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Homenaje al prócer rojo de Burón, Enrique Fernández

Los vecinos descubrieron una placa con el nombre de Enrique Fernández, el hombre que soñó con devolver a su pueblo la capitalidad del municipio y financió diversos proyectos

"Antepoñía os intereses do pobo ao seu propio benestar", así definía este domingo Felipe Martínez, un vecino de A Pobra de Burón, la trayectoria de Enrique Fernández, un prócer rojo, simpatizante del comunismo, que soñó con devolver a su localidad natal la capitalidad del municipio, que perdió a favor de A Fonsagrada en 1839. No lo consiguió, pero su labor en su pueblo natal, del que emigró como muchos otros para volver décadas después, fue muy importante para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Burón y este domingo, poco después de su fallecimiento, se lo agradecieron descubriendo una placa con su nombre en la carretera que comunica la localidad con A Fonsagrada y que fue financiada por él mismo.

Al acto asistió su viuda, Ángeles Campos, y sus dos hijos Martín y Daniel Fernández Campos, además de la práctica totalidad del pueblo, que con su presencia quería agradecer todo lo que hizo Enríque Fernández cuando volvió a Burón en la década de los ochenta. A él le deben los vecinos que el camino que llevaba A Fonsagrada, y que Enrique recorría todos los días en los años cuarenta para ir a la escuela, se convirtiera en una carretera y después llegó la línea telefónica y las furgonetas de reparto de alimentos frescos, que antes no podían acceder a la localidad, lo que obligaba a los vecinos a trasladarse a A Fonsagrada para comprar cualquier producto. Incluso adquirió la torre de Burón, que se encuentra en ruinas, con el objetivo de restaurarla en algún momento y conseguir que recuperase el esplendor perdido hace siglos.

Su obsesión por Burón era tan grande que gastó una buena parte de lo ahorrado como guía turístico en Barcelona, puesto que logró por hablar varios idiomas, y estuvo al borde de la ruina en diversas ocasiones.

Prácticamente todos los vecinos de A Pobra de Burón acompañaron a la familia de Enrique Fernández en el homenaje

PLACA. La placa con el nombre del prócer rojo estaba cubierta por la bandera comunista y la gallega independentista, que fueron retiradas por sus hijos, en presencia de todos los vecinos y con la animación de gaitas y tambores.

Secundino Fernández, uno de los organizadores del homenaje, recordó la bonhomía de Enrique y su continua preocupación por el pueblo y sus habitantes, mientras que su hijo Daniel agradeció el reconocimiento y el cariño demostrado por los vecinos hacia su padre con este homenaje.

CALLEJERO. La placa con el nombre de Enrique Fernández completará un callejero, elaborado y financiado por el mismo, en el que las vías tienen nombres de líderes comunistas como Lenin o Mao Tse Tung, en placas iguales que las oficiales que fueron encargadas y pagadas directamente de su bolsillo.

Otra de las facetas de las que se ocupó varios años fue de la organización de las fiestas patronales, con unos carteles anunciadores que no tenían desperdicio. El mismo los diseñaba y, además de las orquestas reales, su imaginación le llevaba a incluir actuaciones de gran tirón como las de la Orquesta Sinfónica de Londres o una misa de Korsakov.

Él mismo se definía como un "filántropo, polifacético y mago de la luz", que no consiguió su objetivo de arrebatar la capitalidad del municipio a A Fonsagrada, aunque llegó hasta el Archivo de Simancas, en Valladolid, para reunir documentación que respaldase sus intenciones. Sin embargo, fue un auténtico prócer de Burón y sus vecinos quisieron este domingo agradecérselo y su nombre figurará para siempre en la principal vía de acceso a la localidad.

Homenaje al prócer rojo de Burón, Enrique Fernández
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