Indecencias

La difusión de las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad que recogen el descarrilamiento del tren Alvia en Angrois es «indecente» y «produjo un daño incalculable», según el presidente de la comisión técnico-científica para el estudio de las mejoras en el sector ferroviario, Iñaki Barrón de Angoiti. Una valoración difícil de sostener en términos políticos y morales. Más que lecciones éticas, se espera que un ingeniero y experto en trenes y alta velocidad hable de las mejoras que no se aplicaron. Indecencia es que con la tecnología puntera de la alta velocidad se pretenda trasladar a la opinión pública que toda la responsabilidad es de un maquinista, como si de un guardagujas se tratase en tiempos de la máquina de vapor. Declaraciones así contribuyen a reafirmar las dudas de las víctimas y sus familias, de los usuarios y desde luego le hacen un pésimo servicio a los intereses comerciales del tren y la alta velocidad española en el mundo. Piden el silencio y ocultar los hechos bajo el pretexto de lecciones morales que se confunden con intereses comerciales. Las razones de tales afirmaciones las sintetiza así: 1) Un «daño incalculable a la imagen del ferrocarril y de España». Y 2) « A las doce horas esas imágenes estaban ya dando la vuelta en Japón y esa es una de las cosas que más me duele por respeto a las víctimas sin identificar. A mí me parece indecente». Indecencia debe ser, con 79 muertos, envolverse en la imagen de España, o de lo que sea, para relegar o tapar responsabilidades, chapuzas o prisas. ¿Son reales o inventadas esas imágenes? ¿Quién le falta al respeto a las víctimas: la difusión de la imagen de ese tren en la curva o los desencadenantes del descarrilamiento? La indecencia básica es que hayan muerto 79 personas. A la espera de lo que digan los tribunales, la indecencia será la cuestionada curva de Angrois y los sistemas de seguridad en ese Alvia. La democracia y la transparencia informativa están directamente relacionadas. Lo otro es China.

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