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Gonzalo Caballero, el rostro de la constancia

Gonzalo Caballero
Gonzalo Caballero
Consigue lo que ya intentó en 2009 y 2016: un nombre propio en el PSdeG ► Tras años encabezando la crítica interna contra los distintos aparatos, ahora cambiará de rol

A LA TERCERA fue la vencida. Gonzalo Caballero Míguez (Ponteareas, 1975) se convertirá en el nuevo secretario general del Partido Socialista de Galicia, de forma que después de más de 20 años de militancia este profesor de Economía Amplicada de la Universidade de Vigo dejará de ser el eterno "sobrino de" para hacerse con un hombre propio dentro del PSdeG. Llevaba tiempo intentándolo, pero en sus movimientos anteriores fracasó. Primero en 2009, todavía sin primarias instituidas, cuando Pachi Vázquez le cerró la puerta para relevar a Emilio Pérez Touriño. Y el año pasado, en su segundo asalto a la fama, las primarias para ser candidato a la Xunta, en las que no reunió los avales exigidos y apoyó a Leiceaga.

En medio de uno y otro proceso, Gonzalo Caballero, casado y con dos hijos, fue un militante de a pie que, pese a no ocupar cargos orgánicos ni institucionales, sí fue capaz de hacer ruido al meterse en casi todos los fregados internos del partido del puño y la rosa, que no fueron pocos. Fue uno de los rostros de la corriente En Positivo, que pedía cambios en el rumbo del socialismo en la convulsa transición entre Pachi y Besteiro; y durante años abanderó Alternativa Socialista de Vigo, el contrapeso interno a la baronía de su tío, Abel Caballero.

Esa capacidad para levantarse tras las derrotas y esa beligerancia interna para mejorar el partido son, precisamente, las dos características que lo definen como político; un 50% de constancia y un 50% de crítica que lo han llevado finalmente a lo más alto del partido en el que lleva militando más de media vida.

VOCACIÓN CLARA. Gonzalo Caballero empezó joven con el oficio, ya que en su Ponteareas natal aseguran que siendo poco más que un niño disfrutaba dando mítines que, confiesan, ya empezaban a escorar hacia la izquierda. Con su tío Abel como referencia política en el Gobierno central primero y en Galicia después, dio el gran paso en el año 2005, cuando accedió a su primer cargo: concejal en Vigo en sustitución de Ventura Pérez Mariño. Pero a medida que fue avanzando su carrera, también lo hicieron los problemas con su pariente, con el que se lleva mejor en lo personal que en lo político.

La victoria de Caballero no se entiende sin analizar las dos características que lo definen como político: la crítica y la constancia

Y es que con su espíritu crítico por bandera, Gonzalo Caballero no dejó de ser un dolor de muelas para el PSOE oficial de Vigo, su tío y su entorno en todo este tiempo, denunciando conflictos que llegaron a acabar en expedientes, el más sonado el de la acumulación de cargos de Carmela Silva, mano derecha de Abel, dentro del Partido Socialista. Que este domingo ganase en todas las grandes urbes excepto en la suya, Vigo, no es más que la muestra de que su tío, una vez, más, no movió medio dedo por él.

Pero ni siquiera el hecho de no tener el apoyo de la agrupación municipal más numerosa y poderosa del socialismo gallego apartó al economista vigués de su objetivo de cambiar las cosas desde dentro. Y para eso no hay mejor sitio que la dirección, de forma que antes del verano ya dejó clara su intención de intentar asaltar la Rúa do Pino con la mejor de las herramientas: los votos de los militantes.

LAS BASES. Los errores del pasado fueron su mejor maestro y por ello Caballero tomó buena nota de la campaña que aupó a su predecesor, Gómez Besteiro, al poder. Igual que el lucense, fue el primero en dar un paso al frente y se lanzó a hacer kilómetros por Galicia para visitar agrupaciones mientras sus rivales todavía deshojaban la margarita. Eso le valió dar un golpe de efecto sobre los votantes al recoger más avales que nadie y situarse ya desde el principio como favorito y rival a batir. Después, la alianza con Leiceaga ya resultaría definitiva y a partir de ahí el camino se allanó mucho para él.

Su discurso fue más o menos coherente desde el principio de su carrera: dar poder a las bases frente a los aparatos y construir un proyecto alrededor del que volver a reunificar un partido totalmente despedazado por años de luchas internas. Las palabras que más usó en esta campaña fueron "renovar" y "rexenerar" y este domingo prometió "traballar arreo" desde el primer momento para conseguir su objetivo. También es partidario, en su afán de estar cerca de los militantes, de devolver poder a las organizaciones comarcales frente a los todopoderosos aparatos provinciales que hoy balcanizaron el partido, uno de los retos que a priori se le presenta más complejo.

Esas son algunas de las claves que ofreció Gonzalo Caballero durante semanas para convencer a los más de 10.000 afiliados socialistas de que su opción es la mejor. Lo hizo con su oratoria habitual, correcta y clara, pero en ocasiones arriesgadamente lenta, como si midiese si cada palabra es correcta antes de pronunciarla. Y acompañó el verbo de su imagen, la de un militante joven —tiene 42 años—, sanchista, que representa a la perfección esa renovación que pregona a pesar de llevar más de dos décadas metido en la fontanería del PSdeG.

Eso sí; hasta este domingo Gonzalo Caballero se enfundó siempre la vestimenta de un militante socialista de a pie que libró batallas contra los aparatos y las baronías que siempre controlaron el partido y que a su juicio son la causa de muchos de sus males. Pero a partir de ahora tendrá que asumir que su nuevo rol es precisamente el contrario, el de secretario general; el de aparato.

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