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Los turistas hacen cola en el Castro Candaz

Un grupo de visitantes en Castro de Candaz
Un grupo de visitantes en Castro de Candaz
Los vecinos de las aldeas cercanas a este enclave en el cauce del Miño improvisaron carteles y aparcamientos para canalizar a los visitantes

El nivel del agua del embalse de Belesar ha bajado de manera drástica en los últimos meses y ello ha provocado que excepcionalmente queden al descubierto aldeas que el Miño anegó cuando se puso en marcha el salto en 1963. Es el caso de la localidad chantadina de Castro Candaz, que recibe cientos de visitas en las últimas semanas, lo que obligó a los vecinos de las poblaciones cercanas a desplegar todos sus recursos para dar cabida a tanta gente . 

Los habitantes de Xillán, Sobrecedo, Enviande, Mosteiro, Pedrafita (cabecera parroquial) o Paracostoira han dispuesto señales y aparcamientos para facilitar la visita y mitigar las aglomeraciones que se producen fundamentalmente los fines de semana. 

Desde que el visitante deja la Nacional 540 y toma los desvíos de Paracostoira o Sobrecedo ya hay multitud de carteles que señalizan el camino. Explican los residentes en el entorno que tomaron la decisión de colocarlos dada la cantidad de gente que se perdía por los caminos rurales en busca del lugar. 

"O camiño que vai cara ao río é moi estreito, non collen dous coches e xa temos sacado a máis de un que non daba manobrado"

En Xillán, la aldea más cercana a Castro Candaz, hubo que tomar medidas más drásticas y colocar señales en las que se recomienda dejar el coche en la parte alta del pueblo y recorrer a pie el último kilómetro de sendero entre viñedos para ver Castro Candaz. "O camiño que vai cara ao río é moi estreito, non collen dous coches e xa temos sacado a máis de un que non daba manobrado", explicaba este lunes uno de los vecinos. "Por iso se puxeron os carteis e tamén para pedir que non desfagan o que queda do antigo pobo porque a xente move as pedras e tira cos muros", añadió. 

Los fines de semana en Pedrafita y Xillán también habilitan algunos prados como aparcamiento para evitar que las aldeas se colapsen. "Aquí normalmente non vén ninguén. Antes de acabar o ano, cando xa o río ía moi baixo, ao mellor un día xuntábanse catro ou cinco coches que aparcaban en calquera curro, pero estes últimos domingos houbo centos de coches, así que non quedou outra ca improvisar aparcamentos", añadía un residente en Xillán. 

El trasiego de gente entre los viñedos que dan a Castro Candaz es continuo los festivos y fines de semana. A los turistas les impresiona el poblado que emerge de las aguas, pero reconocen que el camino para llegar es en sí mismo un espectáculo, especialmente para aquellos que no conocen el viñedo dispuesto en bancales que caracteriza la Ribeira Sacra. 

Una vez abajo, Castro Candaz es una pequeña península rodeada por el río Miño y su afluente Enviande. En ese promontorio se mezclan restos de antiguas viviendas y de una fortaleza medieval destruida en las Guerras Irmandiñas y reconstruida posteriormente. Se cree, además, que todo esto fue levantado sobre un antiguo castro, pero nunca llegó a ser excavado porque desde la puesta en marcha del embalse hace medio siglo el agua lo cubre todo.

Los turistas hacen cola en el Castro Candaz
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