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Medio siglo y un océano, en un click

Benjamín Balsa llevaba años buscando a su familia gallega, con la que su padre perdió el contacto en 1967. No tuvo éxito, hasta que colgó un aviso en el portal de Facebook Lugo en Fotos. En solo un día se produjo el milagro.

Un único y muy afortunado click virtual bastó para salvar los 50 años y los 10.000 kilómetros que separan a las familias Balsa de Abadín y Argentina. Un viaje espacio-temporal que tiene su origen en los años 20 del pasado siglo y cuyo penúltimo capítulo se escribe en las redes sociales.

Benjamín Balsa es un investigador argentino, vecino de Julumao (Andalgala, provincia de Catamarca). Interesado por preservar sus raíces, recopiló la historia de su estirpe en la obra Radiografía de familia, aunque con una laguna, faltaba el devenir de sus parientes españoles, la familia de su padre, Benjamín, y de su abuela, Dorinda, oriundos de Abadín, que perdieron el contacto con este lado del Atlántico en 1967, fecha de la última carta intercambiada.

Benjamín sabía que sus bisabuelos de Abadín, Federico Balsa y Joaquina Leal, habían tenido once hijos. Su abuela emigró, junto a su hermana María Efigenia, a Argentina en 1926, siguiendo los pasos de su hermano José. Dejaba tras ella a un hijo de 13 años, fruto de un amor de juventud con un joven alemán que dejó Abadín sin saber que Dorinda estaba embarazada. Una vez instalada y con la ayuda de su hermano Jesús desde España, reclamó a su hijo, que viajó en 1927.


Todos tienen la ilusión de conocer a Benjamín en persona, un deseo que él comparte


Nunca volvieron, pero no olvidaron jamás sus raíces. Dorinda fallecía en 1976, dos años después que su hijo, haciéndole prometer a su nuera, Paula Crisanta, con la que Benjamín se había casado en 1967, que intentaría recuperar el contacto con la familia gallega, un compromiso que ella tuvo siempre presente, guardando "infinidad de anécdotas e historias" que le transmitió a su hijo Benjamín.

Él hizo suya la promesa, y la cumplió. "Busqué por muchos medios pero fue imposible hasta que el 16 de abril, estando en el trabajo en el Museo Samuel Lafone Quevedo, decido pedir la solicitud al administrador de la página Lugo en Fotos, el señor Julio Méndez", recuerda Benjamín. Contó su historia y en apenas 24 horas obtuvo la ansiada respuesta que llevaba años esperando. Una bisnieta de Federico Balsa, Anabel, que vive en Abadín, respondió.

"Fue un día feliz para mi madre Paula, de 97 años, para mi niño Benjamín y para mí. Ahora nos sentimos en familia aunque sea en la distancia", resume Benjamín, mientras Anabel, sorprendida y contenta, explica cómo dio con él: "Entereime por unha persoa que me mandou un whasapp, e en nada outras dúas persoas tamén me avisaron".

"Non era algo esperado, pero si moi ben recibido", asegura. Sabía que habían emigrado tres hermanos de su abuelo, pero desconocía quién podía quedar. "Estamos encantados, falando con el, poñéndonos ao día e descifrando a nosa árbore xenealóxica", dice, agradecida a quienes con un simple gesto, un click para compartir un mensaje, lo han hecho posible.

"Quedei coa boca aberta", confiesa otro de los primos abadineses, Jorge Balsa, ya en contacto permanente con Benjamín, intercambiando datos para reconstruír juntos casi un siglo de historia.

Y a ello también puede constribuir Pilar Balsa, hija del más joven de los hermanos Balsa Leal, sabedora de que podía quedar familia por lo que le contaba un familiar que emigró. "Hai tantos anos..." dice, recordando que cuando ellos se marcharon "aínda miña nai non se casara co irmán deles".

Todos tienen la ilusión de conocer a Benjamín en persona, un deseo que él comparte. Los separan 10.000 kilómetros y un océano pero, tras saltar 50 años en un click, ¿quién duda de que sea posible?.

Medio siglo y un océano, en un click
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