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VENDIMIADOS 5,1 MILLONES DE KILOS

La viticultura heroica

Brais Verao recoge cajas del carril en la vendimia
Brais Verao recoge cajas del carril en la vendimia
Las bodegas pequeñas pasan desapercibidas en la denominación Ribeira Sacra, pero son las guardianas del paisaje y de la tradición

Cuando uno piensa en Ribeira Sacra le vienen a la cabeza media docena de grandes bodegas que acaparan a lo largo del año los titulares más vistosos y los reportajes más exóticos, pero Ribeira Sacra es mucho más. Ribeira Sacra son también unas 80 bodegas pequeñas con producciones medias de 10.000 botellas al año que guardan la verdadera esencia de la viticultura heroica. En sus viñas se trabaja en familia, con muy pocos recursos, mucha experiencia y más sacrificio.

El nombre de Cividade suena fuerte desde hace un tiempo porque al crítico e importador Gerry Dawes se le metió en la cabeza que quería llevarse ese vino a Nueva York. Lo pedía precisamente por tratarse de un vino distinto, casi ancestral, de la tierra, "sin químicos", como se dice en la zona. A Brais Verao López, la generación más joven de Cividade, no le hacía ni pizca de gracia la oferta del americano porque no quería desabastecer a sus clientes de toda la vida, que están la mayoría en Galicia. Pero con las cifras que le puso Dawes sobre la mesa no pudo resistirse. Así que ya hay botellas de Cividade en la Gran Manzana, pero para los Verao eso es solo una anécdota.

Brais hereda la pasión por la viticultura de su padre Ramón, de su abuelo y así hasta remontarse varias generaciones. Cividade tiene una producción de 11.600 botellas al año que salen de tres hectáreas de viñedo repartidas en pequeñas parcelas de Lobios y Chanteiro, en la subzona de Amandi. Son propiedades con un 80% de pendiente y el río Sil al fondo, de las que maravillan a los turistas que navegan en el catamarán. Viñas de foto porque los Verao pueden presumir de tener las mejores muras de la subzona. Ramón, el padre de Brais, conoce el oficio de cantero y en la última década con la ayuda del abuelo reconstruyó los muros de los viñedos de la familia, piedra a piedra, día a día, sin prisa pero sin pausa.

En esta bodega se hace todo con recursos propios. Entre Ramón y uno de sus hermanos instalaron el carril que les facilita mover las cajas por el viñedo y este domingo en la vendimia arrimaron el hombro padres, hijos y tíos. "Se pagas carretadores para a vendima e enólogos para facer o viño non queda un peso", explica Brais.

El chico tiene 23 años y acaba de ponerse al frente del negocio familiar. El sábado cargó 85 cajas de uva y luego se fue a las castañas, debate con su padre a menudo porque tienen distintas formas de trabajar, acaba de recuperar un viñedo de 4.000 metros cuadrados, que le da más trabajo que beneficios, y el vino Cividade toma el nombre de una parcela de la que hay que sacar las uvas en barca. Cuando uno le pregunta a Brais Verao si tanta lucha merece la pena, la respuesta es rápida. "Eu amo esto, esta paisaxe, este silencio. Aquí un esquece os seus problemas". Su padre, asiente.

Pero Cividade no es el único caso, la bodega de Carlos Fernández se llama A Frieira y es una de las más pequeñas de la denominación. Produce al año 4.000 botellas de mencía de parcelas en la ribera de Amandi y en las inmediaciones del mirador de Soutochao, ambas localizaciones en el municipio de Sober.

Los mencía de A Frieira se venden principalmente en Galicia, pero hay una partida de botellas que cada año se va Dinamarca porque un día llegó un importador danés que se enamoró del vino y de la zona. Supo ver el esfuerzo que hay detrás de cada botella. En A Frieira se hace todo de la forma más tradicional que uno se pueda imaginar.

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