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La tradición viva del lino

Las mujeres de Insua plantan el lino (Foto: C. Arias)
Las mujeres de Insua plantan el lino (Foto: C. Arias)

Ante el imparable paso del tiempo y en una lucha contra el olvido de un trabajo ancestral en la comarca chairega, las mujeres de la asociación vilalbesa San Bartolomeu de Insua iniciaron ayer, por tercer año consecutivo, la recuperación de la tradición de la cosecha del lino.

«É un traballo que está moi olvidado e que os máis maiores todavía recordan, porque nesta zona prantouse moito liño», explican las mujeres de Insua, que cargadas con sus aperos de labranza prepararon «medio ferrado de terra» e iniciaron «un traballo moi duro, pero moi bonito» con el objetivo de recuperar la historia, la vida en común en el campo y las 32 tareas del lino, imprescindibles para sacar el hilo con el que luego, como hicieron ya sus antepasados durante años, tejerán distintas prendas y artículos decorativos.

Con el sol sobre sus cabezas y un calor más semejante al del mes de junio que al de abril, nueve mujeres repartieron las semillas del lino, llamadas linazas, por la tierra, preparada y removida antes por un tractor.

«A ver como vai a colleita deste ano, pero se todo axuda e o tempo vén mellor que o do ano pasado, que tumbou o liño, esperamos recoller ó redor de dez quilos», una cantidad similar a la de las dos cosechas anteriores, dicen, mientras aseguran que el tiempo es lo que «máis preocupa», porque «non se pode controlar».

Después de dar el primer paso, las mujeres esperarán pacientes a que el lino brote poco a poco en la tierra y, a partir de ahí, iniciarán una treitena de trabajos, sin saltarse ninguno, para finalizar con la tasca en el mes de octubre, la última labor que tras las dos anteriores ya se ha convertido en todo un evento lúdico en la parroquia vilalbesa, una feria que reúne a decenas de artesanos y a más de 200 curiosos, que disfrutarán una vez más de exposiciones de trabajos en vivo.

El único cuidado que requerirá el lino durante su crecimiento será aproximadamente dentro de un mes, con el proceso de «mondar», o lo que es lo mismo, quitar las malas hierbas. Después, hasta julio, seguirá su ritmo natural, hasta que las mujeres decidan recogerlo. A partir de ahí, tocará «ripar, engalanar e secar», o dicho de otra forma, separar las semillas de la planta, colocarlo en pequeños montones -conocidos como lagueiros- y sumergirlos en el río durante nueve días, para luego secarlos en el campo hasta la tasca, donde sacarán el hilo.

Museo

El hilo que obtengan de la cosecha lo utilizarán, como en las anteriores, para trabajar en los telares que conservan en la asociación, donde realizan cursos y exposiciones todo el año.

«Hai que desenterrar esta tradición, recuperala», dice la presidenta de la asociación, Lourdes Otero, que critica que las instituciones no colaboren para poner en marcha en el local social el museo del lino, un proyecto que está pendiente de financiación por parte del Concello de Vilalba y la Diputación de Lugo.

La tradición viva del lino
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