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Ha sido un placer

PARECE que fue ayer cuando acepté la amable invitación de El Progreso para participar en una sección de nueva creación llamada ‘Mira Lugo’, pero como todo en esta vida tiene un principio y un fin, hoy toca poner punto, no sé si final o aparte a esta columna.

La sensatez y la igualdad de armas hacen que, lo más ético, sea poner tierra de por medio para no abusar de una atalaya desde la que defenderme de los más que probables ataques de los adversarios en mi nuevo cometido.

Pero no quisiera irme sin hacer un par de consideraciones. La primera, de agradecimiento a El Progreso por haberme permitido expresar mis opiniones con total libertad. Agradecimiento que quiero personalizar en la subdirectora, a la que, me consta, he dado más de un disgusto.

La segunda, de agradecimiento a los lectores, tanto a aquellos que han compartido algunas de mis apreciaciones como a aquellos otros que divergen frontalmente de la mayoría de mis opiniones. Pocas cosas hay más enriquecedoras que un debate con alguien que sea capaz de hacerlo con argumentos que, aún opuestos a los que uno defiende, son pensados y
mesurados. De ahí que se lo agradezca sinceramente a todos aquellos que se tomaron la molestia de comentar mis opiniones en la edición digital de El Progreso.

A aquellos otros que emplearon su tiempo en dar patadas a la espinilla sin querer jugar el balón, simplemente decirles que han perdido el tiempo y bien que lo siento. Entender la vida como una trinchera de la que sólo hay que salir para disparar al supuesto enemigo no lleva a ningún sitio, pero allá cada uno.

Lo que he hecho en este tiempo, con mis muchas limitaciones, ha sido expresar mi opinión, no la del partido en el que milito, con claridad y sin complejos, porque pienso que militar en el PP no es un delito, aunque algunos lo pretendan. Porque pienso que dicha opción es tan legítima como cualquier otra y, porque creo firmemente que no existe superioridad
moral de ningún tipo de una ideología sobre otras.

Los simpatizantes e incluso los militantes del PP tenemos cierta tendencia a escondernos, a pedir perdón por existir, quizás abrumados por una especie de pecado original que la izquierda nos ha imputado. Contra eso me he rebelado y me rebelaré siempre, y si ello implica que caigan chuzos de punta pues ¡qué caigan!

Puede que, en algunos casos, me haya pasado de punto con la vehemencia, pero nunca he pretendido ofender a nadie, mi ánimo siempre ha sido ‘iocandi’, y si alguien se ha sentido ofendido le pido sinceras disculpas. Hasta siempre.

Ha sido un placer
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