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La agonía de las cámaras

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C OMO un dolor de cabeza envuelto en un sobre lacado, legislatura tras legislatura, en los despachos de San Caetano se aparcaba un proyecto siempre pendiente que tenía como protagonistas a las cámaras de comercio. A nueve, nada menos: Lugo, A Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra, Vigo, Vilagarcía, Ourense y Tui. Desde los años noventa, cuando comenzaron los primeros amagos legislativos y recursos judiciales firmes para dejar sin financiación estable y recurrente a las entidades camerales de toda España, el de estas instituciones ha sido un sinvivir, un penar, una eterna transición a la espera de un proyecto que giraba siempre en torno a una pregunta que nunca obtenía respuesta por parte de la Xunta: ¿son necesarias nueve cámaras de comercio en Galicia?

Eran los años noventa, y si entonces estaba justificada la pregunta, una crisis como la actual deja sin argumentos a cualquiera. A todo ello se une el trance en el que están inmersas entidades como la de Lugo, con dos dimisiones en bloque en menos de dos años y la Fiscalía de por medio, a la espera ahora de una gestora que nombre la propia Administración gallega, como sucede desde el pasado mes de febrero en Ferrol. En este sálvase quien pueda de las cámaras de comercio las preguntas siguen ahí: ¿puede una misma provincia contar hasta con cuatro cámaras, como sucede en Pontevedra? ¿Para cuándo las fusiones o, al menos, una redefinición seria del mapa cameral gallego, uno de los más nutridos de España?

Resulta ingenuo pensar que, ahora, con la crisis de Lugo, frente a la que no desmerecen en absoluto los conflictos de Pontevedra, Ferrol o Vilagarcía, se intente hincar el diente definitivimante a este problema. El motivo, el de siempre, que se agrava con unas elecciones municipales a la vuelta de la esquina. ¿Permitirá un alcalde quedarse sin cámara en plena campaña, por muchos problemas que arrastre la entidad o esté totalmente descabezada? En Galicia, si hablamos de localismos, no solo debemos quedarnos en la eterna trifulca aeroportuaria, e incluso en el sinsentido que tiene contar con hasta cinco autoridades portuarias de competencia estatal y que compiten entre ellas. El de las cámaras es un lío siempre latente, al que una ley del Gobierno central, de este mismo año, ha venido a poner la guinda en forma de fin de cuotas obligatorias (prácticamente la mitad de los recursos presupuestarios de una cámara), a pesar de la adscripción universal por parte de las empresas. Esa nueva ley también apela a la viabilidad de las entidades para garantizar su futuro, y fija un peculiar listón: debe existir, como mínimo, una cámara por provincia. El resto, terreno de juego que enfanga la crisis y sobre el que deben mojarse las comunidades autónomas, que tienen transferida la tutela efectiva sobre las cámaras de comercio.

A buen seguro la Xunta será la primera que no abrirá este melón del nuevo mapa cameral precisamente ahora, a meses de las municipales. Pero los responables de la Dirección Xeral de Comercio saben mejor que nadie que es la ley autonómica, por desarrollar, el mejor de los fórceps para resolver de una vez por todas este peculiar reino de taifas, quebrado y sin sentido.

Existen en Galicia cámaras saneadas (caso de A Coruña, que ha sido sustento estos meses de Lugo, y Vigo, por ejemplo), cuya tabla de salvación no ha sido otra que la masa crítica empresarial asentada en sus áreas de influencia. Desde las entidades hablan de la prestación de servicios a las empresas, de acompañar a las propias compañías en sus procesos de internacionalización y de unos cuantos lugares comunes más. Pero son las cuotas voluntarias, unidas a una fuerte reducción de gastos corrientes y de plantilla, lo que ha mantenido con vida a estas instituciones de derecho público, a medio camino actualmente de ninguna parte. Un ejemplo, las duplicidades que se generan con las propias patronales empresariales, que también reciben subvenciones y ayudas para fomentar la internacionalización de las empresas, sus clientes.

