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La ''plata'' que viene y va

(Foto. AEP)
(Foto. AEP)

GALICIA tiene su propia leyenda negra empresarial, que no es otra que la forjada a golpe de escándalo por determinadas fortunas de la emigración. Al cómodo abrigo del fraguismo, y en gran medida envueltos en las capas de la Enxebre Orde da Vieira, todo este movimiento llegó a su cenit a mediados de los noventa, cuando nombres como Francisco Chico Recarey, Avelino Fernández Rivera, Francisco Ríos Seoane o Faustino Puertas Vidal comenzaron a sonar para el común de los gallegos por las multimillonarias inversiones que aquí proyectaban, amparados por la malograda Federación de Empresarios Gallegos en el Exterior (Fegaex).Procedían de Brasil, Argentina y, en menor medida, México.

Como una sombra de la que no se podían librar, ese viaje de retorno del capitalismo patrio también vino acompañado de un rastro de sospecha e incluso órdenes de extradición para aquellos que llegaban con las maletas dispuestos a instalarse de nuevo en Galicia. No eran muchos, pero acusaciones de homicidio o imputaciones por la muerte en un naufragio de hasta 55 pasajeros hicieron de detonante para que todo aquel montaje que era la patronal de los gallegos en el exterior saltase por los aires. Y con todo ese tinglado, también cayeron para siempre en desgracia los nombres de esta historia.

Hoy en día Galicia asiste a un retorno bien distinto. Y es Latinoamérica de nuevo el origen de la inversión extranjera. La compra de Novagalicia por parte del venezolano Juan Carlos Escotet (Banesco), la entrada de Pemex en Barreras de la mano de otro nombre de la emigración que sí es una excepción a la negra sombra del lobby exterior, caso de Olegario Vázquez Raña, o incluso operaciones de menor calado como es la compra de Tablicia por el grupo peruano Martín, representan casos claros de apuestas empresariales que llegan del otro lado del Atlántico.

Muchos podrán advertir en estas operaciones un apetito inversor que responde ni más ni menos que al atractivo de las empresas gallegas, teoría alineada con aquellos que defienden que Galicia es una nueva tierra de promisión, una isla de oportunidades en el archipiélago de la crisis. Pese al aplauso recurrente de la Xunta cada vez que un grupo extranjero se hace con el control de una empresa de capital gallego, quizá todo tenga un sentido bastante más prosaico, relacionado con oportunidades de negocio y precios. Y aquello de que España está barata (y Galicia, por supuesto) es quizá la piedra angular que arma una explicación mucho más sencilla, lejos de la pompa y el oropel.

Para saber si algo está barato o no, lo mejor es irnos a la Bolsa, y ver cómo respiran nuestras empresas cotizadas. Veamos tres ejemplos. Adolfo Domínguez vale hoy en Bolsa (cierre de 2013) unos 52,5 millones de euros, frente a los 76,5 millones de 2010. En lo más duro de la crisis (2012), la compañía textil ourensana llegó a los 35,7 millones. El caso de San José es paradigmático. El grupo constructor tenía una capitalización bursátil de 337,4 millones de euros hace tres años. Ayer valía en Bolsa apenas 76 millones. Zeltia, la joya biotecnológica, aguanta algo más, aunque llegó a valer la mitad en dos años, entre 2010 y 2012. Su capitalización era al cierre de 2013 de 513,2 millones de euros.

Frente a la avalancha de inversores latinoamericanos, son muchos los que mantienen que la entrada de fondos extranjeros, sea cual sea su procedencia pero que a falta de datos concretos sin duda se disparó el año pasado en Galicia, responde a que no hay una arquitectura propiamente dicha del capitalismo gallego. De acuerdo con este análisis, la inversión procedente del exterior suple la apuesta autóctona por las empresas gallegas. Es probable, pero no precisamente porque no existan grandes patrimonios en Galicia.

