Los amigos y las ocasiones


LUNES
Un pianista italiano, Alberto Nosè, avalado por el primer premio del XV Concurso Internacional Paloma O’Shea, ofrece un concierto en la Filarmónica. Asisto a la primera parte: incapaz de sobreponerme a ciertos tics masoquistas, a las diez de la noche quiero ver el segundo round del combate entre Rajoy y Zapatero. Me empapo de Chopin, un compositor especialmente apto para el lucimiento de los intérpretes y el deleite del público.

En este mismo salón, Chopin sonó muchas veces interpretado por pianistas superlativos, como Jörg Demus. El niño prodigio Pepito Arriola (que los betanceiros dicen que nació en Betanzos y los ferrolanos que nació en Ferrol) también había incluido a Chopin en el concierto que dio en Lugo cuando todavía no había cumplido los doce años. Esa edad rondaba otro chopiniano precoz, el vilalbés Ramón Luis Chao, aclamado asimismo en el Círculo. "Otro Pepito Arriola", decían los aficionados, boquiabiertos. La profesora de Chao era Lolita Pérez Jaraiz, querida amiga nuestra fallecida en Valencia hace bastantes años. El chico desgastaba el teclado a fuerza de pasar y repasar la pieza de Galos El lago de Como. 

Todavía a principios del siglo anterior, en España se creía que Chopin era un compositor débil, especialmente indicado para señoritas lánguidas. Solemne tontería. Las familias lucenses más distinguidas se rifaban por invitar al salón de sus casas a Emilia Quintero y Calé, una pianista que era reclamada de toda Galicia. Podría haber hecho una gran carrera como solista, pero los tiempos no eran propicios. Emilia era hija de la escritora Emilia Calé y de su marido, el periodista y funcionario Lorenzo Gómez Quinteiro. A la chica debía parecerle que lo de Quinteiro era poco distinguido y prefirió castellanizar el apellido. En realidad se llamaba Emilia Gómez Calé. Los Gómez-Calé vivieron en Lugo bastantes años.

MARTES
He aquí un dato, nada científico, que brindo a los aficionados a establecer relaciones de proporción directa entre expectativas electorales y asistencia a mítines: parece ser que a algunos actos del PSOE acude menos gente de la prevista. (Quizá, pienso yo, porque su horario haya coincidido con el de un partido de fútbol televisado). En cambio, cosa curiosa, tengo noticia fehaciente de que en algún mitin electoral del Bloque el aforo del amplio local se cubrió holgadamente, no sólo por la presencia de la fiel parroquia, lo que se daba por descontado, sino por el refuerzo de insospechada clientela. Dispongo de constancia fotográfica: en el acto principal de la campaña del Bloque en un municipio de A Mariña (Quintana en la tribuna de oradores), la hinchada comarcal se vio acrecentada gracias a un reducido pero significado grupo de simpatizantes procedentes de formaciones claramente antitéticas con la organización frentista. 

Cuando don Juan Menéndez Pidal, asturiano, hermano de don Ramón, era diputado conservador por Ribadeo (de esto va corrido bastante más de un siglo) se decía que en sus espaciadas visitas al distrito recibía pleitesía y promesa de voto por parte de todos los liberales de la comarca. La reverencia y el ofrecimiento se acompañaban indefectiblemente, eso sí, de la solicitud de algún favor particular, siempre entregado por escrito y en mano. En todo tiempo, queremos decir, el poder y la influencia han movido más voluntades que los principios.

Ciudadanos votando en un colegio electoral de Lugo (Foto: Sebas Senande)

Llegado a Ribadeo para pasar siete u ocho días, don Juan se alojaba en casa de don Federico Martínez, en la habitación ‘de los obispos’, así llamada porque era la reservada para los prelados mindonienses cuando tocaba visita pastoral o función pontifical. La estadía de don Juan convertía aquella casa en una auténtica meca, a la que acudían gentes de toda laya (y de toda ideología) en reafirmación de fidelidad y búsqueda de favor. La primera noche caía, cómo no, la inevitable serenata de bienvenida. Y luego, un día sí y otro también, banquete con selección de invitados: un privilegio social y gastronómico. La víspera del regreso de don Juan, ora a Madrid, ora a las Asturias, el banquete se transformaba en banquetazo, con despacho de tarjetas. Se levantaban los asientos del teatro y se encargaba el menú a María de Redondo. Las langostas solían traerlas de Tapia: lástima no las trajesen de Rinlo, que son las más exquisitas del Cantábrico, si nos fiamos del gusto de Cunqueiro. Don Vicente y don Amando Pérez Martínez, primos de don Federico, el generoso huésped de don Juan, eran fijos a mesa y discurso. Otro que no fallaba era don Fernando Méndez Sanjulián, a quien tanto debemos los ribadenses interesados por las cosas de antaño. 

SÁBADO
La ley electoral dice que hoy hay que reflexionar. Una tontería como otra cualquiera. Pero lo que a mí de verdad de molesta es que las elecciones de mañana coincidan con el Domingo de Lázaro. ¿Quién irá hoy en Viveiro a la ‘festa das tortillas’? ¿Quién bajará hoy en Lugo al barrio de A Ponte, a poner el Santo y comprar las rosquillas? ¡Elecciones el Domingo de Lázaro! Como dijo Varela Hortas cuando era alcalde interino (tiempos de don Constantino Velarde) y lo despertaron a la hora de la siesta para una urgencia, “aquí ya no hay respeto para nadie”.

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