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La familia Besada, de no saludar a los Príncipes a una carta cargada de valentía

La familia Besada quedará marcada para la historia como una de las trágicas protagonistas del pasado martes, de la negra noche del Apóstol compostelano. Carolina Besada, de 18 años, fallecía en el siniestro ferroviario que sacudió Santiago en su noche mágica. Venía de Ourense, ciudad en la que residía, a celebrar la fiesta con sus amigas.

Su hermana menor, Marta Besada, de 16 años, revolucionó Twitter desde el minuto en que se conocía la tragedia para conseguir que alguien le dijese algo de su hermana. Los internautas llegaron a mandarle fotos de supervivientes que circulaban por la red para ver si lograba evitar una verdad que llegó unas pocas horas más tarde.

En su primer tuit, Marta, jugadora de fúbtol femenino en la ciudad de As Burgas, informaba de que había descarrilado el ''puto tren'' en el que viajaba su hermana. Hoy, a punto de cumplirse una semana del fallecimiento de Carolina, rectificaba ''lo de puto'' a petición de su progenitor. ''Sólo eso'', matizó. ''Mi padre me ha reñido''. No sabemos si hablaba del ''puto tren'' o al ''puto principito'', una referencia al príncipe Felipe, que visitó Santiago para acompañar a las víctimas y a sus familias.


En este sentido, hoy se hacía pública una carta escrita por la madre de la joven, dedicada a su hija y para la que pide ''máxima difusión''. En ella, reivindica la solidaridad de todos aquellos que ayudaron a los pasajeros del tren siniestrado pero también critica la hipocresía de algunos dirigentes políticos en relación al trato, según ella, a las familias vinculadas al accidente y a la gestión del mismo.

Entre el dolor y la desesperanza, esta familia encuentra el lugar para la crítica contra lo que entiende injusto, también en honor a la joven Carolina, la que habría estado orgullosa de ello, asegura su madre.

Así, la hermana y el padre de la joven se negaron a saludar a los príncipes en el funeral por las víctimas celebrado en la catedral de Santiago ayer por la tarde. ''Mi padre y yo le negamos el saludo a los que se hacen llamar altezas. A nosotros no nos representan", es el mensaje que publicó la hermana de la fallecida en las redes sociales para explicar lo ocurrido.

Soy la madre de Carolina Besada Garrido, que falleció a los 18 años en el accidente de tren de Santiago. Me gustaría hacerles llegar este escrito y les agradecería que le diesen la máxima difusión.

Mi hija siempre me dijo que se sentía orgullosa de que fuese una luchadora y sé que no le hubiese gustado que me quedase callada. Esto es en homenaje a ella. A todas aquellas personas que ayudaron a nuestros seres queridos y a nosotros mismos en esos duros momentos quiero decirles que cada uno de sus gestos llenan de calor nuestra alma. Los que se sintieron conmocionados por lo ocurrido han de saber que su empatía nos da fuerza. Todos nos habéis recordado que el mundo está lleno de seres excepcionales. A los que, como nosotros, sienten dolor por su pérdida, les envío un abrazo sincero y todo mi cariño. Pensemos que están en paz y dejemos que el tiempo nos ayude a que su recuerdo nos inunde de amor. Gracias por todos los abrazos, besos y palabras de ánimo sincero que hemos recibido, incluso de personas a las que no conocíamos, anónimas o con "cargos".


Y por último quiero dirigirme: a los que se creen "importantes" y desfilaron ante nuestros ojos para las cámaras, con sus trajes y uniformes, para "hacerse ver", cuando llevábamos doce horas de angustia, sin saber si podríamos volver a abrazar a los nuestros. También al maquinista que, de confirmarse, nos ha destrozado con su irresponsabilidad. A los que vinieron a darnos un falso pésame porque su cargo o su partido se lo "exigía" (que sepáis que eso se transmite; habríais demostrado alguna compasión quedándoos en vuestros lujosos despachos). A los que cedieron a las presiones "de arriba" y nos torturaron prometiendo información que luego no nos daban. A los que prefieren "recortar" vidas a tener que renunciar a su coche oficial. Para deciros que vuestros actos os están pudriendo el corazón, pero que quizá no sea demasiado tarde para que rectifiquéis y colaboréis en hacer de este mundo un lugar en el que lo importante vuelvan a ser las personas.

Va por ti, mi niña.

 

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