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Historias de los tiempos convulsos

Trabajos de la ARMH en Argomoso. AMA
Trabajos de la ARMH en Argomoso. AMA

la GUERRA Civil española dejó a su paso más que un reguero de víctimas, y la comarca de A Mariña no fue una excepción. La represión del régimen franquista removió los cimientos de una sociedad, que quedó dividida. Muchas personas vivieron atemorizadas y esos miedos aún persisten en el recuerdo. Sólo el paso del tiempo es capaz de restañar las heridas que incluso partieron familias al alejar a varios de sus componentes, pero también llegaron a enfrentar a otras, tanto en el seno interno como con otros vecinos.

Las denuncias de unos se cobraron la vida de otros, no sólo física, sino que también tuvieron consecuencias para los descendientes, quienes sufrieron importantes restricciones en sus quehaceres diarios. Los familiares de las víctimas se vieron privados de elementos básicos, mientras los del bando ganador disfrutaron de privilegios. Muchas personas aún no entienden hoy los motivos de una contienda, a todas luces ideológica, porque sus familiares no habían hecho nada.

El período que duró el enfrentamiento bélico (1936-1939) fue duro, pero también lo fue la posguerra, ya que acarreó una hambruna hasta entonces desconocida. Además, la persecución y la represión contra los republicanos continuó durante largos años. De hecho, en el concello de Viveiro funcionó una guerrilla que apresaba a los rebeldes hasta casi finales de la década de 1960. Las familias de los considerados perdedores se adaptaron lo mejor que pudieron a la nueva situación, aunque tuvieron que pasar muchas penalidades. Así lo recuerdan descendientes de algunos de los represaliados.

CÉSAR NAVAL PARAPAR (Nieto de un concejal del Partido Galleguista fusilado):
«Meu avó dicía que non fixera nada e negouse a esconderse»

El ex concejal vivariense por el Bloque Nacionalista Galego recuerda lo que le sucedió a su abuelo. «Meu avó era concelleiro polo Partido Galeguista, durante a República formaba parte dunha coalición de partidos chamada Frente Popular, que se creara para presentarse ás eleccións. Miña avoa contoume que cando veu a guerra, levárono para Lugo e fusilárono. Ela gardaba unha copia do consello de guerra que lle fixeron, onde o acusaron de sublevar ás masas traballadoras para poñelas ó servizo do imperialismo soviético, polo que o condenaron a morte. Iso foi en decembro de 1936. Entérrano en Lugo, supoño que nunha fosa común, e non se soubo máis».

Entonces, su abuela, que era cocinera, quedó sola al cargo de dos niñas pequeñas. «Ben deitou da familia para ir tirando. Cando se retirou, mercou unha radio por unha que lle estragaran os fascistas e uns prismáticos para mirar cara á Vieiro, onde o prenderan. Avísarono de que o ían deter para que escapara, pero dicía que non fixera nada e por iso non se escondía», explica el nieto. Naval recuerda también que su abuelo ofreció un mitin con Castelao en el teatro y que ese día fue el único que su abuela bajó a Viveiro.

Las fotos son la memoria con que cuentan muchos familiares para que esos hechos no queden en el olvido, dado que muchos jóvenes de hoy no saben nada de aquellos tiempos. César Naval conserva una, que le recuerda «a barbarie que había daquela». Además, indica que «meu pai non quería falar desas cousas», razón por la que el tema casi era tabú en casa durante su niñez.

LEONOR TIMIRAOS GÓMEZ (Hija de un carpintero fusilado y encarcelado en Lugo):
«Para mí era muy triste ver llorar a mi madre, y llorábamos con ella»

Su madre tenía 24 años cuando mataron a su marido. «A mi padre lo mataron sin haber hecho nada. Yo tenía 3 años y mi hermana Carmen, uno y medio. Lo fusilaron en abril, en la cárcel de Lugo, y a mi tío también. Él estuvo escondido en el monte. Un señor le dijo más o menos a mi madre donde estaba enterrado su cuerpo y lo trajeron para el cementerio. Mi madre nos contaba que a otro vecino lo mataron en el puente de O Barqueiro». Aparte de las fotos, ella atesora como oro en paño una llave de tuercas que empleaba su padre para trabajar, quien también tocaba el bombardino en la Banda Municipal de Música.

La vida resultó muy dura para esta viuda, María del Pilar Gómez Rodríguez. «La dejaron sin una peseta para darnos un poco de leche. Ella sabía coser algo. Algún vecino y una tía la ayudaban. Me decían: toma esto y lleváselo a tu mamá. Nos mandó siempre a la escuela y a la catequesis. Teníamos que hablar castellano. ¡Dios nos apartara de hablar gallego!, porque nos castigaban. Para mí era muy triste verla llorar y llorábamos con ella». Leonor Timiraos asegura que Felipe González fue «el único que les dio una pequeña paga, cuando los de Franco tenían derecho a todo y pagas para sus viudas».

