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Jornada negra en violencia

Una pareja muere acuchillada en Valladolid. En Valencia otra mujer fallece delante de sus hijos menores de edad por un disparo de su compañero sentimental. Y otra mujer resulta herida en Bilbao en otra agresión machista. Dos de los autores de estos crímenes se suicidaron. Son las cifras de una jornada negra, de auténtico escándalo en una lacra incrustada en la sociedad. Es un mal grave -destroza vidas y se las lleva- que pide diagnóstico de sus raíces en toda la complejidad que puedan presentar para actuar con firmeza sobre las mismas. Es un mal que pide, como prioridad, protección para las víctimas antes de que la tragedia se produzca. El PSOE pedía ayer, con lógica, que los recortes no afecten a las medidas y acciones de protección a las víctimas y a la sensibilización frente a este mal. El repunte entre los jóvenes de comportamientos machistas es un argumento más para actuar en el campo de la educación. Los gestos desde la política son necesarios y útiles pero no son suficientes.

Alvia: transparencia
La tragedia del Alvia en Angrois pide posiciones de transparencia sobre las causas del accidente, sin que la instrucción judicial pueda servir como excusa para establecer una estrategia de silencio del Gobierno y de la empresa. La Red de Víctimas Españolas de Catástrofes (Reves), como la exdiputada del PP en la Asamblea de Madrid Teresa Gómez-Limón, formulan denuncias que piden respuestas en hechos. Unas declaraciones en favor de la transparencia de la gestión pública, que se formulan como respuesta a un amplio malestar que afloró con la crisis, implican más campos de acción que el de las sospechas por corrupciones económicas. Las víctimas del Alvia, como la salud y credibilidad del sistema, piden que no quede espacio para la duda.

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