domingo. 15.09.2019 |
El tiempo
domingo. 15.09.2019
El tiempo

La oportunidad perdida

Torre de O Arneiro
Torre de O Arneiro
Mientras otros lugares conservan cualquier vestigio para musealizar su historia, la comarca chairega perdió la posibilidad de tener un centro de interpretación para explicar el papel que jugó Galicia en la Segunda Guerra Mundial. Las Torres do Arneiro ya son historia y solo unas edificaciones derruidas atestiguan su existencia

¿Cuánto cuesta la historia? Se pregunta Serafín R. Trashorras, un lucense que durante años estudió y recopiló el mayor archivo fotográfico y documental acerca de las Torres de O Arneiro, ese radiofaro de origen nazi que pese a jugar un papel crucial en la Segunda Guerra Mundial se mantuvo envuelto en el silencio y el misterio hasta que desapareció en la década pasada, entre la pasividad de las administraciones y la esquilma de los que no encuentran valor en el pasado.

"No queda absolutamente nada", dice Trashorras, mientras señala, entre un lío de matorrales, la ubicación de la que fue la torre principal del último vestigio que existía en el mundo del sistema Consol, a través del que se guiaban los bombarderos y los submarinos de la Alemania nazi.

"Terra Chá perdió una gran posibilidad de tener un centro de interpretación de la radio y una visión de lo que sucedió en Galicia en la II Guerra Munidal con un pequeño museo. Es una oportunidad perdida", dice un investigador que defiende que incluso en Alemania se conservan museos sobre la guerra o algún campo de concentración: "Recordar es la única forma de que la historia no se repita".

Quizás por el silencio que envolvió durante décadas esta instalación, por la falta de conciencia histórica de la sociedad y las dificultades para conseguir financiación, el patrimonio, devorado por el paso del tiempo y la vegetación, se perdió para siempre.

Las Torres de Hitler en Terra Chá se levantaron en los años 40. Con sus más de cien metros de altura, las tres estructuras, que se ubicaron en los lugares de O Arneiro y Momán, en Cospeito, y A Graña, en Abadín, fueron transportadas en piezas numeradas en camiones desde Alemania, en la misma época, la España Franquista, en la que los alemanes también construyeron el aeródromo de Rozas.

"La ubicación era perfecta", indica Trashorras, que destaca los beneficios de una zona deshabitada -los colonos no se instalaron hasta los 60-, situada en una planicie enorme favorable para las comunicaciones, con la cordillera de la costa como defensa natural y unas condiciones meteorológicas positivas para pasar desapercibidos con la habitual niebla.

Terminada la guerra, en 1947 las instalaciones pasaron a depender del Ejército del Aire Español -alguna inscripción todavía lo atestigua entre las ruinas- hasta 1962, que fueron transferidas a Aviación Civil. Con los avances tecnológicos, caen en desuso y en los 80 se produce el apagón, que ya auguraba el silencio definitivo.

"Nosotros no tuvimos mucha suerte, fuimos un poco gafes", comenta el arquitecto de Muimenta Mario Crecente, que presentó en 2005 un proyecto a la Xunta para proteger "un patrimonio singular", que incluía una intervención urgente y la creación de un centro de exposiciones, tras la idea inicial de usar las torres como reemisores de una gran wifi.

"No es que tengamos gran cantidad de patrimonio industrial relacionado con fenómenos globales como la II Guerra Mundial. En Suecia hay unas antenas semejantes, no del sistema Consol, que fueron declaradas Patrimonio por la Unesco y aquí se ha arrasado con todo", critica, mientras recuerda que hubo varios compromisos, pero ninguno se materializó.

Su proyecto llegó muy tarde. En 2006, apenas un año después, cayó la primera torre, en Abadín. Y en 2009, el huracán Klaus se llevó por delante las dos de Cospeito.

"Cuando cayó la primera recopilé toda la información y me puse en contacto con Defensa, que me contestó pero no hizo nada", relata Trashorras, que también escribió a la Xunta, con la misma suerte, para conseguir que aquellas torres, que los radioaficionados hicieron emitir por última vez en 2008, no perdieran su voz. El apagón final fue irreversible.

La oportunidad perdida
Comentarios