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MUCHAS OPCIONES PARA APRENDER

La vida no es uno, sino muchos bailes

Chachachá, pasadoble, bolero, samba, rumba, tango o vals. Varias parejas de As Pontes y Vilalba entrenan a diario para ser los mejores en la pista

PARA ELLOS la vida no es un baile, sino muchos. Dedican gran parte de su tiempo a moverse al ritmo de la música. Algunos se dedican al baile deportivo de forma profesional, otros ya dejaron las competiciones atrás. Pero para todos, la pista es su centro vital.

Su afición, dicen, «es amor al arte». Y es que competir no es barato y no hay ayudas ni premios económicos. Los bailarines tienen que hacer frente al coste de vestuario, calzado, los desplazamientos, las clases y las propias inscripciones en las pruebas, en las que, reconocen, «hay mucha competencia». Pero el gasto, defienden, queda en un segundo plano frente a las satisfacciones de disfrutar en la pista y conseguir mejorar en un ránking que se divide en seis categorías por grupos de edades -segunda territorial, primera, D, C, B nacional y A nacional e internacional- y dos estilos: baile latino (samba, chachachá, rumba, bolero, pasodoble y jive o rock) o estándar (tango, vals inglés, vienés, quickstep y fox).

«O baile é todo. A cousa que máis desestresa, a desconexión. Sen baile non vivo», dice el vilalbés Javier Paz, Chavi en la pista. Él y Marta Carballeira son los más veteranos en la competición de baile deportivo, aunque no son los mayores. En 2009, con 38 y 30 años, respectivamente, se iniciaron en el mundo de los ritmos, y un año después ya se lanzaron al mundo profesional con bailes latinos de competición.

En seis años consiguieron ocho ascensos. Y tras muchos podios, hoy están casi en la cima. Su sueño, después de dejar atrás dos años de descanso por motivos personales, es alcanzar un puesto más y llegar a la categoría más alta, la de los mejores entre los mejores a nivel internacional. Aunque ellos, por su cuenta, ya hacen competiciones fuera de España.

«Coincidimos xuntos nunhas clases e ofrecéronnos pasar ás de competición», rememora Chavi echando la vista atrás. Así, casi por casualidad, se formó una pareja de baile incansable, que suma éxitos e infinitas horas de entrenamientos. «A competición quita todo o tempo que nos pode quedar», explican unos bailarines que compaginan su propio entrenamiento con las clases que ofrecen a parejas, grupos o asociaciones. «Imos a onde nos chaman e ultimamente está moi de moda facer bailes para vodas», dicen.

Tres parejas de As Pontes y Vilalba compiten en baile deportivo al más alto nivel, en latino (samba, chachachá, rumba, bolero, pasodoble o jive)  y en estándar (tango, vals inglés, vienés, quickstep y fox) 

«O noso soño era chegar á categoría C porque xa podiamos levar vestimenta de gran baile», apunta Chavi entre risas, mientras habla de la camisa abierta para los chicos y los vestidos con el corto que deseen las chicas. «Antes mirabas moito para os xuíces. Agora non, tratas de transmitir ao público. Cos anos vas perdendo o medo escénico», dice una pareja que organizó una competición en Vilalba.

Araceli Rodríguez y José Ángel Zubiaurre, vecinos de As Pontes, de 56 y 61 años, son pareja dentro y fuera de la pista. «Empezamos baile social en el año 2000 con un grupo de amigos en la asociación de Alende, para divertirnos. Y de los maridos hubo que tirar un poco, aunque tampoco fueron muy reticentes», relata Araceli.

Cuatro años después se lanzaron al baile de competición y ahora juegan «en primera división». En su grupo de edad -sénior 3-, están en la categoría más alta en baile latino (A internacional) y en la C en estándar. «Seguimos en clases con Alende, con profesores del grupo Tedaga Narón, que tiene campeones de España, y también vamos a clases allí», indica una pareja que ha hecho muchos podios. En 2016, tras quedar tres veces terceros y dos segundos, consiguieron proclamarse campeonates gallegos y llegaron a varias semifinales a nivel nacional.

«Hay que dedicarle horas y mucha preparación física para tener la energía necesaria para los diez bailes que hacemos, además de la preparación técnica», dicen, mientras hablan de lo importante que es la sincronización de la pareja y reconocen alguna que otra bronca. «No nos esperábamos esto, lo veíamos algo inalcanzable», dicen. Y siguen poniéndose retos: «Queremos pasar a la misma categoría en estándar y conseguir una final de España en latinos».

«Animo a toda la gente a hacer baile deportivo. A nosotros nos ha venido muy bien a nivel físico y como pareja, para hacer algo a nuestra edad los dos juntos», y hablan de una afición cargada de retos personales, satisfacciones y muchas cosas positivas, como los viajes y conocer gente.

Siguiendo la misma estela, pero en otro grupo de edad, otros dos vecinos de As Pontes compiten como pareja de baile. Cristina Cortiñas y Andrés Torres, ambos de 39 años, llevan tres años bailando.

«Nos conocemos desde pequeños. No somos pareja sentimental, pero es muy importante la complicidad, el apoyo. Siempre nos gustó el baile. Él hizo patinaje y yo otras disciplinas y empezamos a ir a clases. Ahora estamos en la Escuela Tedaga de Narón», explica Cristina.

«Estuvimos así un año y después ya nos lanzamos a la competición», dice. Ellos se centraron en los ritmos latinos -no hacen estándar-, pero en estos años ya alcanzaron varios podios en su categoría. Están en primera territorial y acaban de proclamarse terceros a nivel gallego.

«El baile es diversión, alegría, disfrutar, pasarlo bien, evasión, desconexión», enumera en una lista que resume en una frase: «Hay que vivirlo». «Estar en una pista con los mejores bailarines es un lujo y nuestro sueño es conseguir un puesto importante a nivel España», explica, al tiempo que habla de dificultades, la falta de tiempo para entrenar y la presión que se vive en la pista «con unos jueces que no te quitan ojo».

José Manuel Teijeiro, de 59 años, y Teresa Soto, de 55, ambos de Castro de Rei, hicieron algún «pinito» en competición -llegaron a conseguir un sexto premio gallego-, pero lo dejaron hace mucho tiempo. Pareja de baile y matrimonio, decidieron apostar por su pasión para abrirse un hueco en el mercado laboral y dan clases allí donde los llaman. «La competición es cara y te come todo el tiempo», dicen.

«Empezamos con un grupo de amigos en unas clases de baile de salón cuando era cosa única. Ahora hay muchas opciones. Después fuimos a academias a Santiago y A Coruña y en 1999 hicimos un curso de monitores de baile y pasamos los exámenes», relatan. Desde entonces, se dedican al baile.

«Estuvimos por toda la provincia de Lugo y en lugares de A Coruña. Lo mejor es el contacto con la gente», dicen. Y hablan sobre las clases: «Hay de todo, gente que baila muy bien y gente que no tanto, pero lo importante es pasarlo bien» y seguir bailando.

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