Puede resultar también recurrente, pero un repaso a la lista de Forbes basta para abrumarnos. Amancio Ortega, su hija Sandra, Manuel Jove... De las cinco grandes fortunas de España, tres tienen su residencia en Galicia y dirigen sus operaciones a través de family office pilotadas por ejecutivos gallegos. La cuestión está en que sus apuestas empresariales pasan por bancos nacionales, inmuebles repartidos por medio mundo o cadenas hoteleras con base en Madrid y establecimientos por media Europa, cuando no directametne por la renta fija. Los de los Ortega y los Jove son los ejemplos más llamativos, pero hay muchos. Collazo, Fernández Somoza, Domínguez.... Quien diga que no existe un capitalismo gallego se equivoca. La cuestión está en que, armados sus emporios, cuando les dan a elegir, que es casi siempre, se quedan con operaciones que poco tienen que ver con Galicia.

Loureda Mantiñán y la crisis de Sacyr

OTRA de las grandes fortunas gallegas. Y, de nuevo, con la discreción por bandera. José Manuel Loureda Mantiñán, ilustre betanceiro, es uno de los ingenieros que hizo grande a Sacyr Vallehermoso casi desde la nada, junto a su casi eterno socio, el murciano Luis del Rivero. Pues resulta que Manuel Fernández de Sousa, el expresidente de Pescanova que vendió acciones antes del derrumbe de la multinacional, no iba a ser el único abonado a saltar del barco justo antes del hundimiento. A Loureda Mantiñán, que fue presidente de la constructora y hasta hace nada era uno de sus grandes accionistas individuales, le faltó tiempo para vender títulos de la compañía antes de que trascendiera la crisis abierta con el Gobierno de Panamá por los sobrecostes en la faraónica obra del canal. La consecuencia de todo ello fue un serio batacazo en Bolsa para la compañía.

Loureda, siempre hábil y casi un desconocido en su tierra, se desprendió de 2,8 millones de acciones, un 0,6% del capital de Sacyr, justo la víspera de Nochebuena, evitando así el quebranto. Loureda mantiene un 8,4% del capital de la constructora, de la que es vicepresidente primero otro empresario controvertido y muy conocido por Galicia últimamente, José Carceller Arce, perejil de todas las salsas empresariales.

Lo cierto es que la crisis de Sacyr con Panamá pasará factura a la Marca España. Y quién sabe si afectará a otros millonarios contratos, como el del Ave a la Meca, en cuya construcción está embarcado otro grupo empresarial gallego, Copasa. Suenan campanas de lío también en el consorcio que ejecuta las obras en Arabia Saudí. 

JACINTO REY ♦ San José afronta un plan de salvamento por su elevada deuda

COMPLICADO inicio de año para la primera constructora gallega. San José no puede digerir la deuda asumida para la compra de Parquesol en los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria. El pool acreedor que financió la adquisición de la compañía vallisoletana se ha puesto firme, y al tiempo que admite nuevos aplazamientos de pago al grupo presidido por Jacinto Rey, insta a resolver la situación con un plan integral que pasa por capitalizar deuda por acciones, establecer quitas y vender activos. Una vuelta de tuerca para resolver ese problema de 1.900 millones que arrastra la compañía pontevedresa, a lo que se une un calendario apretado, que fija para este mes de enero el plan de reestructuración. Para ello, la consultora KPMG es la encargada de elaborar un independent bussines review, lo que se entiende por un plan de negocio que incorpora un estricto control del flujo de caja. Esta vez Jacinto Rey tiene un problema.

ANDRÉS MUNTANER ♦ Un alza en los peajes que esta vez Audasa no puede justificar

MUY difícil lo tienen Audasa y su matriz Itínere para justificar un incremento de peajes que va en dirección opuesta al poder adquisitivo de los gallegos. Y más ahora, que conocemos ya el dato adelantado de inflación, un 0,2% al cierre de 2013. Andrés Muntaner, primer ejecutivo de la compañía, vuelve a guardar silencio, a sabiendas de que son sus mayores, es decir, el fondo norteamericano Citi, quienes marcan la hoja de ruta de la cuenta de resultados de Audasa, la concesionaria de la AP-9. Con la mitad de las autopistas españolas a la espera de rescate por parte del Ministerio de Fomento, haría bien su titular, Ana Pastor, en poner a sus chicos a trabajar mirando a Galicia. Porque la situación de Itínere también pilla a traspié a su segundo mayor accionista, NCG, que lleva un año buscando comprador para el 24% del capital, fruto de la herencia de las cajas.

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