Lidia Carballo, nutricionista: "Se da de postre galletas Oreo"

La nutricionista Lidia Carballo lleva seis años diseñando menús para colegios lucense, en los que a menudo observa un exceso de proteína y ausencia de variedad
Alumnos en un comedor escolar
photo_camera Alumnos en un comedor escolar

Croquetas de primero, milanesa de segundo y de postre, galletas Oreo. Este menú, una bomba calórica completamente desequilibrada, es un ejemplo real observado en el pasado por la nutricionista Lidia Carballo al repasar los planes de comedor de algunos centros para los que diseña menús. Lleva seis años haciéndolo y observando cómo se redunda en algunos errores.

"Se da un exceso de proteína. Por ejemplo, pescado de primero y carne de segundo. Se abusa de los postres azucarados, como flanes o incluso eso, galletas Oreo. Hay poca verdura. La única preocupación es que los niños coman, que no se vayan con hambre", dice. Para lograr ese objetivo se acaban rebajando las exigencias de un menú variado y equilibrado. Carballo explica que, si bien hay cuestiones que generalmente se tienen ya asumidas, como la de evitar los fritos, todavía cuesta introducir otras. Como no gustan las verduras, se reducen al mínimo; como la fruta no entusiasma, el postre es dulce...

Los padres reclaman a los centros que adapten los menús a los gustos de los niños y los colegios quieren que los niños salgan satisfechos y los padres no se preocupen. Al final, para conjugar ambas cosas el menú acaba alejándose del ideal.

El comportamiento en muchas casas es similar, advierte Carballo. Centrarse en el objetivo de que el niño coma hace peligrar el de que coma sano. Se recurre a cenas diarias de alguna proteína con patatas fritas, se obvia la fruta completamente o las legumbres o se crean rutinas de desayunos o meriendas dulces. 

Lidia Carballo: "Se tiende a dar un exceso de proteína, poca verdura y se abusa de los postres azucarados, como los flanes"

Además, se tiende a usar la comida como recompensa, una asociación ante la que Carballo alerta. "En vez de decirle al niño si haces esto o lo otro te puedes comer una chocolatina, sería mejor decirle si haces esto después damos un paseo juntos o vamos al parque", apunta. Que el incentivo traiga implícito moverse ayuda también a evitar el creciente sedentarismo infantil. 

La nutricionista detecta un claro Rubicón en la alimentación infantil. Hay un antes y un después en lo que se hace hasta los dos años, cuando los padres piden asesoramiento a los pediatras y tienden a seguir sus consejos, y a partir de entonces. "Si el pediatra pide que se sale muy poco el puré del niño y se le hace caso ¿por qué después se le dan patatas fritas industriales, que están saladísimas?", se pregunta. 

La nutricionista recuerda que el gusto por lo salado y por lo dulce se construye en la infancia y que, con el tiempo, el abuso deriva en problemas de salud, como la hipertensión. Si el paladar se acostumbra a esos productos, el resto de la comida parece sosa, tiene poco interés. En la infancia se echa a perder una ventana de tiempo perfecta para educar un paladar si no se aprovecha el momento. Muchos progenitores defienden la inocuidad de las patatas fritas o las galletas de chocolate cuando se trata de algo excepcional, que se da solo una vez. "Pero el problema es que no es solo una vez, acaba siendo una costumbre", apunta la especialista. 

SOBREPESO. Cuando un niño tiene sobrepeso u obesidad —algo que se da cada vez con más frecuencia— es algo difícil de asumir por los padres, explica la nutricionista. Les cuesta reconocerlo, dice, aunque el caso sea claro y pese a que esos términos, aunque se usan con alegría y fuera de contexto, en realidad están muy bien definidos en la literatura médica y, como el sobrepeso infantil es un predictor de obesidad en la vida adulta, conviene introducir cuanto antes buenos hábitos de alimentación y de práctica de ejercicio. 

Al mismo tiempo, Carballo observa otro fenómeno reciente en su consulta: la preocupación porque las jóvenes, específicamente chicas, engorden aún estando en un peso normal; es decir, una preocupación estética. Explica que ve casos de madres que acompañan a sus hijas porque han engordado un kilo o dos en una época de exámenes en la que quizás están más paradas y recurren más al dulce. La nutricionista considera un error centrarse en la imagen en vez de en la salud. "No pasa nada porque una niña con un IMC de 21 o 22, que es perfectamente normal, engorde un kilo. Es mejor que coma alimentos nutritivos que un donut o galletas, pero no pasa nada porque coma un donut", insiste. 

En una época de bombardeo de información sobre nutrición, Carballo cree que cada vez comemos peor. Mezclamos información correcta con otra sin base alguna; sobreestimamos cuestiones como la de los superalimentos — "pueden ser alimentos muy sanos, pero una alimentación sana no se reduce a esos alimentos solamente"— y hacemos dietas acotadas en el tiempo para adelgazar por una cuestión estética "y no de salud". 

Las dietas milagro, la creencia de que eludir algunos grupos de alimentos o de que combinar de determinadas formas unos con otros es la solución a los problemas de sobrepeso es otros de los errores frecuentes, dice.

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