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La inercia que nos lleva

LA OTRA NOCHE vi un tuit de la Policía Nacional pidiendo a la gente que ni haga ni tolere bullying y estuve en un tris de escribir a los community manager del ministro del Interior para pedirles que mejor le den el consejo a los políticos que manejan los asuntos que conciernen a Lugo. Y es que, después de la semana que hemos pasado a costa del puente de Paradai, que venga Dios y lo vea si no es acoso -a la paciencia y a los intereses de los ciudadanos- lo que Lugo está viviendo.

No parece ya que haya forma humana de explicar lo que pasa en Paradai si no es recurriendo a pensar que se está utilizando la construcción de un puente como forma de sacar réditos políticos a un asunto de interés público. ¿Pero puede resultar rentable electoralmente retrasar la construcción de un puente? Algunos piensan que sí, que en Lugo no interesa que se vea hecho ese puente. No al menos antes de las próximas elecciones europeas, ni de las municipales, ni de las autonómicas... Pero es una apuesta arriesgada, porque a lo mejor torpedear durante mucho tiempo una obra que ansían los vecinos acaba teniendo un resultado parecido al de darse un tiro en el pie.

Hay quien cree que no es un interés político lo que se esconde detrás de lo que pasa en Paradai. Pero entonces solo cabe pensar en un grado de ineficacia, ya sea de políticos o de técnicos, que es difícil de creer hasta en un país de chapuzas como este. Aunque todo puede ser, porque no deja de ser llamativo que, después de años de redacción de proyectos y de supuestos sesudos trabajos técnicos, nadie se haya dado cuenta hasta hace cuatro días de que hacer el puente exigía ocupar terrenos del ferrocarril.

Al final se cierra la semana sin una solución para que la obra se retome de modo inmediato. Y solo nos queda la resaca de una bronca política que no ha servido para que nadie responda, de forma veraz y asumiendo responsabilidades, por lo que ha ocurrido. Claro que todo ha ocurrido mientras estaban lejos los primeros espadas con mando en el asunto. Para empezar, el alcalde, que durante los días en los que arreciaba la tormenta permaneció en Madrid, presentando en Fitur la oferta turística de Lugo.

El Cetal sigue siendo un monstruo varado en la burocracia

Y si la obra de Paradai sembró el sentimiento de que en Lugo nada avanza, ni siquiera despacio, la inauguración del Aula de Productos Lácteos sirvió para alimentar un desánimo casi definitivo sobre el Cetal, que sigue atascado en el mundo de la burocracia.

La inauguración del aula láctea se podría haber vivido como una noticia estimulante, ya que, al fin y al cabo, con la construcción del edificio se han logrado salvar unos fondos europeos que estuvieron a punto de perderse por culpa de esa inercia que nos lleva a que todo se demore sin sentido. Sin embargo, la inauguración también sirvió para constatar que todo sigue igual en lo que respecta al Cetal.

El necesario placet de Hacienda para la fusión del Cetal y del aula láctea lleva más de un año esperando y al final habrá dos centros de investigación que funcionarán por separado.

En tiempos, la fusión de ambos centros estuvo bloqueada por lo que parecían ser intereses políticos divergentes y ahora no queda ya ni esa explicación. Solo está el hecho de que en el Cetal se han gastado millones de euros, dinero público, que no parece que se vayan a amortizar en la vida. Porque la actividad científica en el centro sigue siendo inexistente. En tiempos, en Lugo se hacían muchas risas -y los políticos se arreaban estocadas- con aquella promesa de José Blanco de que en torno al Cetal se crearían hasta 15.000 puestos de trabajo. Hoy ya no se ríe nadie. Todo el mundo prefiere tirarse de los pelos viendo la deriva del centro, que ningún ministro, ya se llame Elena Espinosa o Arias Cañete, ha sido capaz de poner a andar. Nadie ha pasado de las promesas.

Con ese panorama, lo único que no sorprende es que los responsables del aula láctea hayan decidido seguir su propio camino, en solitario, sabiendo como saben que el centro universitario al menos ha sido capaz de desarrollar en los últimos años productos que la industria láctea requería.

Tablicia abre una nueva etapa y es la primera esperanza para el empleo

Queda mucho por demostrar, pero tras una semana bastante demoledora para la moral colectiva, solo el futuro de Tablicia parece sembrar algo de esperanza en Lugo. El desembarco de una empresa peruana permitirá retomar la producción -veremos si no se siembra de obstáculos la reapertura de una fábrica que tiene que empezar por dar de alta hasta la luz- y será la primera buena noticia para el empleo en una provincia donde las estadísticas se siguen pintando de negro y en la que muchos jóvenes hacen cola para coger la maleta y cruzar la frontera. Para los trabajadores que perdieron su empleo, vuelve a haber esperanza.

La inercia que nos lleva
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