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La última terrateniente

P ARA seguir el rastro de los integrantes de la Casa de Alba en Galicia hay un camino directo, que no pasa precisamente por las centenarias fortalezas y castillos repartidos por tres provincias y que son propiedad de la familia con mayor pedigrí de Europa. Solo Cayetano Martínez de Irujo se deja ver en temporada estival por Casas Novas, el céntro hípico levantado por Amancio Ortega cerca de Arteixo, en A Coruña. El quinto hijo de la duquesa, desde 2011 uno de sus herederos en vida, rompe así una tradicional familiar: pisar Galicia, lo mínimo. Y ello a pesar de formar parte de una saga convertida en último y residual exponente del poder feudal. Al menos, a decir por la historia que encierra su patrimonio en tierras gallegas.

En la década de los noventa se consumó el abandono. El tiempo había vencido a las propiedades más insignes pero menos rentables de la Casa de Alba. Y en muchos casos se había llevado por delante torreones, dinteles, almenas, sillerías... En algunoas casos, lo fosos, cubiertos de silveiras y zarzas, apenas se veían. Era el ocaso. Una decadencia que mostraba sus botones en Narahío (San Sadurniño), Nogueirosa (Pontedeume), Moeche y, en menor medida, Monterrei.

Vilalba, Monforte y Castro Caldelas, con un devenir muy distinto gracias a las sucesivas cesiones previas a Estado, Xunta y concellos, completan las fortalezas que tiene en tierras gallegas la Casa de Alba, recibidas en la mayoría de los casos de condados como el de Lemos y de casas como la de los Andrade. La vida da vueltas y ahora el torreón de Vilalba alberga un parador, el castillo de Castro Caldelas acoge numerosas actividades socioculturales y el de Moeche es escenario todos los veranos de un singular y festivo asalto que recrea, para colmo de la ironía histórica, las revueltas irmandiñas de 1400. Excepto el de Monforte (donado a la Xunta en 1995) todos los castillos fueron cedidos, y por esa vía ha llegado su salvación. Mérito ajeno, por tanto.

La falta de rentabilidad, que explica muchas decisiones de la familia, viene de atrás. Y provocó que quien hasta esta semana era el último duque de Alba, padre de Cayetana Fitz-James Stuart, tuviera intención en su día de vender todas las fortalezas gallegas como piedra de escombro. Los compradores no aparecieron pero en algunos casos jambas y sillares pasaron a tener usos en hornos de leña o en la base de alguna lareira.

La Funación Casa de Alba es la titular del patrimonio, que es, por decirlo de algún modo, invendible, ya que requiere aprobación expresa de Xunta y Ministerio de Cultura. Pero de las cesiones en usufructo a los ayuntamientos no fue precisamente la dinastía Alba la principal impulsora. Tuvo que llegar el segundo marido de la duquesa, Jesús Aguirre, para poner orden en las cuentas familiares, y activar los acuerdos de cesión. En la década de los noventa, problemas legales para poder documentar algunas propiedades de la familia llevaron incluso a grupos como el BNG a reclamar la inclusión de las fortalezas en los planes nacionales de recuperación de castillos y solicitar una gestión pública integral de los bienes. La situación de desconcierto llegó a ser tal que incluso del castillo de Moeche no existía en los noventa ninguna referencia en los registros de la propiedad.

En Galicia, tierra de caciques, también hubo grandes terratenientes. Y entre ellos destacaron los Alba. Es una historia que se reconstruye en las aulas. De ello se encargó María Jesús Baz Vicente, desde la Universidad de Santiago y a través de publicaciones como «Señorío y propiedad foral de la alta nobleza en Galicia. Los Alba». Y es que en su día el 90% de las propiedades de la casa en Galicia eran foros: amplios terrenos que, al más puro estilo de los terratenientes de la época, se arrendaban a los campesinos a un precio pactado. «No importaba la extensión del terreno», relata Baz Vicente, «sino su denominación, por eso resulta casi imposible reconstruir un inventario al margen de los archivos de la familia».

