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Los expolios y ataques en cuevas de O Courel quedan impunes

Una de las expediciones en la cueva Taro da Lastra en la que se encontraron restos de la presencia de furtivos
Una de las expediciones en la cueva Taro da Lastra en la que se encontraron restos de la presencia de furtivos
La dificultad de localizar a los cazatesoros y a los agresores impide aplicar las sanciones que contempla la Ley de Patrimonio. En Taro da Lastra se encontraron indicios de movimientos de tierra para buscar cerámica y en el monte Cido también actuaron los furtivos

Las montañas de O Courel esconden unas 200 cuevas. De esa cifra solo se ha accedido a una cuarta parte y la mayoría solo son aptas para expertos en espeleología y barranquismo. Esa innacesibilidad mantiene intactas y a salvo de los expolios a una parte de las cavidades. Sin embargo, las cuevas de más fácil acceso y las más conocidas ya sufrieron varios ataques por parte de furtivos y buscadores de tesoros, delitos que normalmente quedan impunes por la imposibilidad de localizar a los infractores.

Entre los yacimientos esquilmados están la cueva de Taro da Lastra (ubicada en la localidad courelesa de Mostaz), la Cova das Choias (Brollón) o el entorno del Monte Cido, también en O Courel.

El departamento de Patrimonio de la Consellería de Cultura tiene abiertos desde 2013 dos expedientes por sendas denuncias de expolios en la cueva de Taro da Lastra y agresiones en el Monte Cido. En septiembre de ese año, en coordinación con la Guardia Civil y con un espeleólogo monfortino que dio la voz de alarma y presentó sendas denuncias, se hizo una inspección a los dos lugares y se encontraron "indicios de movimiento de tierras producto de la acción de los furtivos", según la información aportada por la propia delegación de Patrimonio. Se estableció un dispositivo entre el Ayuntamiento, la Guarda Civil y el Seprona para vigilar los yacimientos, pero no dio frutos y consta que los saqueos continúan.

El problema, explica el departamento de Patrimonio, es la "dificultade de localizar aos infractores no momento da acción", lo que deriva en que la mayoría de estos delitos queden impunes.

En la cueva de Taro da Lastra hay varias salas. En las más profundas se encontraron restos fósiles que fueron debidamente tratados y musealizados. Pero desde 2013 se detectaron en varias ocasiones evidencias de que los furtivos removieron la entrada y la primera sala de la cavidad en busca de objetos cerámicos que podrían datar del siglo X.

Esa cueva es de acceso sencillo y registra varios niveles de ocupación. Los expertos que la visitaron creen que tiene potencial para ser excavada y recuperar materiales de diversas épocas, aunque los furtivos se están adelantando.

En el Monte Cido hay varios yacimientos al aire libre. En esa zona está el propio Castelo de Carbedo y en el monte trasero hay varios túmulos. En ellos aparecieron, por ejemplo las conocidas Téseras de Hospitalidad de O Courel, de origen celta, y el entorno es una de las zonas favoritas de los cazatesoros.

En otras cavidades, como la de As Choias, no hay saqueos, pero sí daños en el entorno. En esa caverna hay un musgo luminiscente que está entre las especies amenazadas, ya que solo se localiza en una quincena de lugares de la Península Ibérica. Si se pisa o se golpea se puede destruir.

En la propia oquedad de Taro da Lastra y en otras como la Cova do Carballo del valle de Lóuzara aparecieron estalactitas y estalagmitas destrozadas.

La Xunta de Galicia explica que en estos casos la colaboración de la ciudadanía es fundamental tanto para difundir el legado histórico y artístico como para protegerlo. Así, anima a aquellas personas que detecten alguna agresión contra el patrimonio a que denuncien las conductas "para loitar contra este tipo de atentados".

Con la actual ley de Patrimonio, las sanciones por expolio o daños oscilan entre los 60.000 y los 150.000 euros pero el proyecto de la nueva normativa que se prepara las eleva hasta el millón de euros.

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