En Galicia tenemos nueve cámaras y un Consello Galego de Cámaras, de cometido espeso, cuya presidencia detenta José García Costas, más preocupado ahora por el futuro de Barreras, astillero que también preside, y los contratos de Pemex. Y tenemos un conselleiro, Francisco Conde, que con cierta voluntad se ha sentado con las propias entidades para fijar una hoja de ruta para nueva ley autonómica. Pero parece que no es suficiente. Si la Xunta alude a que no usa fondos públicos para avalar gestiones deficientes, solo le queda un camino, duro,la intervención directa de unas entidades convertidas en cámaras de los horrores.

Arias Cañete, Rusia y el papel de Reganosa

TODO conflicto bélico tiene derivadas imprevisibles, otras no tanto, pero cuando entra en juego la geopolítica, siempre hay puertas que se abren. Una de ellas es el gas. A cuento del conflicto entre Rusia, Ucrania y media Unión Europea, y los constantes castigos que Putin impone a sus clientes, España puede tener mucho que decir en la búsqueda de soluciones. La dependencia energética de Europa, y la posición de Ucrania como eje clave en el suministro desde Rusia, hacen que nuestra clase política comience a pensar a medio plazo. Bienvenidos planteamientos con recorrido, como hacer de España y sus nueve plantas de regasificación, incluida Mugardos, punto de entrada del gas a Europa, frente a la opción de Rusia. A todo ello se une el gasoducto entre Argelia y Almería, que cierra el sistema.

Todo esto lo conoce muy bien el nuevo comisario europeo de Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, y siempre que puede se lo recuerda el ministro del ramo, José Manuel Soria. A su juicio, «España tiene capacidad que podría ser suficiente para hacer llegar a Europa la mitad del gas que llega desde Rusia a través de Ucrania». Para que todo ello sea una realidad, España necesita incrementar sus interconexiones con Francia.

Y, en todo este escenario, Reganosa, que ha dado un paso de gigante en su actividad, que le lleva a convertirse de facto en el segundo operador en el mercado del transporte de gas natural, solo por detrás de Enagás. Reganosa ya no opera solo en el negocio de regasificación y almacenamiento de gas, sino que desde el año pasado es gestor de la red de transporte. Un paso pequeño, pero que puede tener su importancia a futuro.

JOSÉ MANUEL SORIA. La reforma eléctrica amenaza a grandes consumidores

ES el ministro de los disgustos. Al menos, para Galicia. José Manuel Soria ha puesto en guardia a media clase empresarial de este país, toda aquella que tiene algo que ver, de una forma u otra, con la energía.La reforma de nunca acabar llega ahora a los grandes consumidores de electricidad, con ilustres ejemplos en Galicia, como pueden ser Alcoa o Megasa. Y es que Soria se propone reformar en breve la retribución establecida en los sistemas de interrumpibilidad; para resumir, el dinero que perciben los grandes consumidores de energía a cambio de que detengan su actividad y se desconecten de la red eléctrica en momentos de exceso de demanda.De momento, todo son conjeturas, pero la reducción de los pagos conllevará un ajuste extra de cien millones de euros, que se vendrá a sumar a otras rebajas activadas este verano. No es de extrañar que en A Mariña vuelva la inquietud. Soria es ya su enemigo público número uno.

JOSÉ MANUEL REVUELTA.  Ni el convenio logra cerrar el presidente de Navantia

LO SUYO es tierra quemada. El presidente de Navantia no habla. En un gestor público tampoco eso quiere decir mucho. Tecnócratas que no se defienden ante los micrófonos tenemos a patadas. Pero es que tampoco parece actuar, lo que es más grave, y los pasos que da siempre acaban mal. Lejos de valorar el fin del veto a la construcción civil de Navantia, un asunto clave para el futuro de Ferrolterra, José Manuel Revuelta y su equipo se han empleado en cerrar el convenio colectivo del grupo público. Y lo han hecho en falso, con acuerdos parciales con miembros del comité, y los consiguientes recursos por parte de los trabajadores, sobre todo de Ferrol, ante el Ministerio de Trabajo. Cuatro años ha costado sacar adelante el convenio, que ahora parece diluirse como un azucarillo. Es que no da una Revuelta, y con todo lo que tiene Navantia por delante.

(Publicado en la edición impresa el 13 de septiembre de 2014)

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