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Otro gran ingeniero que nos deja: José Antonio Torroja Cavanillas

Se nos ha ido a la edad de 88 años

Lamentablemente recibimos la noticia del fallecimiento de don José Antonio Torroja Cavanillas el pasado 15 de julio. Resulta siempre muy triste tener que despedir al que fue maestro, compañero y amigo; y vienen a mí recuerdos de lo compartido juntos.

Era José Antonio Torroja una persona enormemente modesta y humana, dotada de un gran sentido del humor. Y como nunca presumía de ella, quiero dejar aquí en pequeño resumen de su extensa biografía.

Nació en Madrid en 1933. Hijo del también gran ingeniero Eduardo Torroja Miret y nieto del también gran matemático Eduardo Torroja y Caballé. Se graduó como Ingeniero de Caminos en 1957, por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. Cinco años después se doctoró en la misma escuela. Finalmente, ingresa como profesor y catedrático de Hormigón Armado y Pretensado. De 1973 a 1979 dirige la Escuela de Ingenieros de Caminos de Barcelona y entre 1981 y 1989, dirigió la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, que en el año 2003 lo nombraría Profesor Emérito. Es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Cataluña. Durante doce años, de 1988 al 2000, presidirá el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos.

Ya en 1960 comienza a trabajar en el estudio que fundara su padre y que hoy continúa con la denominación de Torroja Ingeniería. Siempre decía que su obra civil favorita era el Camino de Santiago, porque consideraba que la labor del Ingeniero de Caminos debía ser de un callado servicio a la sociedad.

Recibió en 2006 la Medalla de la Asociación de la Carretera, que reconoce a José Antonio Torroja como un referente y uno de los ingenieros españoles más importantes de la historia. En el año 2007 Recibiría el Premio Nacional de Ingeniería Civil.

José Antonio Torroja presidía la ‘Fundación Eduardo Torroja’ que lleva el nombre de su padre, y que tiene como fines el desarrollo de actividades relacionadas con la Arquitectura y la Ingeniería Civil.

Mi primer contacto con José Antonio Torroja fue como mi profesor de la asignatura de hormigón armado y pretensado, en la vieja escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, llamando mi atención su afabilidad y enorme humanidad, no exenta de la exigencia que como gran profesor mantenía. De ello recuerdo la anécdota de que, acompañando a un compañero que se le acercó para preguntarle si lo había aprobado, miró la lista y con un aspecto compungido le comunicó que había suspendido; y viendo mi compañero la triste cara de Torroja, le dijo: «No se preocupe, don José Antonio, que en la próxima me dará sobresaliente», lo que así ocurrió.

No volvería a tener contacto con él hasta que habiéndose producido las transferencias de carreteras a la Xunta de Galicia, y siendo yo responsable de ellas en la provincia de Lugo, el entonces conselleiro don Ángel Mario Carreño, determinado a emprender una importante mejora en las carreteras y salvar los tramos más dificultosos, decidió la realización de una variante que evitase el tortuoso tramo del viejo puente de Belesar, entre Escairón y Chantada; se le encargó a José Antonio Torroja la confección de un proyecto que, con un nuevo viaducto, mejorase y acortase dicho tramo. Pasado algún tiempo, y dado el estado en que se encontraba el Puente de Mourulle, solicité autorización para proceder a su pintado y conservación de las juntas de dilatación.

Para confeccionar el proyecto lo primero fue mirar en el archivo el proyecto del puente, encontrándome con que el autor era José Antonio Torroja, contando nuevamente con su colaboración, sobre todo por las juntas de dilatación. Posteriormente coincidí algunas veces con Torroja en su etapa de presidente del Colegio. Y dado que, según datos de Adolfo Abel Vilela, mi abuelo Nemesio Cobreros era compañero de promoción de su abuelo Eduardo Torroja Caballé, el famoso matemático, se lo comenté repetidas veces y le hice llegar la fotografía que tengo de tal promoción, pero él me decía siempre que desconocía que su abuelo hubiese sido también arquitecto.

Sería ya a partir de 1999 en Madrid, en que incorporado al entonces GIF, mantendría nuevos contactos con José Antonio Torroja. Recuerdo sobre todo que él y Juan Antonio Becerril me pidieron hacer una visita a las obras que yo llevaba, del túnel ferroviario de alta velocidad bajo la Sierra de Guadarrama; visita que terminó con un entrañable almuerzo en el que Torroja hizo gala de su buen sentido del humor, del que queda constancia de su conocida frase de: «Me he pasado la mitad de mi vida siendo hijo de mi padre y la otra siendo padre de mi hija», pues es el progenitor de la famosa cantante Ana Torroja.

Descansa en paz, querido maestro. Que siempre te recordaremos los que hemos tenido el honor de tu trato, y los que no lo han tenido, por tus obras te recordarán.

Otro gran ingeniero que nos deja: José Antonio Torroja Cavanillas
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