mensajeras en el pasado, convirtiéndose en un vehículo de transmisión de noticias lo más efectivo en épocas de guerra, por ejemplo, pero también en otros órdenes de una vida, en la que nadie osaba siquiera soñar con algo parecido a internet. Pero lo que pocos habían podido hacer era ver y tocar a alguna de estos héroes y heroínas de carne y hueso, hasta ayer, en el que el colegio de Cervo acogió una demostración del trabajo de estos frágiles carteros.

Los escolares cervenses pudieron conocer de manos de los expertos de la asociación colombofílica Mensajeras del Cantábrico cómo se entrena e identifica a las palomas, sus hábitos alimenticios y cuidados que necesitan estas aves, que son muchos, ya que son muy frágiles, para que puedan ser las mejores mensajeras del mundo, un arte que ha pasado de ser un medio de comunicación a convertirse en la actualidad en un deporte, que cuenta con muchos seguidores por todo el mundo, que se niegan a que la tradición caiga en el olvido.

Las palomas, si están bien entrenadas, pueden recorrer kilómetros y volver al punto de partida gracias a su excelente orientación.

Beneficiarios

La actividad fue posible gracias a la colaboración de las fundaciones Alcoa y Puro Cora, vinculada a El Progreso, un esfuerzo común que permitió que sesenta escolares, de entre 5 y 12 años de edad, participar en esta divertida experiencia, la mejor manera de cerrar una semana lectiva.

Una veintena de palomas participaron en los ejercicios prácticos, que hicieron las delicias de los más pequeños, pero que también los profesores siguieron con sumo interés pues es algo muy difícil de ver en la comarca.

La jornada se enmarca dentro del programa Aula Verde-Azul que lleva a cabo la Fundación Puro Cora con el objetivo de contribuir a fortalecer la educación medioambiental en A Mariña, una tarea que se consigue gracias también al apoyo de la Fundación Alcoa, que destina 3.000 dólares para la fundación lucense por la implicación de la actividad de voluntarios de la fábrica.

Solidaridad

Los trabajadores del complejo de San Cibrao son la mejor muestra del desarrollo del trabajo solidario, pues las 1.300 personas que componen la plantilla participaron el pasado año en algunos de los programas específicos que desarrolla la Fundación Alcoa, los llamados Bravo y Acción, que premian la labor solidaria de los empleados.

El principal objetivo de las ayudas, que se destinan a organizaciones sin ánimo de lucro, es mejorar la calidad de vida de las comunidades en las que la compañía está presente. Así, y gracias a la colaboración de la plantilla de Alcoa, la Fundación de la entidad, que se sustenta de sus propios activos financieros y no de los beneficios que genera la multinacional, aportó más 935.000 dólares, que se repartieron un total de 185 entidades de la zona, un dinero que les permitió desarrollar actividades de lo más diversos y que fue posible gracias a que los trabajadores dedicaron casi 262.000 horas de su tiempo libre en actividades para la comunidad.

El complejo industrial de Alcoa en la comarca está ubicado entre los municipios de Cervo y Xove y está integrado por una planta de aluminio y otra de fabricación de alúmina, que comparten servicios comunes, entre los que destaca el puerto.

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