Entre 1905 y 1906, los Alba liquidaron todos los foros que mantenían en Galicia, justo en el momento en el que el pago de las rentas forales era ya muy cuestionado. El método, venderlos a los propios campesinos o a terceros, que a su vez los volverían a arrendar, intentando mantener una situación que ya no se ajustaba a los tiempos.

La duquesa de Alba se ha ido, y los bienes de la fundación, titular de sus propiedades gallegas, pasan directamente a manos de su primogénito, Carlos Fitz-James Stuart, que hereda el título y también el de conde de Lemos. Un patrimonio que hoy en día es, de hecho, de todos los gallegos, por mucho que el derecho diga lo contrario.

Novagalicia y el bolsillo de los empresarios

COMO en 'Atraco a las tres', aquella mítica película dirigida por José María Forqué y protagonizada por José Luis López Vázquez, nada resultó como se había planificado en la entrada de los inversores gallegos en la desaparecida Novagalicia. La gran diferencia con aquella cinta en blanco y negro de los sesenta es que, en el caso que nos ocupa, los presuntos malhechores de verdad sí que estaban dentro del banco, en este caso el Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca, brazo armado del Banco de España, pilotado por el gris Luis María Linde. Los juicios por las demandas presentadas por gran parte de los empresarios continúan, y se prolongarán en diciembre. Y en casi todas las declaraciones de los demandantes escuchamos los mismos argumentos, que dejan muy clara la información asimétrica que se manejó en todo el proceso. Y esto es más que importante. Resulta clave.

Los que intentan cargar las tintas con José María Castellano, que ahora parecen muchos, olvidan que hablar del presidente de Novagalicia y del Banco de España es casi lo mismo, porque el catedrático coruñés era empleado, eso sí, cualificadísimo, del instituto emisor. Por una razón: Novagalicia, en aquel momento, era íntegramente de capital público. Y fue el regulador quien mejor manejó los tiempos de los cambios normativos en aquel momento, argumento que utiliza el Frob para defenderse.

Llama la atención que nadie pida al juez que se llame a declarar a Castellano. Razones habrá. Tendremos que quedarnos con la contundencia de Manuel Rodríguez, presidente de Rodman: «Simplemente, nos metieron la mano en el bolsillo».

LUIS FERNÁNDEZ SOMOZA. Llega el momento de reconocer a uno de los grandes grupos

FORBES le acaba de atribuir un patrimonio de 750 millones, situándolo en el puesto 53 de las grandes fortunas patrias, pero a este lucense de San Pedro de Calde poco parecen importarle la pompa y el oropel si llegan precedidos de números. A buen seguro se queda con el reconocimiento de los suyos. Y es que la Asociación Gallega de la Empresar Familiar ha decidido conceder su galardón de este año a Luis Fernández Somoza, patrón del grupo inversor Subel y hasta hace nada principal accionista de Transportes Azkar. El grupo presidio por Emilio Pérez Nieto señala que la familia de Fernández Somoza encarna el «compromiso empresarial y humano con Galicia, así como su capacidad de trabajo, siendo uno de los empresarios referentes de la omunidad». Lo dicho. No hace falta que venga Forbes a poner a cada uno en su sitio. Esta vez lo hace el gremio de la empresa familiar, clave en en el tejido económico gallego.

J.M. FERNÁNDEZ ALVARIÑO. La patronal debe hacerse oír en la cámara de cámaras

LOS nombramientos pueden ser recibidos como un premio el primer día. A partir de ahí, algunos se convierten en toda una responsabilidad. José Manuel Fernández Alvariño, presidente de la patronal gallega, es desde esta semana vocal de la nueva Cámara de Comercio de España, sustituta del Consejo Superior de Cámaras. ¿Y por qué el titular de la CEG debe ejercer su responsabilidad en el nuevo cargo? Pues porque las cámaras gallegas están patas arriba, la mayoría, y desde el flanco empresarial es el momento de escuchar ideas, más que lamentos. Alvariño es de los que apuesta por una entidad por provincia, frente a las nueve actuales.De la reestructuración se encarga ahora la Consellería de Economía, pero sin duda el equipo de la patronal puede ayudar a buscar soluciones de consenso para garantizar la viabilidad de las cámaras. Y Alvariño lo sabe.

(Publicado en la edición impresa el 22 de noviembre de 2014)

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