La posguerra trajo consigo mucha hambre para esta familia. «Teníamos una barra de pan de 20 centímetros, que mi madre cortaba en trozos y nos lo repartía», rememora. María Gómez acudía al mercado de la Praza Maior de la ciudad del Landro. «Si le pedían cuatro pesetas, ofrecía dos, y a lo mejor traía algo para comer por tres. Entonces no teníamos nada, estábamos de alquiler. Nos cobraban tres duros por el piso, que no tenía agua ni servicio, sólo había un retrete de madera. Íbamos al monte a buscar maleza para depositar en las cuadras, que estaban abajo, adonde llegaban los excrementos», recuerda. Ahora, por fin, tienen un piso propio.

VICENTE INSUA OTERO (Su padre fue fusilado delante de su casa de Galdo):
«Levaban todo o que producías para o glorioso movemento nacional»

Su padre fue el último presidente de la Liga Agraria do Landro, de la que también fue secretario. Dedicó su vida al trabajo en el campo e incluso participó en la guerra, pero en los últimos años de la posguerra, en 1959, en plena dictadura franquista, pereció a manos de sus perseguidores cuando su hijo aún no había nacido. Él y su hermano huyeron al monte, donde formaron parte de la guerrilla antifraquista. En un registro imprevisto los localizaron en su casa y acabaron con su vida cuando sólo contaba con unos 40 años de edad. «Os que non marcharon ó exilio, a maioría morreron. Os que escaparon para Sudamérica foron os que mellor sorte correron. En México foi onde mellor trato recibiron, porque ós que fuxiran a Francia leváronos os nazis durante a Guerra Mundial e morreron nos campos de concentración», asegura.

Sus cuerpos fueron enterrados sin ninguna inscripción en el cementerio civil, que estaba pegado al actual y que el clero decidió clausurar. «Daquela obrigaron a telos, pero logo nos anos 60 o clero mediou para abolilos», explica. Él guarda fotos y el testamento, de puño y letra, que hizo mientras estaba en el monte y que llevaron a la notaría para pasarlo. El dueño de la casa que adquirió ahora también estuvo 18 años preso.

A Vicente Insua le contaron que la familia sobrevivió a duras penas mientras duraron aquellos largos años. Cada poco recibían palizas «para que dixeran onde se escondía» y les imponían multas, que acabaron por arruinarles.

Aunque asegura que la miseria no le afectó directamente, porque lo peor fue entre los años 1940 y 1950, sí recuerda que era una época de escasez. «Levaban todo o que producías para o glorioso movemento nacional e tiñas que apañarte para subsistir o resto do ano», comenta.

JOSÉ LUIS PÉRTEGA GARCÍA (Tiene a su abuelo enterrado en la parroquia vivariense de Valcarría):
«Miña nai recorda que o viñan buscar e clavaban a colmeira na corte para ver se estaba»

El riotortense José Luis Pértega tiene un abuelo enterrado en la parroquia vivariense de Valcarría. Sus restos fueron trasladados al cementerio, aunque el hombre falleció en el monte. Venancio Seoane, conocido como Pasos Largos, pertenecía al Partido Comunista, militancia por la que estuvo escapado hasta que en el año 1948 dieron con él en el monte. «Miña nai non o chegou a coñecer, pero recorda que viñan buscalo e clavaban a orquilla, tamén coñecida como colmeira, na corte para ver se se escondía debaixo da palla», explica.

El interés del joven por conocer lo sucedido entonces le llevó a hablar con un señor que vive junto a la iglesia, quien lo acompañó hasta el lugar donde se supone que ocurrieron los hechos que acabaron con la vida de su antepasado. José Luis Pértega acudió en primera instancia al registro civil para hurgar en ese pasado, del que casi no le comentaron nada en casa.

La mala suerte hizo que Venancio Seoane no lograse salvar su vida, pues «tiña sacado un billete para irse a Cuba, segundo me dixo miña nai», señala. El fusilamiento del abuelo, que figura en un libro escrito por un alemán, cambió incluso el apellido del que hoy es su nieto, dado que su madre fue registrada con los apellidos de la abuela.

Pocos testigos vivos quedan ya de aquella época llena de enfrentamientos y la mayoría de ellos son sobrinos o nietos de quienes sufrieron la represión por expresar sus ideas con libertad y tratar de defenderlas ante la dictadura imperante.

  • La ARHM sacó a la luz varias fosas con personas que fueron fusiladas en O Vicedo y Mondoñedo. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) excavó fosas comunes en varios municipios, como el mariñano de O Vicedo, tras obtener la autorización de varios familiares de represaliados, que quisieron conservar en otro lugar los restos de sus antepasados y rendirles el tributo que merecían.
  • Familiares y políticos colocan placas en recuerdo de las víctimas de la represión. Familiares de las víctimas y partidos políticos, entre los que destaca el BNG, colocan placas en recuerdo de los fallecidos a causa de la represión franquista. Sin embargo, algunos de estos símbolos son objetos de ataques por parte de personas que aún guardan resquemores de aquella época.

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