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Las maletas de Jabois

A LOS PERIODISTAS nos pasa como a los equipos de fútbol, que el verano lo pasamos en modo «pretemporada» y ahora, de vuelta a la «competición», como en esta primera página postveraniega, nos enfrentamos al vértigo de los «compromisos oficiales».

En mi caso fue esta una pretemporada de manual, con una carga de trabajo físico intenso, sobre todo nocturno, y algunos bolos amistosos en los que trataba de contagiarme del talento de los que me rodeaban. Así fue como una noche acabé en Sanxenxo con Manuel Jabois y los hermanos Lorenzo.

Gerardo fue el perfecto anfitrión, entre otras cosas por ser el dueño del local en el que acabamos y ya saben lo que eso significa. Además fue presidente del Pontevedra, y en parte si el club sigue existiendo es gracias a él, así que yo siempre que lo veo me pongo en primer tiempo de saludo.

De Francis presumimos todos en Pontevedra, ya haga teatro, cine o series de ficción en las que adopta registros tan distintos como comisario en Águila Roja, profesor en Compañeros, o tío enrollado en Médico de Familia, donde no se cómo se las ingeniaba para sacar a relucir sus colores granates en cada capítulo, como cuando le dijo a Emilio Aragón tras ojear un periódico: «Has visto, hemos ganado al Quireza Atlético. Este año ascendemos».

En una entrevista no se le ocurrió nada mejor al tío que comentar que había pasado una «noche memorable en compañía de Xabier Fortes y Manuel Jabois» en Sanxenxo y a los dos nos empezaron a llamar para ver si actuábamos en dúo o si de forma individual hacíamos precio especial.

DESPISTE MAGISTRAL. Para hacerme el interesante en la velada empecé por recordar algunos de los titulares del Diario de Pontevedra que escribía Pedro Antonio Rivas en los años 80 y que me funcionan muy bien en este tipo de reuniones: ya saben ‘Roban en una casa de citas y se llevan dos abrigos de zorra’, y cosas por el estilo. Como se rieron pedí otra copa -que volvió a pagar Gerardo- y ya me lancé a tumba abierta comentando alguno de mis habituales despistes. Yo creí que tenía el récord mundial de la modalidad, como aquel que les conté una vez en esta misma página, cuando entre la penumbra de un karaoke y la bruma de unos JBs confundí los pechos de una amiga con los de mi mujer y se montó la de dios es cristo. Pues resulta que no, que a todo hay quien gane, como un amigo de Jabo que una noche loca le puso los cuernos a su mujer...con su propia mujer, que ya hay que ser... Y al día siguiente, tapándose con la almohada y en plena resaca, le dijo a su supuesta conquista de la noche anterior:

-De verdad que lo siento... pero es que estoy casado.

-Ya lo sé cariño, conmigo, el mes que viene hará dos años.

Y es que con Jabo es muy difícil competir; es mas guapo, te acompleja cuando lees sus artículos y encima le pasan unas cosas... Una vez decidí pegarme a él toda una noche en Madrid, lo que se dice un marcaje al hombre, a ver si pillaba para un artículo. Tras dejar las maletas en su casa y a su mujer, Ana, con el pequeño Manu de apenas unos meses, nos fuimos a cenar con Carmen Rigalt, y después, ya solos, acabamos en el Tony 2, un animado piano-bar.

Yo tenía reunión en la tele al día siguiente y en la retirada repasaba mis argumentos para el día cuando ya en la puerta de su casa, de pie ante el felpudo, empiezo a observar que Jabo jadea ante la cerradura. El timbre no funcionaba y nuestros móviles se habían quedado sin batería, así que primero volvió a intentarlo con todo el manojo de llaves, después ya comenzó a blasfemar, y a continuación empezamos los dos a patadas sin miramientos con la puerta, pero no hubo forma. La respuesta oficial fue que se había atrancado la cerradura por dentro, pero a esas horas vaya usted a saber. Al menos a mí me dieron cobijo en un hotel en el que tenía convenio TVE, aunque no me pude cambiar y a la reunión acudí con la ropa sudada de ron de la noche anterior.

Lo de Jabo fue aún peor, que al presentarse en recepción con las barbas desaliñadas, sin maletas y a las cinco de la mañana, no le dieron habitación y acabó durmiendo en el felpudo. Y es que el cabrón hasta es capaz de superar a los dichos de nuestro refranero, como aquel que dice «le dejaron con las maletas en la puerta». Créanme, es mucho peor que te dejen fuera ... y con las maletas dentro.

(Publicado en la edición impresa el 1 de septiembre de 2014)

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